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La Gran Guerra desde acá

A 100 años del inicio de la Primera Guerra Mundial, El Observador rastreó las historias de dos soldados que conectaron a Uruguay con hechos importantes de la confrontación desde ambas trincheras

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04 de julio de 2014 a las 18:58

El 1914 es un año marcado para siempre con sangre en el almanaque de la historia del mundo. Un mundo de progreso que parecía ilimitado se quebró y por el enorme agujero negro producido se fueron millones de vidas, durante ese año y los cuatro siguientes en los cinco continentes. La Gran Guerra sacudió la conciencia de la humanidad y generó las heridas para que dos décadas después el globo volviera a conmoverse con otra guerra igual de atroz.

Por estos días se cumplen 100 años del inicio de aquel conflicto bélico, que se precipitó con el asesinato del archiduque Franz Ferdinand de Austria en la ciudad de Sarajevo. Eso sucedió el 28 de junio de 1914.

Uruguay y los uruguayos no estuvieron ajenos a la confrontación. Tanto desde el punto de vista económico como social y personal, muchos hombres que vivían en esta zona del mundo, descendientes de algunos de los países decidieron involucrarse en la contienda.

Desde el ángulo económico, Uruguay le vendió alimentos a los contendores, y sufrió los naufragios de tres sus cargueros, a manos de los submarinos alemanes en el Atlántico, y si bien realizó protestas formales por estas acciones se mantuvo toda la guerra neutral.

Pero esto es lo macro. Vayamos a las historias personales. El Observador rastreó entre muchas anécdotas de hombres que fueron a pelear en esos años violentos y se encontró con dos derroteros particulares.

Se trata de dos hombres que nacieron el mismo año y que murieron con poca diferencia temporal. El destino los unió al Uruguay, aunque sirvieron en ejércitos enemigos durante la Gran Guerra que cumple un siglo de su inicio en unos días.

Entre Ríos y Nuremberg

Francis Gorham Jackson nació en 1878 en el campo que sus padres ingleses habían adquirido cerca de una vía de ferrocarril. Sus padres, Sir Keith Jackson y Alice Lady Jackson se habían instalado el año anterior en una estancia lindera a una línea ferroviaria, y esa cercanía de la cuna con el hierro de las vías se prolongó durante toda la vida de Francis Jackson.

Ese mismo 1878 pero muy lejos de allí, en la ciudad alemana (bávara) de Nuremberg, nacía Karl Trambauer.

De joven, Karl recibió educación en Munich, donde estudió como arquitecto del instituto politécnico, mientras que Francis viajó a Inglaterra a recibir educación en el colegio de Tonbridge, junto a su hermano.

Allí, Francis se destacó como gran deportista, recibiendo trofeos en competencias de remo, carreras de resistencia y velocidad, y golf.

En 1897 regresó a Uruguay con el título de ingeniero. Como hobby típicamente inglés, Francis practicaba el fútbol. Por motivos obvios, se vinculó al CURCC inglés y fue capitán del equipo cuando este obtuvo sus primeras copas, en 1901 y 1902.

Mientras tanto, trabajaba como ingeniero en la empresa ferrocarrilera inglesa y residía en las hermosas casas de los emlpleados, en el barrio de Peñarol.

Entre otras grandes obras, Jackson participó en la supervisión de la línea férrea a Melo y diseñó el puente sobre el río Olimar.

Por esos años, hacia 1906 llegó a Montevideo Karl Trambauer. Su llegada estuvo condicionada por las ideas de dos hombres: José Batlle y Ordóñez y Eduardo Acevedo.

Batlle, entonces en su primera presidencia, decretó la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Y Acevedo formó esa facultad con varios profesores alemanes que eran eminencias en la materia.

Entre ellos estaba un tal doctor Backhaus, un ingeniero berlinés que trabajaba en Montevideo. Llamó y convocó a Karl, quien había llegado unos años antes a Argentina, donde había trabajado en varios edificios de Buenos Aires y en Córdoba, donde proyectó un “asilo para alienados”, un manicomio.

A partir de 1908 Karl comenzó a dar clases en Agronomía sobre técnicas de construcción de vivienda rural, un tema que le preocupaba porque en los años siguientes publicaría muchos artículos sobre eso.

Trambauer tenía un pensamiento humanista que se traduce en su máxima: “Solo en habitaciones salubres, limpias y bonitas resultarán individuos sanos, contentos y laboriosos, y lo que es más, un pueblo sano”, según escribió.

En 1909, Trambauer recibió el encargo de construir la primera iglesia luterana de Montevideo, que todavía se mantiene en pie en la esquina de Blanes y Durazno.

Francis, por su parte, se casó con la uruguaya Ana María Biscard y en 1910 ambos fueron padres de su hijo Robert.

Ese año, Karl contrajo matrimonio con Carolina Behrens, uruguaya de origen alemán, en la misma iglesia luterana proyectada por él mismo. Poco tiempo después nacen en Montevideo sus dos primeros hijos.

Es posible que moviéndose en ámbitos paralelos, en algún momento Francis Jackson y Karl Trambauer se cruzaran o se conocieran.

En 1912, manteniendo el contacto con la colectividad germana, Karl diseñó la escuela alemana de la calle Soriano.

Esta enorme actividad profesional y docente se cortará en 1913, cuando Karl enferme de tifus y viaje a Alemania para realizar una mejor recuperación. Pero al año siguiente, la guerra lo tomará ya sano y Alemania requerirá de sus servicios contra su voluntad, ya que era un convencido pacifista.

Por su lado, Francis, argentino de nacimiento, uruguayo por adopción pero inglés en el corazón se alistará en los ejércitos de Su Majestad británica y partirá a la guerra en 1916.

En Polonia y Palestina

En octubre de 1914, el ejército del káiser nombra a Karl Trambauer como director de las obras de fortificación de la ciudad polaca de Pozen (actual Poznán), entonces en manos de los alemanes, bajo las órdenes del mayor Otto Adolph von Denitz.

Ese era el llamado frente oriental, donde germanos y austro-húngaros combatían por igual a los rusos. Con Denitz y el mayor Riedel, Karl trabajó en las trincheras hasta mediados de 1915.

Del otro lado, en 1916 el ejército inglés destinó a Francis a Egipto, donde el general planificaba su campaña de Palestina contra los turcos otomanos.

Bajo las órdenes del general Edmund Allenby y también junto a la colaboración del coronel Thomas Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, que arengó a muchas tribus árabes, Francis avanza por Gaza y participa en la toma de toma de Jerusalén a comienzos de diciembre de 1917.

El regreso a Uruguay

Al término de la guerra, tanto Francis como Karl regresan a Uruguay, en diferentes circunstancias vitales. La guerra había pasado por sus destinos y había dejado huellas.

Francis se había divorciado y en su estancia en Egipto se comprometió con la inglesa Dorothy Willis.

Regresaron a Uruguay en 1920 y se casaron aquí. Vivieron algunos años en Montevideo y luego se mudaron al campo, en la zona de Arroyo Grande. En esa estancia falleció Francis a los 63 años de edad en 1942.

Por su parte, Karl también regresó en algún momento antes de 1920, porque ese año inició las reformas de la casa del Prado ubicada en la avenida Suárez esquina Reyes, adquirida por la familia alemana Quincke, que luego sería, hasta hoy, la residencia presidencial.

Una década después, en el marco de los festejos por el centenario de la jura de la Constitución, la comunidad alemana en Montevideo le donó a la ciudad el llamado Pabellón de la Música junto al lago del Parque Rodó. El diseño le correspondió a Karl Trambauer. En cada uno de sus cuatro lados tiene la esfinges de cuatro grandes músicos alemanes: Beethoven, Brahms, Wagner y (el nacido en Austria) Mozart. En su flamante inauguración la banda municipal ejecutó una obra de cada uno de estos nombres grandes de la música. Trambauer falleció en Montevideo en 1941.

Estos dos hombres que contribuyeron de forma tan productiva para el Uruguay murieron a principios de la década de 1940 en medio de otra confrontación tan mundial y violenta como la que ellos vivieron entre 1914 y 1918. La edad y las circunstancias de esta nueva guerra hicieron que ninguno de los dos participara.

Ninguno de los dos nació en el Uruguay pero ambos vivieron y dejaron los mejores años de sus vidas en este país.

Y ambos dejaron ampia descendencia en Montevideo. Por una nueva guiñada del destino, algunos de los descendientes uruguayos de ambos hombres hoy son vecinos del barrio de Carrasco.

Pasó un siglo del inicio de la llamada Gran Guerra, que movió a millones de personas alrededor del globo al ritmo de su destrucción. Esas olas llegaron hasta esta orilla del Plata.

Cien años después estas son solo dos anécdotas vitales que se salvaron del olvido en que quedaron muchas otras. La historia mueve a los hombres y estos mueven la historia. Esta es solo una piedrita del mosaico de aquel enorme mural.

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