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La guerra comercial entre Estados Unidos y China

Las dos potencia mundiales están confiadas para ganar

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05 de octubre de 2018 a las 05:01

Desde hace tres meses Estados Unidos y China están enfrentados en una guerra comercial. El conflicto se inició cuando EEUU impuso un arancel del 25% sobre un monto de US$ 50.000 millones de importaciones provenientes de China, que fue replicado por China con el mismo arancel sobre igual monto de importaciones provenientes de EEUU. Hace veinte días, el Presidente Trump amplificó el conflicto cuando impuso un arancel del 10% sobre otros US$ 200.000 millones de importaciones provenientes de China, que aumentará al 25% a partir del inicio del año próximo. En respuesta, China aplicó aranceles de entre 5% y 10% sobre US$ 60.000 millones de importaciones provenientes de EEUU.

Además de abarcar a un monto superior de importaciones, el arancel decidido por Trump en esta ocasión afecta a una mayor variedad de bienes que los que fueron gravados anteriormente. Mientras que aquel se concentró principalmente en bienes industriales, en esta ocasión afecta a una amplia variedad de insumos para la industria y otros bienes de uso final. Como resultado, ahora están gravadas más de la mitad de las exportaciones de China a EEUU y 85% de las exportaciones americanas a China. Es pues una guerra comercial con todas las letras, de una escala sin precedentes desde la crisis mundial de 1930. Ello sin considerar que Trump ya anunció que ante esta última represalia china, podría decidir nuevos aranceles sobre el resto de US$ 267.000 millones que completan el total de las importaciones provenientes de China. 

Por ahora, todo eventual intento de negociación entre las partes está congelado hasta después de las elecciones parlamentarias americanas del próximo mes de noviembre. Los dos países creen que tienen buenas posibilidades de ganar la guerra. 

Estados Unidos considera que la economía china es vulnerable a la presión comercial, porque sus ventas al mercado americano fueron una parte sustancial del crecimiento de su economía. Por ello espera forzar a China a comprar más bienes americanos y a cesar en sus prácticas comerciales desleales, así como en la apropiación indebida de su propiedad intelectual. Además, la guerra comercial sirve para que, hacia delante, las empresas americanas se proyecten menos dependientes del abastecimiento chino e inviertan en su propio país.  

Los chinos creen que su sistema político autoritario está mejor preparado que el americano para resistir las presiones sectoriales y el descontento de los exportadores y los consumidores. A vía de ejemplo, Pekín ya tomó nota que el gobierno americano ha prometido auxiliar a los agricultores que plantan soja y ya no pueden exportar a China. Debido al superávit comercial a su favor, China no puede responder a los aranceles de Trump gravando al mismo monto de importaciones que EEUU. Pero podría muy bien acudir a un hostigamiento regulatorio a las empresas americanas que operan en China, tanto en sus actividades corrientes como en sus intentos de compra o fusión con otras empresas. En los últimos meses ya ha habido algunos casos en los que esta interferencia oficial se ha aplicado con intencionalidad política.   

Los chinos creen que su sistema político autoritario está mejor preparado que el americano para resistir las presiones sectoriales y el descontento de los exportadores y los consumidores.

Hay otros instrumentos disponibles. Uno de ellos sería la manipulación del yuan para favorecer una devaluación compensatoria del efecto de los aranceles americanos. También podría ser revisada la compra de valores públicos americanos para complicar el financiamiento de su déficit fiscal, aunque ello podría provocar la baja de su cotización y afectar a sus reservas en moneda extranjera.  

En el plano militar, China parece estar aflojando las sanciones sobre Corea del Norte, que han sido muy importantes para el interés de Washington de desmontar su amenaza nuclear. En los últimos días también han aflorado algunos desencuentros entre ambas partes sobre compra de armas y  movimientos navales.  

En lo inmediato, la guerra comercial entre EEUU y China no tendrá un efecto de importancia sobre el crecimiento mundial. Aun si EEUU terminase por gravar a todas las importaciones provenientes de China, solo estará afectado 5% de las importaciones mundiales. Por cierto, habrá adaptaciones inevitables y costosas en los desvíos de comercio que impone la nueva realidad. Pero para la mayoría de los países, el comercio con los vecinos es la parte más importante del total, como lo demuestra su concentración al interior de América del Norte, la Unión Europea y Asia Oriental. Con una visión de más largo plazo, el verdadero peligro de esta guerra comercial en curso es que se está desarrollando en el medio de una retórica proteccionista que podría terminar afectando a la relación entre los otros protagonistas de primer orden en el comercio mundial. Trump ya impuso en forma unilateral aranceles a la importación de acero y aluminio, forzó una renegociación del acuerdo comercial con México y Canadá, tiene aún en revisión a la relación comercial con la Unión Europea y Japón y no cesa de agitar la posibilidad de un impuesto a la importación de vehículos por razones de “seguridad nacional”. 

En lo inmediato, la guerra comercial entre EEUU y China no tendrá un efecto de importancia sobre el crecimiento mundial. Aun si EEUU terminase por gravar a todas las importaciones provenientes de China, solo estará afectado 5% de las importaciones mundiales.

De aquí la corrección a la baja del Fondo Monetario Internacional sobre su proyección de crecimiento mundial para los próximos meses. 

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