El comportamiento en la vida cotidiana > El comportamiento

Las normas del saber estar

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23 de octubre de 2020 a las 05:00

La familia es la base de toda sociedad organizada y en ella se forjan las personas para poder desempeñarse en la vida cotidiana. Es preciso revalorizar todo y afirmar que la buena educación, las normas del comportamiento social se encuentran en su base misma. Por eso, cuando el protocolo de presentación de cartas credenciales de un país señala que a la vista del Jefe del Estado, el nuevo embajador hará una leve inclinación de cabeza, nuestra disciplina no pude acudir a decir qué es y cómo se realiza el gesto externo. Esa manifestación, al igual que una reverencia, deberían estar incorporadas a nuestra cultura. Si se expresa que el presidente de la República estrechará la mano del embajador, el director de ceremonial no es el encargado de indicar cómo se hace ese saludo.

Hoy las normas objetivas se rechazan por lo general. Lo subjetivo crece en importancia. “¿Y por qué no le puedo dar un beso al Rector de la universidad cuando me entrega el diploma?”, “¿Y por qué no nos podemos sentar en las mesas de una fiesta de casamiento a nuestro gusto?”, “¡Y por qué, y por qué...?”.

España ha salió al paso con dos verbos que recién en ellos todo lo que nosotros conocemos como conducta social, comportamiento en sociedad, urbanidad. Así tenemos el saber estar.

Somos animales racionales, pero nada menos y nada más que con un chispazo divino en nosotros que es la inteligencia. Por eso, buscamos siempre formas que expresen el cuidado, la atención, la delicadeza. La cortesía ayuda nuestra existencia en este paso por la Tierra. La gran Teresa de Jesús lo denominó “una mala noche en una mala posada”. Esta vida nuestra, breve, tiene necesidad de la cortesía. Exige tiempo para cultivarnos. Es virtud y es también un arte. El arte de embellecer la vida con ella, dejando muchas veces atrás lo propio. En un tiempo se dijo que la cortesía era el modo de ser del hombre de índole noble y de buena educación. Ahora podemos decir,- sin equivocarnos, que la cortesía auténtica es la expresión de atención a la persona humana.

A finales del ochocientos se enseñaba a una niña a caminar por la calle y a comer delicadamente un fruta. Hoy, aquella chica ha sido reemplazada por la que se capacita para desempeñarse en el hogar y en mil actividades de la vida cotidiana. Camina en jeans y sabe que puede tomar la fruta con la mano. El varón está en la misma situación. A ambos tiene que ir dirigida nuestra mirada porque en nosotros está el poder hacerlos crecer en las virtudes.

Las niñas de entonces nunca estrechaban las manos. Se limitaban a decir unas palabras amables cuando eran presentadas a otras personas. De acuerdo a la etimología, educar es conducir de un lugar a otro. Aquí nos encontramos con la referencia a una virtud adquirida, a un valor humano trasmitido por la sociedad a las personas que, desde la infancia o de otros ambientes, se van integrando a ella.

El saber estar con prestancia, el estar presentable, el saber vestir, saber saludar, saber invitar, saber recibir, despedir, acompañar. Saber escribir, saber conversar, saber regalar, saber agradecer, saber comportarse en diversas actividades, saber sentarse a la mesa y saber comer... Son todos versos de un mismo poema. Antes, los llamábamos “comportamiento social”. Ahora son normas del saber estar. Y en paz.

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