15 de febrero 2020 - 5:02hs

No descubro la pólvora si digo que Brasil es un país violento. En lo que constituye una de las grandes paradojas de su transición, el fin de la dictadura vino acompañado de un aumento espectacular de la violencia criminal. Los homicidios se cuadruplicaron desde 1980 y llegaron a ser casi 60.000 en 2017. Esa cifra se explica en parte por el tamaño de su población, pero no por eso deja de ser impactante. Para hacernos una idea, en 2017 ocurrieron 160 asesinatos por día, lo que equivale a la caída diaria de un Boeing 737. Brasil no es el país con más homicidios de la región en términos relativos, pero en términos absolutos es el rey indiscutido a nivel mundial. De hecho, uno de cada siete homicidios en el mundo ocurre en el país vecino.

Y, sin embargo, en Brasil está sucediendo algo muy impresionante. Entre finales de 2017 y finales de 2019 se registró la mayor caída general de los homicidios de su historia. En 2018 cayeron un 13%, para luego caer un 19% adicional en 2019. En solo dos años, Brasil habría pasado de una tasa de 30,5 homicidios por cada 100 mil habitantes a una de 18,8, similar a la que tenía el país en 1994 (Figura 01).1  En términos absolutos, hablamos de 17 mil asesinatos menos. Desconozco si hay otro país en el mundo que haya registrado una reducción tan contundente en tan poco tiempo.

Elaboración propia a partir de datos de Brasil-MS/SVS/CGIAE (n.d.), Banco Mundial (n.d.), y G1 (n.d.).

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Por si fuera poco, la mejora en los índices de homicidios se da a nivel nacional, con descensos en todos los estados: desde Ceará, donde las muertes violentas se redujeron más de un 50%, a Mato Grosso del Sur, donde la reducción fue de 5,1%. Esta reducción no solo afecta a los homicidios, sino que es parte de una disminución generalizada del crimen y la violencia. Los datos sobre otros tipos de delitos no abarcan todo el año 2019, pero las reducciones parecen estar a la par. Por ejemplo, si se compara el primer semestre de 2018 con el primer semestre de 2019, los robos de autos, las muertes derivadas de rapiñas, y las violaciones, cayeron un 24, 27 y 12 porciento, respectivamente.2

Como han resaltado otros medios, la nota negativa de este proceso es el aumento de las muertes provocadas por la policía. Aquí llamó especialmente la atención el caso de Rio de Janeiro, donde el uso desmedido de la fuerza elevó esa cifra un 18%.3 El abuso policial, los asesinatos ilegales y la tortura de detenidos son problemas de larga data en Brasil, pero las denuncias parecen haberse intensificado en el último año. Sin embargo, los datos a nivel agregado sugieren que la situación de Rio de Janeiro tal vez sea excepcional: comparando nuevamente el primer semestre de 2018 con el primero de 2019, las muertes a manos de policías civiles y militares en todo el país pasaron de 2.766 a 2.886, lo que implica un aumento inferior al 4%. En contraposición, el número de policías asesinados en uno y otro período pasó de 187 a 85, un descenso equivalente al 55%.4

Las razones del descenso general del delito siguen siendo un misterio, pero los expertos brasileños manejan varias hipótesis para explicar las mejoras en varios estados. En primer lugar, se señala que 2017 fue extraordinariamente violento, por lo que era posible que el delito y la violencia tuviesen una caída pronunciada. En segundo lugar, hay quienes apuntan que la coordinación a nivel federal y estadual habría mejorado notablemente como resultado del Plan Nacional de Seguridad Pública elaborado por el gobierno de Michel Temer a principios de 2018. También hubo gobiernos estaduales que aumentaron la inversión en seguridad e inteligencia, a la vez que adoptaron prácticas modernas de gestión, investigación y patrullaje. Otros implementaron reformas carcelarias que lograron aislar a los líderes de organizaciones criminales y dificultar su comunicación con el exterior. Finalmente, todos los opinantes parecen concordar en que el descenso de los homicidios en las regiones del Norte y Nordeste se debió principalmente a una tregua entre las dos facciones criminales más importantes del país, con el fin de concentrar sus esfuerzos en la lucha contra las fuerzas de seguridad.

EFE

Sin duda, todas estas hipótesis son válidas y plausibles. Es decir, aportan piezas fundamentales para comprender un fenómeno multicausal que precisa tiempo para poder ser evaluado con precisión. No obstante, hay dos cuestiones que me llaman poderosamente la atención.

Por un lado –y como muchos de ellos reconocen–, estas explicaciones son tan plausibles, como parciales e insuficientes. Es decir, hay estados a los que no aplica ninguna de ellas, y hay fenómenos que no parecen tener explicación alguna. Por ejemplo, ¿por qué una tregua entre facciones criminales redundaría en disminuciones significativas de los robos de vehículos?

Por otro lado, a veces parece haber una intención muy evidente por parte de algunos académicos de descartar cualquier responsabilidad del actual gobierno federal. De hecho, son varias las notas que comienzan subrayando innecesariamente una total y absoluta disociación entre las acciones del gobierno de Jair Bolsonaro y la reducción general de la violencia y el crimen.

Ciertamente, las cifras de delitos comenzaron a bajar a finales de 2017, un año antes del cambio de mando. Cuando asumió el nuevo gobierno, los homicidios ya habían bajado un 13%, y los crímenes contra la propiedad un 14%.5  Sin embargo, no parece sensato dejar a Bolsonaro y su gobierno por fuera de la explicación. No solo porque el descenso se duplicó desde su llegada al poder, sino también porque la seguridad pública estaba en el centro de sus promesas de campaña y constituye el principal objetivo de su mandato.

Aquí se abren distintas posibilidades. La seguridad pública está en manos de los gobernadores principalmente, pero muchos de ellos asumieron como propias las disposiciones del nuevo presidente. Por un lado, reconocieron que debían priorizar la seguridad pública si querían ser reelectos, y adoptaron discursos y políticas de corte punitivo. Por otro, aprovecharon las facilidades brindadas por el gobierno federal al priorizar el combate al delito en todo el territorio. A su vez, y como ya se dijo, parece haberse dado un cambio de actitud en la delincuencia y en el crimen organizado, que habrían adoptado una actitud expectante frente a unas fuerzas de seguridad más decididas. Finalmente, es posible que haya más fuerzas de seguridad combatiendo el crimen usando medios extralegales, como pueden ser las ejecuciones o la tortura. De ser así, el milagro de estos últimos dos años se vería fuertemente ensombrecido. 

Más allá de conjeturas, es probable que todas estas hipótesis estén actuando en conjunto. El crimen es un fenómeno complejo y dinámico, razón por la cual no siempre es posible vincular sus oscilaciones a políticas o programas concretos. Tal vez sea necesario que pasen unos años para descubrir qué está ocurriendo, tal vez nunca lo sepamos con certeza. Lo que sí es seguro, es que se trata de una de las mejores noticias que han tenido los brasileños en mucho tiempo. También, que estamos ante un fenómeno fascinante que debe ser estudiado con objetividad, algo nada fácil cuando no se abandonan por un rato las trincheras políticas.

Una confesión para terminar. En la primera columna que escribí para este medio analicé una de las principales promesas de campaña de Bolsonaro –la liberalización de la venta de armas– y concluí que era difícil ser optimista en cuanto al futuro próximo de Brasil. Aunque sigo pensando que esa es una política desacertada, por ahora los datos parecen demostrar que estaba completamente equivocado.

Me quedan tres deseos: que el descenso de la criminalidad en Brasil no se detenga, que en Uruguay el nuevo gobierno también pueda encontrarle la vuelta al delito, y que, dado el caso, quienes lo estudiamos tengamos la madurez y honestidad intelectual para reconocerlo. 

Diego Sanjurjo es doctor en Ciencia Política, especialista en políticas de seguridad y armas. Investigador Postdoctoral en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR.

[email protected]

G1. n.d. “Monitor da Violência.” https://especiais.g1.globo.com/monitor-da-violencia/2018/mortes-violentas-no-brasil/. Consultado el 14 de febrero, 2020.

Banco Mundial. n.d. “Datos de libre acceso del Banco Mundial.” https://datos.bancomundial.org/. Consultado el 12 de febrero, 2020.

Brasil-MS/SVS/CGIAE. n.d. “Redução de Homicídios No Brasil.” Ministério da Saúde (MS) e Secretaria de Vigilância em Saúde (SVS).

2DW. 2019. “Bolsonaro celebra fuerte caída de los índices de criminalidad en Brasil.” 15 de septiembre, 2019. https://www.dw.com/es/bolsonaro-celebra-fuerte-caída-de-los-índices-de-criminalidad-en-brasil/a-50831970. Consultado el 12 de febrero, 2020.

3La diaria. 2020. “Las muertes causadas por policías en Río de Janeiro aumentaron 18%”. 21 de enero, 2020. https://ladiaria.com.uy/articulo/2020/1/las-muertes-causadas-por-policias-en-rio-de-janeiro-aumentaron-18. Consultado el 12 de febrero, 2020.

4G1. 2019. “Monitor da Violência: assassinatos caem em 2019, mas letalidade policial aumenta; nº de presos provisórios volta a crescer.”. 16 de diciembre, 2019. https://g1.globo.com/retrospectiva/2019/noticia/2019/12/16/monitor-da-violencia-assassinatos-caem-em-2019-mas-letalidade-policial-aumenta-no-de-presos-provisorios-volta-a-crescer.ghtml. Consultado el 12 de febrero, 2020.

5Forum Brasileiro de Segurança Pública. 2018. “Anuário Brasileiro de Segurança Pública 2019.” Sao Paulo: Fórum Brasileiro de Segurança Pública.

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