Entre miércoles y jueves circuló por redes sociales una foto de un ómnibus circulando a las 15.25 en la zona de 8 de Octubre y bulevar Batlle y Ordoñez completamente lleno. Se distinguen personas con tapabocas pero no hay ni 20 centímetros de distancia entre ellos. En el ómnibus no cabe un alfiler. Quizá sea una buena imagen de por qué el número de casos de contagios no cede en Uruguay y de por qué estamos experimentando a diario la dolorosa noticia del número de fallecidos por encima de 50, algunos de los cuales no son solo números sino personas conocidas, amigos o familiares.
La estrategia del gobierno ha sido apostar a la vacunación general, que se ha hecho con enorme rapidez y eficacia. Así como hoy por hoy somos de los peores de la clase en materia de contagios y fallecimientos, somos de los mejores en materia de vacunación. Pero también hay que saber que la vacunación no lo es todo. Aun con dos dosis, será preciso cuidarse, mantener cierto distanciamiento físico, limpiarse frecuentemente las manos y usar tapabocas.
Pero sigue faltando una respuesta clara de la sociedad en su conjunto a tomarse en serio que la pandemia está en su etapa más aguda. Que es necesario cuidarse y cuidarnos. Que hay que restringir la movilidad a lo estrictamente necesario. Que los domingos no podemos ir a las ferias y estar uno al lado de otro. Que no podemos subirnos a un ómnibus lleno. Y hay cosas que sí deben hacerse, como trabajar para “parar la olla” en expresión usada frecuentemente por el presidente Lacalle Pou, salidas recreativas para evitar la sensación de aislamiento, entre otras. Lo que es vital es evitar aglomeraciones o excesiva cercanía. Como dice el presidente, todos saben lo que hay que hacer pero no lo hacen. Quizá haga falta repetirlo un poco más, aun a riesgo de ser reiterativo o buscar formas de llegar a la población.
Una de las propuestas que viene de la oposición y de los gremios médicos es la de adoptar medidas más duras (toque de queda, restricción de circulación, etc.). También dentro de la coalición de gobierno crece la preocupación por el nivel que ha alcanzado la pandemia y la escasa respuesta a la baja con las medidas anunciadas por el gobierno el 23 de marzo o el 7 de abril. Muchos señalan que son insuficientes y que es necesario ir más a fondo.
Frente a estos pedidos, el gobierno, además de ratificar su apuesta a la vacunación como caballo ganador, ha resuelto afectar lo menos posible la actividad económica. Ya incluso las proyecciones de crecimiento del PIB se redujeron a la baja pese a que la economía mundial, según la proyecciones del FMI fueron revisadas al alza por el paquete de estímulos lanzado por Biden, las ayudas que realizó a sus países la Unión Europea bajo el liderazgo de Angela Merkel y la impresionante recuperación de China, una de las pocas economías que no entró en recesión en 2020 y que ahora ve un gran crecimiento.
Hace bien el gobierno en no ir por medidas de fuerza que luego serán de cumplimiento imposible. Alberto Fernández, por ejemplo, decretó toque de queda de 22 a 6 de la mañana y ya encontró una rebelión de los restaurantes y los gimnasios. ¿Qué va a hacer?, ¿llevar presos a todos los que incumplen su decreto? ¿Y dónde los aloja? ¿Y a los que salen a caminar para dar una vuelta a la manzana? Un estado policíaco no funciona y menos cuando la gente percibe que estas normas se ponen para ocultar el fracaso con la vacunación. A la gente le cuesta obedecer normas restrictivas de su libertad, pero más aun cuando perciben falta de autoridad moral en quien las impone. Los límites de la coerción están dados tanto por la legitimidad de las normas y de quien las impone como por la responsabilidad social de quienes las reciben. Seguro que más caso harán los alemanes a Angela Merkel si pone restricciones que los argentinos a Alberto Fernández o los brasileños a Jair Bolsonaro.
De ahí que sea preciso andar con mucho cuidado antes de caer en cuarentenas forzadas o toques de queda. Porque si la desobediencia se extiende, la enmienda será peor que el soneto. Y además todos sabemos que si el gobierno intenta llevar a la práctica una ley restrictiva de circulación, como hemos visto cuando se disolvieron aglomeraciones, pronto se lanzará una andanada de criticas sobre las autoridades por violación de los derechos humanos, abuso de autoridad policial, represión injustificada.
Sí en cambio es posible que el gobierno procure un mayor consenso político para que su mensaje a la población llegue con más fuerza. Un relacionamiento más fluido de los sectores de la coalición de gobierno, un mayor diálogo con sectores de la oposición son medidas que pueden ayudar a que el mensaje de cuidarse y quedarse en la burbuja sea más eficaz y más respetado.
El fin de la pandemia depende tanto de ello como de la vacunación. No hay soluciones mágicas y hay que evitar los errores no forzados, como la coerción ciudadana.