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Lorena Estefanell: “A veces pedimos a los niños habilidades que ni nosotros podemos lograr”

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14 de mayo de 2021 a las 05:03

Por Carolina Anastasiadis

Las pantallas se han transformado en la vedete de esta pandemia. Fundamentales para estudiar, para trabajar, para entretenernos. Imposible renegar de sus múltiples funciones y de las soluciones que brindan a las familias en tiempos en donde la premisa es quedarse en casa.

Pero como todas las cosas, también tienen un costado que hay que observar con atención para encausar a nuestro favor.

Sobre este tema la psicóloga Lorena Estefanell realizó un podcast para Unicef y en Mamás Reales la contactamos para ampliar algunos de sus conceptos.

¿Cuáles serían los riesgos de las pantallas en las casas?

Las pantallas son una herramienta más que tienen riesgos y miles de oportunidades. Hay un montón de cosas nuevas que podemos hacer gracias al uso de las tecnologías, como seguir estudiando o trabajando en este contexto, comunicándonos, buscando información. Las pantallas no son ni buenas ni malas; las pantallas son una herramienta más al servicio de algo.  El riesgo de la herramienta es que hay que aprender a usarla.

El martillo es una herramienta también y no es ni bueno ni malo, pero si un niño de cuatro años juega con un martillo con su hermanito de dos, entonces puede ser un riesgo. No porque el martillo sea malo sino porque el niño no lo sabe usar. El riesgo de las pantallas es que a veces las familias no nos damos cuenta que hay que darles dirección.

¿Qué significa darles dirección?

En general hay como dos tipos de familia. Están las que dejan que se manejen solos para que vayan aprendiendo. Pero no se dan cuenta que es lo mismo que dejar a un niño de 8 años solo en Tres Cruces, los riesgos son muchos. Es parte de la vida tomarse un ómnibus, claro, pero a los 8 años no sé si es parte de la vida que lo dejes solo ahí; hay que enseñarle a manejarse en ese lugar de a poco, mostrarle riesgos posibles para que esté atento. Por otro lado, están las familias hipercontroladoras que dicen “tecnología no”. Entonces no permiten pantallas y esperan que el niño cumpla determinada edad para entregárselas. Pero llega a esa edad sin saber usarlas. ¿Cuándo podés estar solo en Tres Cruces a las 12 de la noche? La respuesta es relativa. Si te dejan a los 18 años solo ahí pero no te enseñaron antes, entonces me pregunto si está bien que estés ahí. Está bien que estés ahí cuando te sepas manejar y eso se va enseñando.

A los chicos con las pantallas hay que darles dirección, al igual que lo hacemos con la alimentación, con el sol, con el horario de juego.

¿Qué sugerís a los papás de niños de entre 0 y 6 años respecto a las pantallas?

Ya vimos que la educación inicial es lo que volvió antes y es porque se vio que las pantallas en esas edades no sirven para mucha cosa. Eso la pandemia lo dejó claro. En otras edades tienen más utilidad. De 0 a 6 años las pantallas no le agregan valor a la vida de un niño. Lo que necesitan para entretenerse, comunicarse, o demás, lo pueden encontrar en el mundo real. El tema no es lo que les da la pantalla a esos niños sino lo que la pantalla les saca. A esa edad, la pantalla los empobrece. De 0 a 6 años la tecnología está más al servicio del adulto que del niño. Se la da para cocinar, para viajar, para que se calme.

¿Qué sucede en niños de entre 6 y 12 años con las pantallas?

A esa edad aun el niño está en la bahía, entrenándose para salir a altamar pero aun en la bahía. Tenemos allí la excelente oportunidad de enseñarle lo que debe aprender para poder manejarse con las pantallas. Esas pantallas empiezan a atravesar la vida de los niños. Es buen momento para enseñarle al niño lo que es una red social, lo que es una persona confiable y no, lo que es la identidad de una persona en redes, hasta cosas más complejas como lo que es la regulación en el consumo. Los padres me dicen “ah, pero no se controlan”. El tema es que a un niño de 8 años si le dejás cuatro alfajores y una botella de refresco, se come todo; a esa edad no tienen el centro de autorregulación desarrollado. Sos tú quien tiene que delimitar el tiempo, de cierta manera. No es cuestión de decir cuántas horas de pantalla están bien. Lo que importa en esa edad es que el niño sea flexible. Debe poder estar en la red pero también debe poder estar en la realidad. Si solo puede divertirse con la Play o el tic-toc, entonces empezamos a tener rigidez. La variable fundamental es la flexibilidad y variedad, como en la alimentación. Si solo come panchos o papas fritas, entonces está mal. O sea, que use pantallas, pero que pueda jugar afuera, de otra manera. Ahí las familias tenemos que ser muy potentes en eso de atravesar lo que las pantallas generan para que el niño empiece a buscar un plan b. Los adultos tenemos que aprender a tolerar esa frustración. Si decimos “no”, el niño hace berrinche pero a los 20 minutos empieza a inventar algo para hacer.

¿Cómo se entrena la autorregulación?

La autorregulación es un proceso mental sumamente complejo y uno de los procesos más vinculados a la salud o a la disfunción en la vida adulta.

En general, la autorregulación tiene que ver con tener un buen dominio del mundo interno, poder regular los deseos, los deberes, es esa capacidad de darle dirección a tu vida y a las cosas que te pasan, aún en momentos de tormenta. Es una habilidad que se entrena teniendo más la pregunta de qué es lo que conviene hacer, por sobre lo que tengo ganas de hacer. Y poder hacerlo aun con emociones desagradables o con un niño que llora y grita. Eso regula un poco este proceso mental del cerebro; es como poner al cerebro en la sala de entrenamiento, de musculación. Un cerebro que sabe darle dirección a las pasiones, a las ganas, es un cerebro que en cualquier situación de la vida va a responder de mejor forma. Es difícil responder cómo se entrena eso porque hay muchos canales para hacerlo, pero con la tecnología, dándole flexibilidad al uso. Que puedan hacer otras cosas.

¿Cuánto influye la autorregulación del adulto en la del niño?

La capacidad de autorregulación del adulto es clave para que el niño se regule. Es una habilidad con base en lo temperamental, pero es muy común en padres, de sentir eso de saber lo que tenés que hacer pero decir “mi hijo me saca”, y no poder hacerlo. La autorregulación es una habilidad que se aprende y el contexto de aprendizaje de esta habilidad es determinante.

Hay cuatro competencias que los papás tenemos que tener para criar bien. La capacidad de autorregulación del adulto es una. La competencia es la capacidad de saber, saber hacer y saber ser también. Tenemos que ser capaces de proteger y cuidar a nuestros niños de pantallas, es la capacidad protectora. También tenemos que tener buenas competencias vinculares, poder conectar con los niños y lo que les pasa. También competencias formativas, o sea, poder darles dirección y disciplina. Y la cuarta competencia es la autorreflexiva. Ser seres que pensemos sobre nosotros mismos, que nos podamos pensar y regular. En el momento que se desregula el niño y “te saca” hay que aprender a estar serenamente enojado para poder dar dirección. Liderar esos estados es clave. La autorregulación es eso. Poder no sacarte, aunque te enojes, es toda una habilidad que los papás tenemos que aprender. A veces no hay que leer libros de crianza, sino ir a yoga o lo que te lleve a un lugar de calma.

¿Cómo volvemos nosotros al lugar de calma en medio de un berrinche?

Me parece que importa salir de la mirada de control sobre el niño. Dejar de pensar “se porta mal”, y entender que mi hijo “tiene que aprender” para no portarse así. Si estoy en esa mirada, de saber qué es lo que necesita aprender mi hijo, empiezo a pensar qué hacer para enseñarle a manejarse bien. Yo me transformo en un ser que educa, desde esa mirada. Y la pregunta es cómo le estoy enseñando esa habilidad.

Si hilamos fino, te portás mal a los 40 años porque sabés cómo portarte bien y hacés otra cosa. Pero a los 8 años, un niño que hace un berrinche, es porque puede no saber cómo hacerlo mejor y si además vos en ese momento estás sacado y gritando, ¿cómo vamos a pretender que tenga una habilidad que ni siquiera vos lograste? Le pedimos a los niños a veces habilidades que ni nosotros podemos lograr. El adulto es un agente que contribuye a esa conducta, por eso hay que practicar nuestro rincón de paz. Cada uno puede descubrir dónde está ese botón de pausa para usar cuando nos estamos sacando. A veces lo mejor que podemos hacer los papás, es esperar a que se nos pase el ataque, serenarnos y darles dirección después para enseñar a tu hijo esa habilidad.

Pantallas, pandemia y familia

¿Qué sugerencia das a las familias que te preguntan sobre cómo manejarse con inteligencia emocional en pos de la salud mental, en este contexto tan desafiante?

El mayor problema es que es un contexto totalmente diferente al que conocíamos y las personas y familias queremos seguir funcionando como veníamos. Cuando el contexto cambia tanto, tenemos que cambiar la forma en que vivimos. Eso nos cuesta. Las pantallas siguen siendo un instrumento al que hay que darle dirección. Podés darle al niño chocolate y papas fritas porque te estás mudando y estás en modo supervivencia, pero no darle eso un año entero.

Vamos a seguir un tiempo en cuarentenas. Hay que buscar estructuras familiares y rutinas distintas para este momento. Es difícil dar recetas, pero sí sugiero que cada familia logre una ecuación donde vuelva a aparecer la diversidad. Ir al parque, algo de luz solar, algo de movimiento porque la escuela nos sacó movimiento. Podemos poner determinadas horas de pantalla. Lo que sí creo es que los adultos no podemos usar la tecnología al servicio de nosotros. No puede ser el chupete electrónico. Luego nos quejamos que no saben regularse. En este contexto difícil hay que cambiar la forma en la que funcionamos. Claro que pueden haber días de supervivencia, pero la creatividad es fundamental. Más cuando hay niños escolares, porque ellos tienen que moverse, salir al aire libre, conectar con otras personas. Subirse y bajarse a un tobogán. Todo eso es bueno para una vida equilibrada.

Podés leer más sobre estos temas en el blog Mamás Reales.

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