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Las armas contra el coronavirus

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15 de marzo de 2020 a las 05:00

Este viernes se confirmaron los primeros cuatro casos de coronavirus en Uruguay. Estaba amagando llegar y finalmente ocurrió lo inevitable. No había manera de impedir el ingreso del virus al país. Es un fenómeno global, una verdadera pandemia. Lo que sí puede y debe hacerse –y ojalá ya se haya hecho porque hemos tenido tiempo de observar lo que ocurre en el mundo desde que el virus surgió en China a fines de diciembre– son todos los preparativos para enfrentar las consecuencias sanitarias y económicas de este virus. Sin histerias pero sin demoras.

El pasado jueves, el Ministerio de Salud Pública (MSP) decidió suspender el festival Montevideo Rock que iba a tener lugar este sábado. También se decidió que los espectáculos deportivos, especialmente el fútbol, se jueguen sin público en las tribunas. Lo del deporte es una tendencia mundial por la alta congregación de gente. Esta fue la semana en que virus se expandió a más países y la OMS lo declaró pandemia, situando ahora a Europa como el epicentro de la pandemia. China esta mejorando

Lo que sí se sabe es que no en todos los países se propaga de la misma manera y con la misma velocidad y que la tasa de mortalidad varía drásticamente de un país  a otro, siendo Italia el país que por ahora va al frente de la triste estadística, incluso por encima de China donde la epidemia comienza a disminuir, luego de las draconianas medidas adoptadas por el gobierno, poniendo en cuarentena a más de 40 millones de personas.

Pero de todos los países alcanzados por el virus sobresalen por su eficacia de contención al menos tres: Corea del Sur, Hong Kong y Singapur. Corea del Sur fue el cuarto país más afectado con 7.755 casos pero la mortalidad fue de solo 60 personas. Italia tiene 15 mil contagiados y los fallecidos superan los 1.000. Corea optó por realizar muchos tests, informar al público masivamente y hacerlo participar de la campaña contra el virus. Incluso desarrolló una aplicación para el celular de modo que pudo hacer un seguimiento de posibles infectados, evitar que contagiaran a otros e incluso enviarles consejos sobre su evolución y recomendaciones sobre su comportamiento. Otro hecho significativo es que Corea del Sur nunca cerró totalmente su frontera con China.

Pero el premio mayor parece que se lo llevan, por el momento, Singapur y Hong Kong. En esos países, gracias al medidas tempranas de detección y de reducción de contactos han logrado mantenerse en un total de 200 casos en cada país. Se tomaron el asunto en serio. No así en Italia y menos en Irán. En ese país, ante denuncias de un diputado de Qom, sobre un número de muertes mayor al admitido oficialmente, el subsecretario de Salud salió en televisión negando la importancia del asunto pero se lo notaba sudoroso y agitado. Al día siguiente fue diagnosticado él mismo con coronavirus.

Honestidad es, pues, la primer arma para la batalla contra la epidemia o pandemia. Mentir, o hacerse el descuidado, o no tomar medidas por el temor al ridículo, es lo peor que puede hacer un gobierno. El jueves el periódico The Guardian informaba que imágenes satelitales mostraban fosas comunes en los alrededores de la ciudad de Qom. La misma ciudad a la que pertenecía el diputado iraní que afirmaba que las muertes eran mayores a las oficiales. Ahora parece confirmarse su denuncia.

Inteligencia para responder es la segunda arma. El testeo masivo, como se demostró en Corea y Singapur fue clave para contener el virus. Fue lo que permitió tener una idea clara de la gravedad del problema. Y, aunque parezca inverosímil, en Estados Unidos hasta principios de esta semana, se había testeado menos gente que en Vietnam. Fue un fracaso grande y lo reconoció ante el Congreso Anthony Fauci, el prestigioso director  del Instituto Nacional del Alergias y otras Enfermedades Infecciosas.

De ahí que la honestidad y la inteligencia para actuar sean armas fundamentales en la lucha contra esta pandemia. También lo es la capacidad de liderar, de transmitir serenidad en la incertidumbre. Eso fue lo que hizo Sir Winston Churchill en la Segunda Guerra Mundial cuando Europa e Inglaterra estaban en su hora más oscura.

Y liderazgo y acción conjunta es lo que está faltando a nivel mundial. Trump ha aislado a los Estados Unidos, ha cortado o debilitado los lazos con Europa, ha desatado desconfianza con China. Hoy, en esta emergencia, no es el momento de cobrarse cuentas personales pendientes. Incluso no se pueden cobrar cuentas nacionales. La decisión de Trump de cancelar los vuelos con Europa continental generó más problemas que beneficios. No es “America First”. Es el “World First”, porque el virus no reconoce fronteras de ningún tipo.

Es hora de tener líderes que miren el momento con honestidad, inteligencia y grandeza. Es hora de actuar en conjunto como se actuó ante la crisis financiera de 2008. Es la hora en la que se muestran los verdaderos estadistas, en el resto del mundo y aquí en Uruguay.  

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