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Luis Artime y Nacional, una relación que cumple 51 años de glorias, éxitos y goles

Este domingo se celebra otro aniversario del debut de uno de los mejores artilleros tricolores de todos los tiempos; infalible en el área, brillante cabeceador, conquistó la Libertadores e Intercontinental de 1971

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16 de agosto de 2020 a las 05:04

Imagínese, por un segundo, que un club grande uruguayo contratara hoy al goleador de la selección argentina. ¿Lo imaginó? Bueno, ahora imagínese que ese futbolista ya tuvo un pasaje por River Plate argentino e Independiente. Además, que Nacional se lo compra a un club brasileño, en aquel caso, a Palmeiras. Para sumar algo más, venía de ser el goleador argentino en el Mundial de Inglaterra 1966. Agréguele que lo contratan con 30 años, en el cenit de su carrera, no cuando el hombre está a punto del retiro. Eso sucedió con Luis Artime, de quien este domingo 16 de agosto se cumplen 51 años de su debut con la camiseta tricolor.

Aquel sábado, el hincha de Nacional se frotaba las manos porque quería ver personalmente al goleador mendocino en cancha y confirmar si daba con la talla. Enfrentaban a Danubio por el Uruguayo y golearon 3-0. Artime no podía fallar en la red y convirtió dos goles.

Luis Artime y Ruben Bareño en Nacional

“¿Sabés lo que era para mí jugar con ese monstruo adelante? ¡Tenía que pedir permiso! Y ni así. ¡Si además estaba cada nene! Mirá: Célio Taveira, Cascarilla Morales, Cubilla, Mamelli… ¡Sin contar a Artime! Era imposible entrar a jugar. Cuando me tocaba, festejaba como loco”, recordó a Referí, Ruben Bareño, uno de sus compañeros en aquel Nacionall, quien además había defendido a Uruguay en el Mundial de México de 1970.

Marcó hitos, se convirtió en ídolo de más de una generación porque, como sucede siempre, el ídolo lo forja el hincha, y sigue siendo venerado por todo lo que le dio al club.

La prédica de Luis Cubilla pidiéndole al presidente Miguel Restuccia, dio resultado. Cubilla lo había tenido de compañero en River Plate de Argentina y le dijo al titular tricolor que faltaba un delantero de peso para poder ganar títulos trascendentes a nivel internacional.

A Restuccia le gustó la idea, y al técnico brasileño Zezé Moreira, aún más. A partir de allí, comenzó a gestarse el fantástico Nacional de 1971 que ganó su primera Copa Libertadores y la primera Copa Intercontinental.

“Era un goleador diferente, no se manifestaba por las características muy elaboradas de juego, se anticipaba a la jugada”, recordó a Referí, el exdelegado y actual asesor legal de la institución, Hernán Navascués.

Tan diferente era que no utilizaba la camiseta número 9, sino que la suya era la 10 tricolor.

“(Roberto) Perfumo lo definió muy bien: 'No se  trataba de quitarle la pelota, se trataba de que no llegara a la pelota’. Tenía una gran intuición y hacía el gol. No tocaba muchas pelotas, pero se anticipaba siempre”, añadió Navascués.

Además era un excelente cabeceador, a eso le sumaba lo anterior y así tenía una fórmula asegurada.

Su excompañero y amigo, Juan Carlos “Cacho” Blanco, recordó uno de los goles que hizo de cabeza.

Luis Artime y Juan Carlos Blanco en Nacional

“En los clásicos siempre estaba presente, hizo el segundo en la final de Lima por la Libertadores y los dos ante Panathinaikos para ganar la Intercontinental. Pero recuerdo un gol contra Palmeiras. Perdíamos 1-0 y se terminaba el primer tiempo en el Centenario. Llegó un centro de Nacho Prieto y metió un cabezazo en el vértice del área grande en la Olímpica y la Colombes. El frentazo cayó en el ángulo de Leao que era el arquero. Nos fuimos al vestuario 1-1 y después lo dimos vuelta. Te lo cuento y es como si lo estuviera viendo ahora. Fue impresionante”, conto Blanco a Referí.

De la mano de Restuccia, Nacional había instaurado en noviembre de 1968, La Gran Jugada, una especie de rifa con premios gigantes para la época. Eso le dio una buena base de dinero al club y según recuerda Navascués, “pagó el 50% del pase de Artime a Palmeiras al contado”.

En pocos años en el club –sin tener en cuenta su corto retorno–, es el sexto goleador en la historia de Nacional detrás de Atilio García, Héctor Scarone, Julio César Morales, Ángel Romano y Carlos Scarone, con 158 goles. “Pero el Cascarilla un día me dijo halagándolo: ‘Sí, pero yo jugué muchos más años que Artime’”, explicó Navascués.

A diferencia de esos goleadores que quieren todo, nunca tiraba penales ni tiros libres. Todos sus goles fueron de cancha.

Era muy veloz y eso le servía para anticiparse a los defensas.

Blanco recuerda que estaban de gira por Europa y en una escala en Zúrich, llegó el cónsul de Uruguay con el diario con la foto y la noticia de que había firmado Luis Artime con Nacional.

El exzaguero y técnico tricolor afirmó que “al principio, te encontrás con un extranjero en el plantel, no es que te caiga mal, pero siempre tenés un poquito de recelo. Después de haberlo conocido, te digo que ojalá hubiésemos tenido compañeros como Luis toda la vida”.

Bareño concuerda con respecto a que “era un fenómeno, como futbolista y como ser humano”.

Hernán Navascués hablando el día en que decidieron ponerle el nombre de Luis Artime a una de las canchas de Los Céspedes

Navascués recordó una anécdota: “En un programa argentino, le preguntaron cuál fue el partido que más lo emocionó. Dijo que fue ver campeón a Nacional 1980. Y le preguntaron: ‘¿No habrá querido decir 1971 cuando jugó usted?’. Y respondió: ‘No, la copa de 1980 porque ese fue el triunfo de mis amigos, Mugica, Cacho Blanco, Morales y Espárrago’”.

Fue durante tres años seguidos el goleador del Campeonato Uruguayo: 1969 (24), 1970 (21) y 1971 (16). También goleador de la Copa Libertadores de 1971 junto al argentino Raúl Castronovo de Peñarol, con 10 tantos. Hizo 13 goles en 13 partidos entre la Libertadores y la Intercontinental.

En 2007, mientras veraneaba en Mar del Plata, sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) que le quitó el habla y le afectó la mitad de sus miembros. Sin embargo, logró reponerse, solo le quedaron secuelas en el habla.

Hace dos años, algunos excompañeros de Nacional fueron a festejar los 80 años de Luis en la localidad de Moreno, en el Gran Buenos Aires, donde vivió gran parte de su vida. Hasta allí llegaron Cacho Blanco, Ildo Maneiro, Pocho Brunell y Ruben Bareño.

El primer gol de Luis Artime en un clásico ante Guerrini

“Se divirtió, con 80 pirulos, bailando, y todos nos divertimos mucho. Son las cosas lindas que te deja la vida. La fiesta comenzó al mediodía en un salón muy lindo. Estaban Timoteo Griguol, que fue muy amigo porque jugó con él en Atlanta, Daniel Onega, que es amigo y comparten negocios”, dijo Blanco.

Daniel Onega es el hermano de Ermindo, aquel volante que llegó a Peñarol desde River argentino al mismo tiempo que Artime lo hizo a Nacional. Ermindo y Luis eran como hermanos. No importaba para nada que cada uno jugara en un grande. Murió en un accidente automovilístico a los 39 años, en 1979, y fue un golpe muy duro para Luis.

Cuando llegó dijo que era bueno reencontrarse con Cubilla porque decía que fue siempre quien mejor le colocaba la pelota. Y vaya si habrá sido así. Solo por dar dos ejemplos: final de la Libertadores en Lima, centro de Cubilla, gol de cabeza de Artime; final de la Intercontinental en Montevideo: la misma fórmula.

“River lo vendió a Independiente porque creyó que no iba a jugar más. Porque tuvo una grave lesión de ligamentos cruzados que en aquella época era muy brava”.

De los cuatro goles de Argentina en el Mundial de Inglaterra 1966, Artime hizo tres. El otro, casualmente, fue de su amigo Ermindo Onega.

Bareño recordó un gol insólito que le vio hacer: “Entró tan rápido en un ataque, que le erró al cabezazo frente al arco. Pero en un instante, picó hacia atrás y con unos reflejos bárbaros lo convirtió. Era rapidísimo”.

Y añadió: “Aprender de él era difícil porque era exclusivo. Tocaba tres o cuatro pelotas en cada partido, ni transpiraba, pero hacía goles. Todos salíamos transpirados menos él, pero ante cualquier descuido, la pelota estaba adentro. Tocaba dos pelotas y hacía tres goles. Era un fenómeno”.

Artime formó parte del plantel que ostenta el récord de mayor cantidad de clásicos invicto: 16, desde 1971 hasta 1974, con siete ganados y nueve empatados.

“Hoy sería imposible tener a un jugador como Luis en el fútbol uruguayo. Los goleadores se van muy rápido. En aquella época la estabilidad en los planteles era increíble”, explicó Cacho Blanco.

Además, sostuvo que “en 1971 fue fundamental para las dos copas con sus goles, en los clásicos estaba siempre en el lugar donde tenía que estar. Era casi una cosa mágica. Tenía una pierna muy potente, un pique corto increíble, unos cuádriceps impresionantes y si bien técnicamente no es un fenómeno, se acomodaba y le pegaba con las dos. De cabeza, se aguantaba en el aire y era una fiera”.

Navascués dice: "Artime siempre dijo que era hincha de Racing y que al equipo que más goles le hizo fue a Racing y hasta que tenía la carga de conciencia que le hizo un gol con la mano, el único que hizo con la mano cuando se zambulló de cabeza”.

En la final de la Libertadores de 1980 que Nacional le ganó a Internacional de Porto Alegre, de la que se cumplieron 40 años el jueves 6 de agosto, Artime fue invitado especial de los tricolores presididos entonces por Dante Iocco.

“Ese partido lo vi al lado de él. Iocco me encomendó que estuviera con él. Lo primero que hizo cuando me presenté, fue decirme que quería ir al vestuario. Lo hice pasar y se abrazó con Mugica, Cacho Blanco y Espárrago, saludó genéricamente a los jugadores, quizás alguno no sabía si era Artime. Estuvo un rato hablando y nos sentamos en el palco con su esposa. Lo vio callado, tranquilo, gritó el gol. y después del partido hubo una cena con todo el plantel y estuvo presente. Iocco dijo unas palabras y que todos tenían el honor de estar con Luis Artime. Fue una gran satisfacción para mí verlo con él”, expresó el exdelegado tricolor ante la AUF.

El gol de Luis Artime a Estudiantes en Lima que le dio la Copa Libertadores 1971 a Nacional

Cacho Blanco dice que el Peta Ubiña que era el capitán entonces y que era de poner pierna muy fuerte, hablaba antes de los entrenamientos. “Muchachos, escuchen bien: vamos a jugar un partido de práctica. A Luis no lo tocamos. ¿Está claro? ¡No le peguen! ¡Que no se lesione! Era nuestra salvación siempre”.

Y agrega: “Jamás le vi una actitud fuera de lugar, siempre con un respeto con todo el mundo, compañeros o rivales. Le doy gracias a Dios de haber conocido a una persona como él, como jugador y como persona. Sus hijos se criaron con los nuestros”.

Cuando Nacional Universitario le realizó un homenaje a Miguel Restuccia, Artime vino a Montevideo “y lo vi llorar, estaba emocionado. Él ha dicho que en Nacional encontró una gran familia. Decía: ‘Yo era amigo de todos. En otros equipos había amigos y compañeros, pero en Nacional fueron todos mis amigos’”, comentó Navascués. Su hija menor, nació en Uruguay cuando él jugaba en los albos.

En su último clásico antes de volver a Brasil, en esa oportunidad a Fluminense, le hizo tres goles a Peñarol por la Copa Libertadores y todos de cabeza. Tenían que ganar por cinco de diferencia para superar a Universitario de Perú en la tabla, pero ganaron 3-0 el día que Cubilla marró un penal y que al propio Artime le anularon otro tanto. Estuvieron muy cerca de la hazaña. De todas formas, esos tres goles y todos de cabeza, es un récord en un clásico.

Su humildad era y es tanta que, hablando con Navascués hace un tiempo, le admitió al exdelegado albo que “Sanfilippo era mejor jugador que él y reconoció que fue una mala suerte tremenda que se haya fracturado defendiendo a Nacional”.

Cacho Blanco aporta que muchas veces la prensa no se entera pero dijo que pasan "momentos brillantes" porque hicieron una barra de amigos y Artime "tiene una relación increíble con Uruguay”.

Las concentraciones de entonces eran diferentes. “No había celular, computadoras, lo único que había eran cartas. Desafiábamos dos jóvenes contra dos mayores o jugábamos en la cancha de bochas, al ping pong y pasábamos mucho tiempo en Los Céspedes que está muy distinto ahora. Concentrábamos mucho más antes que ahora. Éramos cuatro por habitación. Para los clásicos concentrábamos los viernes. Si había, había un televisor. Pero todo eso, te daba la posibilidad de hablar mucho más de la vida, la familia, del fútbol, se formaban grupos. A Luis le gustaban mucho más las charlas que las cartas. Era buen amigo. Me trae muy lindos recuerdos. Vivimos una campaña excepcional que nos hizo mucho bien. Tenerlo con nosotros, te daban ganas de seguir aprendiendo y de seguir logrando cosas buenas y nuevas. Tener a Artime acá, fue increíble. Era un ganador nato”, indicó Blanco.

En 2018 le pusieron el nombre de Luis Artime a una de las canchas de Los Céspedes, y llegó con la señora y los hijos.

“El grito de gol que mejor viví de Artime fueron dos en realidad: los dos a Panathinaikos porque fue un desahogo muy grande para Nacional”, recordó Navascués.

Esa noche en la que Nacional jugó de rojo, Ferenc Puskas, aquel brillante jugador de Hungría en el Mundial de 1954 y multicampeón de todo con Real Madrid, era el técnico del equipo griego y se vio sorprendido por lo que hizo Artime. 

Es como escribió Osvaldo Ardizzone en El Gráfico luego de la final ante Panathinaikos:Y no... Pitágoras no conoció a Luis Artime... que convirtió los tres goles en los dos encuentros. Sí, señor. Y que los olímpicos griegos sepan disimular el sacrilegio de asociar la ilustre memoria del honorable Pitágoras a un hecho tan subalterno como el fútbol... Pero este Luis Artime ya superó la complicada combinación de aquella hipotenusa y de aquellos catetos de nuestros lejanos tiempos de estudiantes... Con el simple y elocuente enunciado de su teorema exclusivo,... "De cada cinco veces que la toco en 90 minutos, dos veces, al menos, la meto adentro...". Y así, Luis Artime pasa a ser el gran matemático de nuestro tiempo... El extraño propietario de la fórmula ideal para ganar campeonatos, para conquistar Copas de América, para resolver Copas del Mundo... "De cada cinco veces que la tocó en 90 minutos, dos veces, al menos, la meto adentro...". Y estos griegos del Panathinaikos, justamente estos compatriotas del honorable Pitágoras, padecieron la demoledora utilidad de esa tesis...”.

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