El comportamiento en la vida cotidiana > “wedding planners”

Los agasajos y la vida cotidiana

Una boda, un casamiento, están en nuestra vida pero no en la cotidiana

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04 de octubre de 2019 a las 05:00

A lo largo de estos meses  he tenido la alegría de conversar con los tan amables lectores de El Observador. Ha sido por medio de este blog y los temas fueron muy variados. A lo mejor y al menos para mí, todo aquello que está vinculado a la vida cotidiana me ha permitido andar y escribir. Bien sé que es imposible abarcar todos los momentos y por eso me detengo hoy para hablar sobre nuestra vida de relación.

Mujeres y hombres nos sorprendemos a veces cuando nos anuncian nacimientos, celebraciones familiares y sociales. A  lo mejor me equivoco pero prefiero hoy referirme a algunos aspectos. Los llamados “wedding planners” poseen los conocimientos que los llevarán a ofrecernos presupuestos y sugerencias cuando de una boda se trate. En cambio vuelvo a la idea madre para detenernos en algunos detalles que están unidos a nuestra personal educación.

Reconozco que no me agrada el término “evento”. “Evento” es un acaecimiento. Se trata de un suceso importante y programado, de índole social, artístico, deportivo o empresarial. Su objeto es la vida misma.

He participado en la confección de muchas ceremonias y sé que no hay dos iguales. Desecho la idea de la repetición -el “como siempre” y la falta de originalidad. Es preciso tener en cuenta un conjunto de posibilidades. Pero se me ha “escapado” el término “ceremonia” y lo aclaro. Es un acto humano rodeado de determinadas formalidades.

Una boda, un casamiento, están en nuestra vida pero no en la cotidiana. En cambio podemos agasajar a nuestros familiares, a nuestros amigos en nuestros hogares. A lo mejor invitándolos a almorzar, a cenar o “a tomar algo”. Ese “algo” puede ser un café, un té, una bebida, un almuerzo o una cena.

Es verdad que los tiempos han cambiado. Antes las dueñas de casa podían ocuparse en tantos detalles que son ahora de “cumplimiento imposible”. No obstante una invitación a unos amigos para cenar nos llevará a pensar en su colocación en la mesa. “Que cada uno se siente como quiera” me suena grotesco. Los dueños de casa deben pensar con calma cómo ubicarán a sus huéspedes alrededor de la mesa. La ley de la derecha aunque no se la denomine así, colaborará para que sin grandes aspavientos pongamos a nuestros amigos en el sitio adecuado.

Las normas protocolares no son impedimentos ni sembradoras de ideas confusas. Las cosas por su nombre. En un hogar Papá y Mamá saben dónde colocarse en la mesa y sin dejar a un lado su protagonismo podrán ceder sus sitios a un invitado venerable -un adulto mayor- al párroco, una autoridad.

Existe una costumbre muy sabia que vivimos a diario. La mesa familiar la preside el dueño de casa y a su derecha tendrá a su esposa. Alguna vez marido -y mujer ocuparán las cabeceras y colocarán a sus invitados a su derecha e izquierda. Me dirán que ya no se usa. Carece de fundamento la objeción porque la educación recibida nos hace comprender el orden.

En la mesa cotidiana nos ubicamos a su alrededor. Me parece que en otra nota mencioné una explicación sobre “el poner”. Es por aquello del origen del “comedor” actual. Antiguamente no existía y la mesa se ponía al aire libre, en una sala.

En la vida cotidiana vivimos unas normas sin darnos cuenta. Por eso nos ubicamos en un sitio  y procuramos comportarnos. He escrito a propósito ese verbo y bien sé que no necesita una explicación. Oscar Wilde un gran conocedor de lo humano, hizo que su Eliza en “Pigmalion” pasara por un poco tosca. Por eso pone en sus labios  un “What is this for? “ También nosotros no estamos exentos para preguntarnos el por qué del comportamiento.

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