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Los secretos de Steve Jobs para tener amplitud mental en las empresas

La implementación de procesos de innovación continua y políticas de disrupción cultural son garantía de crecimiento infinito 

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11 de septiembre de 2019 a las 05:04

Por Daniel Colombo

La amplitud mental es una cualidad que comparten las personas seguras de sí mismas. También influye directamente en la empresa, ya que contar con ella es abrir un mundo de posibilidades para evolucionar. 

Esto se traduce en la oportunidad de crecer como persona y como profesional y, al mismo tiempo, es el pasaporte para el aprendizaje continuo. Es una de las formas en que la innovación hace evolucionar a las compañías de todo tipo. 

Ser abierto de mente implica: Que puedes entender a los demás desde sus posiciones personales, aunque no sean iguales a las tuyas. Que aprendés a convivir en un mundo lleno de diferencias. Que expandes tu consciencia más allá de lo que jamás imaginaste, y no necesitas ningún estímulo externo para provocarlo. Que respetas y asumís que el ser distinto a vos es simplemente eso: elecciones diferentes a las tuyas. 

Si tu empresa tiene amplitud mental, refleja que liderás con consciencia de equipo, desarrollás habilidades blandas, más allá de las clásicas; permitís la convivencia y cooperación entre distintas generaciones donde todos aprenderán de cada uno y proyectás esta visión de amplitud hacia dentro y hacia fuera en cada decisión. 

Ahora bien: la amplitud mental no se puede forzar. Las personas no cambian bajo presión. Sólo lo hacen si quieren. Y ese condicional es determinante de la adhesión o no a los procesos de transformación. Se puede estimular, mas no obligar. 

Tradición versus innovación

La sociedad estimula cierta homogeneización cultural, un proceso mediante el cual cierto tipo de cultura intenta dominar o invadir a otra. Si esto se produce, con el tiempo se diluirán rasgos culturales propios de aquella original, y se fusionará con algo más global, homogéneo. 
En sí, cuando los individuos tienen la opción de elegir qué quieren hacer (el principio del libre albedrío), esto no tiene nada de malo. El problema es cuando se lo impone otro, aun sabiendo que la persona no lo quiere de esa forma. 

¿Qué tiene que ver esto con tener amplitud mental? Se relaciona directamente, ya que la persona con mente amplia se sostiene en sus valores, creencias y determinaciones y, a la vez, puede entender a aquel que ve las cosas en forma diferente y hasta quizás totalmente opuesta.

Al incorporar una visión ampliada del mundo, las situaciones, los problemas, los alcances y encuadres de las cuestiones más diversas, el individuo con amplitud mental se despliega en forma más asertiva. 

Deja de estar en pie de guerra queriendo que todos opinen como él o adhieran a sus postulados, y simplemente fluye con lo que siente, conviviendo empáticamente con los demás.

Cuando el momento lo requiere, marca posición y es determinado en sus posturas. Es firme en sus convicciones. De igual manera, la persona que tiene esta cualidad aprende a soltar el control, e incorpora otros pensamientos e ideas de los demás; los hace confluir (fluir con el otro) y evalúa sus propios paradigmas al incorporar distintos puntos de vista. 

“La mente es como un paracaídas: sólo funciona si se abre”, dijo Albert Einstein. Y, salvando las distancias, agregaría también tener un corazón de espíritu abierto, dispuesto a recibir y abrazar lo nuevo. 

Cinco claves para innovar en base a amplitud mental

Acaso uno de los problemas más recurrentes es querer innovar haciendo algo ‘apenas’ nuevo. La innovación es total, o no es. A lo sumo, lo otro puede ser un cambio. Es por esto que la amplitud mental es esencial en las nuevas culturas empresariales. Las organizaciones que no se transforman flexibilizando los paradigmas antiguos están destinadas a desaparecer. 

Lo mismo sucede con los empleados; de hecho, en las empresas con las que trabajo hay siempre un puñado de personas tan atadas a sus creencias del pasado, su historia en esa organización, sus rituales laborales de hace décadas, que no se animan ni contribuyen a impulsar las transformaciones necesarias para crecer. 

1. Fomentar pensamiento crítico
Consiste en la habilidad instaurada en la cultura del proyecto que facilita el analizar, argumentar, aplicar lógica y razonamiento para resolver problemas y tomar decisiones. Es justo lo opuesto a definir las cosas mecánicamente, el célebre “aquí siempre se hizo así”. El pensamiento crítico lleva a las personas y equipos a reflexionar saliendo de la pura teoría, y centrándose en la toma de mejores decisiones. 

En el proceso, se promueve que cada uno sea capaz de organizar y presentar sus ideas, expresar lo que siente al respecto (integrar la gestión emocional) y relacionar la información y procesamiento que se obtiene para concluir en la determinación más apropiada. 

2. Desarrollar cultura de lo diferente
La aceleración de los cambios actuales desafía a ampliar las visiones de los colaboradores acerca de su rol, compromiso, toma de posiciones y demás formas de interacción en el entramado laboral. 

Como en todo, suele aparecer la resistencia al cambio, ya que para crear culturas que integren lo disruptivo es necesario flexibilizar paradigmas, entendido como aquellas creencias muy arraigadas que hacen que se insista en los mismos caminos, por más que no obtenga ya los resultados que conocía décadas atrás.

Un aporte de gran valor que hacen las nuevas generaciones del trabajo, especialmente los centennials (abarca a los nacidos desde 1996 en adelante) y millennials (vinieron al mundo alrededor de 1980 a 1995), es que no se dejan llevar por etiquetas limitantes en los vínculos, relaciones y preferencias de todo tipo. 

3. Integrar lo diverso
Marca un rasgo de gran influencia en la determinación de las nuevas culturas, de las que se nutren las personas y empresas. 
Hay tanta diversidad de tribus conviviendo y generando pulsos hacedores de transformaciones, que necesitamos aprender a convivir, respetar e integrarnos. 

Una forma de hacerlo es tomar algunos elementos en común, tender puentes entre ellos, potenciarlos, mezclarlos y crear nuevos significados y experiencias de valor con las que se identifiquen estos públicos diversos.

Luego, trabajar el desapego, ya que inevitablemente esto que se ha logrado también se va a transformar pronto, puesto que son ciclos de evolución inevitables. 

Como ejemplo, en mi trabajo como coach de equipos en desarrollo organizacional, diseño y facilito metodologías y encuadres que consideran esta diversidad en toda su extensión y amplitud, abarcando desde el cuidado de los códigos de lenguaje, el respeto por las disonancias o discordancias ideológicas y filosóficas y la puesta en común cuando aparecen diferencias que parecerían insalvables. 

4. Unir los puntos
Cuando Steve Jobs pronunció su célebre discurso en la Universidad de Stanford en California, desarrolló el concepto de “unir los puntos”, sumamente valioso para entender lo que es tener amplitud mental. 

El fundador de Apple narró allí aspectos salientes de su vida. Entre ellos, contó que sus padres adoptivos anhelaban que su hijo fuese a la universidad. 

Y así lo hizo Steve, quien abandonó la carrera inicial en Reed a los seis meses porque no le encontraba sentido a su vida, pese a estar gastando todos los ahorros que sus progenitores habían hecho con muchísimo esfuerzo para enviarlo a estudiar en un centro muy prestigioso. 

Para no desalentarlos, dormía en el piso de la habitación de sus amigos, y descubrió un perdido curso de caligrafía que le cambió la vida para siempre. “Unir los puntos” significa que habrá muchas experiencias personales y en la empresa que no tendrán sentido inmediato.  

Fuente: El Cronista - RIPE

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