El comportamiento en la vida cotidiana > COMPORTAMIENTO/ ROBERTO CAVA DE FEO

Las visitas

Siempre encontraremos la ocasión de estar con otras personas por cortesía, atención, amistad o cualquier otro motivo

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25 de agosto de 2017 a las 05:00

Me parece que los lectores de El Observoador y yo hemos nacido en tiempos muy lejanos al diluvio universal. Por eso, no se asombrarán si hoy intento comentar acerca de las visitas. La definición clásica de la Real Academia Española de la Lengua merece ser ampliada. Ahora ya no "es ir a ver a alguien en su casa por cortesía, atención, amistad o cualquier otro motivo".

Vuelven a mi memoria los recuerdos. En uno de ellos veo a mi abuela cuando regresa elegantemente vestida de una visita. Ella no salía mucho. Sin embargo, en tiempos muy diferentes a los actuales sabía cuándo "debía una visita". Las costumbres habían establecido unas normas y había, entre otras, las visitas de pésame. Hoy, comprobamos cómo una familia ruega encarecidamente que no se hagan esas visitas.

"La visita" estaba en los usos y costumbres. Bernard Shaw en su "Pigmalion, menciona el "day at home". Era el día de recibo o de visita. En aquellos tiempos no existían los medios actuales de comunicación y todo merece una explicación antes de emitir un juicio como el que a veces escuchamos: "es que no tenían algo que hacer". Tenían mucho que hacer y nos lo demuestra la historia.

Están las visitas familiares y las sociales que no pasarán de moda. La de los vecinos que llaman a la puerta y dicen con sencillez: "vimos luz y decidimos visitarlos". También están las de los médicos que dieron origen al dicho de "más corta que visita de médico". Se habla de visitas empresariales, de visitas a buques y a emprendimientos industriales, de visitas judiciales, de visitas a sitios de internet. Como se aprecia, son verdaderamente muchas las adjetivaciones de la visita.

Años atrás tuve ocasión de leer las ediciones de un diario de principios del siglo XX. Me sorprendí al observar en "Notas sociales" la siguiente noticia: "En nuestros círculos se anuncia que don N.N.N. visitó socialmente a la señorita N.N.N." Un autor teatral plasmó maravillosamente el momento en el cual el "festejante" mantenía una conversación con el padre de la festejada. Allí los dos hablaban y si el padre encontraba satisfactoriamente al visitante, era invitado a "visitar la familia" y se establecían los días en los cuales lo haría.

La sabiduría popular ha acuñado refranes que recuerda a la visita clásica: "La visita, cortita", "a donde te quieren mucho, no vayas a menudo," "visitas de tarde en tarde y cortitas".

Mencioné al pasar las visitas empresariales. Nada tienen que ver con los mal denominados "almuerzos de trabajo". Las primeras son anunciadas con anticipación para dar paso a una cortesía exquisita entre visitantes y anfitrión. Es la visita la ocasión para "tratarse", "para conocerse". Son por lo general breves, pero no pueden ser "a palo seco". Un café, un té o un refresco son siempre bienvenidos

Están también las visitas de Estado. Es la que presenta muchas dificultades que deben ser salvadas anticipadamente. Hay normas claras y su cumplimiento evita caer en situaciones desagradables. Cuando un Jefe de Estado visita un Estado extranjero recibe allí, en su persona, no solamente los honores sino todo el afecto de un pueblo.

Nuestro país posee el "Manual de Ceremonial Público", del 14 de noviembre de 2007. Es a mi parecer, un excelente documento. Se contempla, por ejemplo, las visitas de Jefes de Estado a los tres poderes de nuestro Estado. En ese mismo ordenamiento están las visitas oficiales de nuestro Jefe de Estado a otros países. No son normas antiguas sino disposiciones muy actuales que respetan las de orden internacional cuando, por ejemplo, el Presidente de la República viaja al exterior de nuestro país. Desecho el mote de "paisito" a Uruguay. El nuestro, como apreciamos en el "Manual de Ceremonial Público", goza del reconocimiento internacional como Estado soberano e independiente.

Es imposible no mencionar las visitas a los enfermos. En ellas mantendremos una actitud de prudencia. En ocasiones nos podremos encontrar con un anuncio de "visitas prohibidas". Es una medida para preservar a los enfermos. Quizás tendremos ocasión de saludar a algún familiar que lo acompaña o dejar una tarjeta. No olvidemos las visitas a personas internadas por motivos variados. Allí, con toda seguridad, al conversar y dar afecto, saldremos contentos por haber compartido unos momentos con quienes sufren.

Por motivos profesionales conozco las visitas a las cárceles. Siempre me ha llegado hondo el encuentro con una persona privada de libertad. Si se la escucha con afecto es posible llevar después un mensaje a la familia. Las visitas hacen mucho bien a quienes las hacemos y como tenemos corazón, no pasarán por alto la pregunta de: "¿Podrán venir a visitarme mis niños?". Las visitas a las cárceles de los ministros de la Suprema Corte de Justicia son muy aguardadas y los medios de comunicación informan siempre acerca de ellas. No es posible dejar de citar las visitas guiadas, las visitas a los cementerios, a los museos y a las iglesias.

También Don Quijote de la Mancha iba a visitar a su amada con su ropaje y su casco. Su destino era el Toboso antes "que en aventura me ponga y allí tomaré la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea". Nuestra "aventura" es diferente. Encontraremos siempre la ocasión de estar con otras personas por cortesía, atención, amistad o cualquier otro motivo y, a veces, sin llamarla visita, comprobaremos que la cordialidad y el afecto nos dirán que nada ha pasado de moda.


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