22 de marzo de 2013 22:10 hs

Durante estos ocho días los judíos siguen una serie de ritos y rezos que recuerdan la liberación de su pueblo y la recrean en la actualidad. Los judíos sienten esta festividad, su Pascua, de manera especial, llevando a la actualidad la liberación del pueblo judío e intentando liberarse, metafóricamente, de diversas ataduras que cumplen el papel del faraón.

El rabino Eliezer Shemtov, uno de los referentes de la comunidad judía en Uruguay, explicó a El Observador que “Pesaj está denominado como el festival de nuestra liberación. O sea, no solo conmemoramos al éxodo que ocurrió hace 3325 años, celebramos a nuestra propia liberación de nuestras propias limitaciones personales”.

Shemtov se refirió a uno de los componentes rituales emblemáticos del Pesaj: “La matzá, el pan ázimo que comemos durante los ocho días de la festividad, representa la humildad. La llave hacia libertad personal es la humildad, hacer lo que uno debe aun cuando no quiere”.

El éxodo
La tradición judía indica que la historia de ese pueblo empieza con el patriarca Abraham y el pacto entre las piezas que Dios hizo con él. En dicho pacto Dios le informa que elegirá a sus descendientes como su pueblo y que iban a pasar siglos de esclavitud, al final de lo cual saldrán beneficiados y heredarán la tierra prometida. Llegan a ser esclavos del faraón durante 210 años.

Cuando llega el día anhelado, Dios le dijo a Moisés: “Dile al faraón: ´deja salir a mi pueblo y me servirán´” pero el faraón no estaba dispuesto a ceder. Con un milagro tras otro (en total diez, que se conocen como las plagas), “se demostró que detrás de la fachada de las leyes de la naturaleza hay un deliberado propósito divino. Existe un Dios, quién escucha el llanto del oprimido, quién exige la justicia y ama a aquellos que hacen el bien”.

Finalmente, el faraón se rindió. En aquel día, más de 600 mil familias judías comenzaron su éxodo de Egipto hacia la tierra prometida. El punto más alto de esta travesía fue su parada al pie del monte Sinaí para escuchar una transmisión pública de la sabiduría y voluntad divina de Dios mismo, documentadas en las escrituras sagradas. “Es esta sabiduría divina la que mantuvo unidos a los judíos como una nación a pesar de todos los sucesos vividos a lo largo de los siglos”.

El rito
Cuando los judíos dejaron Egipto, se fueron tan rápido que no tuvieron tiempo de esperar a que la masa levara. Por ello, comieron matzá. Con solo esta comida los judíos confiaron en que Dios alimentaría a todo el pueblo, hombres, mujeres y niños. Cada año, para recordar esto, los judíos comen matzá durante el Pesaj.

La matzá simboliza la fe. En contraste con el pan leudado, la matzá no está enriquecida con aceite, miel, u otras sustancias. Solamente está compuesta de harina y agua y no debe leudar. De manera similar, los únicos ingredientes para la fe son la humildad y la sumisión a Dios.

La responsabilidad ritual del Pesaj empieza antes de la festividad. Los primero que se debe hacer es deshacerse del jametz, que son los productos que contengan cualquier clase de cereal (trigo, cebada, centeno, sémola, etcétera) y no hayan sido supervisados por un rabino cuidando que no hayan fermentado.

Quiere decir que pan, tortas, galletas, fideos, cerveza, whisky y otras bebidas alcohólicas, alimentos para bebés y conservas, son productos jametz y no se pueden tener ni utilizar en Pesaj.

Los productos que contengan jametz y se quieran guardar para después de Pesaj, así como los utensilios diarios, deben ser guardados en un placard especial que permanezca cerrado durante los ocho días de Pesaj. Este jametz será vendido a un no judío, ya que de esta forma no se lo posee legalmente.

Durante los ocho días de la festividad, los judíos se abstendrán de comer y de poseer ese tipo de alimentos, los que podrán comprar nuevamente luego del Pesaj.

Actualidad
La festividad que empieza mañana está asociada al conceto de libertad para todo el pueblo judío. El rabino Shemtov entiende que eso es una responsabilidad, ya que la libertad se logra al salir de la comodidad: “Cuando uno se atiene a lo que entiende, siente y le es cómodo, estará limitado a lo que sabe, entiende y siente. Para poder crecer y liberarse de sus limitaciones, descubrir nuevos horizontes y potenciales desconocidos, tiene que estar dispuesto a salir de su zona de confort”.

Estos son días de reflexión sobre pasado y presente de la comunidad. El hecho de recordar los sucesos de la liberación de Egipto, los confirma en su identidad, en su pertenencia, en su deseo de abandonar, metafóricamente, todos los “egiptos” que los angustian, todos los “faraones” que los presionan y atemorizan.Está la voluntad de hacerse parte de los que están atentos a la realidad, que sostienen a los suyos y que bregan por un mundo mejor.

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