10 de septiembre de 2017 5:00 hs
La historia me la contó un veterano fotógrafo mexicano a principios de la década de 1990, al poco tiempo de haberse jubilado. Durante muchos años había trabajado para una revista mexicana dedicada a crímenes y muertes violentas, la cual con base en la insistencia y toma de riesgos creó un particular estilo de reportar noticias policiales, gran cantidad de las cuales las daba en forma de primicia.

La publicación se caracterizaba por poner en portada fotos escabrosas acompañadas por titulares cortos y llamativos, muchos de los cuales generaban escándalos con pocas palabras.

Al fotógrafo referido un día le encomendaron que fuera a cubrir el accidente de un ómnibus que se había despeñado en un barranco. Al llegar al lugar del hecho la policía le dijo que no había muertos, solo heridos leves. Para la revista no era una buena noticia.

El vehículo accidentado tampoco daba para mucho, pues no estaba tan destrozado como habían supuesto, es decir, no era material visual atractivo como para ir en la tapa.

De la redacción le dijeron que no regresara con las manos vacías, alguien a modo casi de orden le sugirió que después que la policía se marchara, prendiera fuego el vehículo vacío. Con la imagen de este en llamas podrían construir una buena historia y decir: "Choca y se incendia ómnibus lleno de gente, de milagro todos se salvan". Como en tantas otras ocasiones anteriores, la foto volvió a ser la gran protagonista de la noticia. Ella era la única verdad de lo ocurrido.

Con la aparición de teléfonos celulares que tienen incorporados una cámara fotográfica, el mundo se llenó, para bien o para mal, de fotorreporteros. Cualquiera puede convertirse en ojo avizor que informa de un hecho en el instante mismo en que está ocurriendo.

Desde que el uso de este dispositivo tecnológico ganó popularidad, todo el mundo se siente fotógrafo y capacitado como para extraer de la realidad una imagen con la suficiente fuerza gráfica como para relatar una historia, que bien puede ser la verdad de lo ocurrido. No solo proliferan autorretratistas, que en cualquier espacio, exterior o interior encuentran alguna razón para sacarse una selfi, sino también aquellos que creen convencidos que la tecnología los autoriza a convertir al mundo en un banco de datos, y andan por lo tanto a la caza de la imagen perfecta y menos esperada. O bien una imagen que les cambie la vida, pues más de uno ha embolsado una buena cantidad de dinero vendiendo fotos con valor periodístico, las cuales después aparecen reproducidas en infinidad de medios informativos internacionales, aunque no aparezca el nombre del "fotógrafo", sino solo el de la agencia que la compró y la distribuye.

Dadas las circunstancias, favorecidas en el presente por la intermediación de la tecnología (que abarató costos pero disminuyó los niveles de exigencia estética), cuando un hecho de magnitud ocurre aparecen infinidad de fotografías relativas a este. Todos se sienten dueños de la primicia.

Sin embargo, la exigencia editorial a la hora de elegir las mejores fotos nunca se equivoca. La enorme diferencia entre un fotógrafo amateur y uno profesional al servicio de un medio informativo impide, afortunadamente, hablar de una democratización del difícil arte de la fotografía periodística.

Las mejores fotos, las históricas, las que saben contener y contar una historia con sus propias emociones, las que crean un retrato perfecto de un instante salvado del olvido, son siempre las de fotoperiodistas que dependen de su entrenamiento, de su capacidad y de su experiencia para captar el instante mismo en que un suceso cualquiera consigue su posteridad en el instante de un clic.

Los grandes desastres naturales originan espacios visuales propicios, diría más, ideales, para sacar de ellos imágenes extraordinarias que ningún fotomontaje es capaz de emular.

No en vano, la llegada del huracán Harvey a una amplia y muy poblada área de Texas sirvió para convocar a varios de los mejores fotógrafos de diarios y revistas del mundo, quienes arriesgaron sus vidas en busca de la imagen que sobrevivirá a los hechos una vez que las aguas de la inundación bajen; en síntesis, en busca de imágenes definitivas sin la cuales la historia de lo acontecido no sería la misma ni podría contarse con veracidad.

Entre los fotógrafos presentes estaba Louis DeLuca, veterano profesional del diario The Dallas Morning News, quien en la mañana del domingo 27 de agosto, cuando los vientos en Houston eran huracanados y la lluvia torrencial, cargando su cámara y tres zooms telefoto de 200 a 400 milímetros, se metió en la intersección de las carreteras 59 y la 610 Sur para observar la catástrofe en desarrollo y tratar de fotografiar momentos claves.

Cuando iba a sacar la primera foto se dio cuenta de que debido a la humedad dos de los zooms habían quedado inutilizados.

Sabiendo que el agua podría llevárselo en cualquier momento, DeLuca estuvo durante cinco horas recorriendo la zona, hasta captar la que seguramente se convertirá en la foto de su vida, la que captó el momento cuando un oficial del grupo SWAT de la policía de Houston carga a Catherine Pham y a su hijo Aidan, de 13 meses.

La imagen dio la vuelta al mundo, fue portada del lunes 28 del Dallas Morning News (acompañada del titular a ocho columnas Devastating deluge, "devastador diluvio"), le permitió a DeLuca pasar del casi anonimato a la estelaridad, al menos por unos días, y convirtió a la foto en la gran favorita para ganar el premio Pulitzer.

"Una imagen vale más que mil palabras", dice la expresión popular. Durante y después del huracán Harvey se sacaron miles de fotografías. La de Louis DeLuca contiene una historia que ni un millón de palabras podrían haber contado tan bien, con tan sobrio y contundente dramatismo.

Un hombre blanco y rubio carga a una mujer vietnamita, quien a su vez lleva en brazos a su pequeño hijo, dormido y ajeno a la catástrofe natural que dejó a su familia en la ruina total.

En un momento de la historia estadounidense, en el cual grupos ultraderechistas de orientación nazi tratan de dividir al país al que tanta sangre le costó hacer prevalecer la tolerancia y la aceptación del otro tal como es, la foto es un poderoso alegato que no pasó inadvertido.

Documenta lo mejor de la condición humana, y a la vez destaca que ni siquiera fuerzas adversas de la naturaleza podrán debilitar el crisol racial sobre el cual se han construido la solidaridad y grandeza espiritual de una nación.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos