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Mameli llegó en 1969 e hizo historia en Nacional

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Del servicio militar argentino a Nacional donde hizo gran dupla con Luis Artime; con su pase, Belgrano hizo una tribuna: la vida de Palito Mameli

Fue un delantero brillante que ganó todo con los tricolores, formó una dupla fenomenal con Luis Artime, y comparte con él, el séptimo puesto en la historia de los máximos goleadores tricolores

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13 de agosto de 2022 a las 05:02

Llegó en 1969 a Montevideo por “La Gran Jugada”, una rifa que sacó Nacional desde noviembre de 1968, que tuvo un éxito tremendo y recaudó muchísimo dinero. Se enamoró de Teresa ni bien se instaló en el Hotel Crillón en el Centro de la ciudad. Fue lo primero que lo deslumbró y siguen juntos hasta hoy. Eso fue lo que hizo que aquel delantero que llegó callado y tímido, decidiera quedarse a vivir en Uruguay.

Juan Carlos Mameli, Palito, como lo conocen todos sus amigos, nació en Recreo, “un pueblito de Catamarca que tenía siete mil habitantes, y hoy parece Nueva York, con 12 mil”, dice el exfutbolista a Referí entre risas. Y añade: “Cuando me vine, era todo campo. Voy todos los años”.

Daniel y Ofelia, sus padres, lo criaron de la mejor manera. Su papá era ferroviario y le dejó un gran recuerdo, como su mamá, quien se ocupaba de la casa.

Siendo un adolescente, Mameli defendió a Instituto Central Norte Argentino; aquí se lo ve abajo, en el medio

Le gustaba mucho andar a caballo por sus pagos. Recuerda que “en verano hacía 45 grados. ¡Era tremendo! Pero tuve una infancia divina”.

Con 13 años comenzó a jugar en Instituto Central Norte Argentino como delantero. Con 15, llegó a un acuerdo con otra institución con un nombre particular: Falucho. Era de la ciudad de Jesús María en Córdoba.

“Todos los fines de semana durante tres años, iba y venía en tren. Enfrentaba a jugadores mucho mayores que yo y te hacían sentir el rigor. Cuando vine acá, fue peor, se jugaba fortísimo. El Mudo (Julio Montero Castillo) era asesino, ¡cómo pegaba! Metía como un animal, era tremendo. Corría la cancha todo el partido con gran vitalidad”, explica. Y suma más datos: “Es un loco lindo, lo quiero mucho. Otro es el Toto (Rubén) Giménez, otro que pegaba mucho. Ubiña nos daba con todo en las prácticas, era tremendo”.

Mirando viejos recuerdos en Nacional; Mameli era un fuera de serie en el área

Allí recuerda a su primer ídolo futbolístico. Daniel Willington era un notable jugador que comenzó en Talleres de Córdoba, el gran rival de Belgrano, donde jugó Palito. Sin embargo, fue su ídolo de chico: “Vino varias veces a jugar la Copa Montevideo, jugadorazo, exquisito. Era una especie de (Juan Román) Riquelme, muy lento, pero con la pelota era un fenómeno. Llegué a enfrentarlo con Belgrano contra Vélez. Era lindo poder jugar contra tu ídolo. No había televisión. Antes de Belgrano estuve 10 días entrenando en Vélez, pero no se dio un acuerdo y entrené con él. Yo era muy tímido. Cuando jugaba en Falucho de Jesús María, me iba los sábados a un hotel. No comía porque tenía vergüenza, ya que estaba solito en la mesa. Un pelotudo bárbaro (se ríe). De a poco me la fui sacando”, comentó.

Luego pasó a Belgrano de Córdoba y jugando allí, tuvo que hacer el servicio militar obligatorio.

Juan Carlos Mameli aparece en el medio, abajo, en el equipo de Belgrano de Córdoba, su parada anterior a llegar a Nacional

“Jugaba en Belgrano y el club me hizo los trámites para que no lo hiciera en Catamarca y lo hiciera en Córdoba. Era un año, pero estuve nueve meses. Todo el día tenía que estar en el cuartel y me iba a entrenar de mañana temprano. Tenía que hacer la guardia de noche, por suerte éramos un montón y me tocaban dos horas. Me daban cada palizas bárbaras en el servicio militar. Tenía un permiso para ir a practicar”.

Integró un equipo histórico de Belgrano, el de 1968 que clasificó por primera vez a un club del interior argentino al Campeonato Nacional, para enfrentar a los equipos de Primera división. Allí coincidió con otro delantero muy bueno: José “La Pepona” Reinaldi.

Hizo el servicio militar obligatorio en Argentina y poco tiempo después, llegó a Montevideo, del que nunca más se fue

Así lo recuerda: “Jugaba muy bien, era muy técnico. Compartíamos la delantera. Era más lento que yo. Yo era una liebre al lado de él”.

Un allegado a Nacional lo vio contra San Lorenzo una tarde que hizo dos goles y lo quisieron contratar. “Pensaba que era joda. Mis compañeros se mataban de risa. Mi padrino me decía que en Uruguay tenían unos huevos bárbaros, que metían mucho, se ve que escuchaba los partidos por radio, porque no había TV. Fueron a Córdoba (Miguel) Restuccia, y el vicepresidente (Edison) Oromí, un tipazo. Fueron como dos padres para mí”.

Con su venta, Belgrano construyó la tribuna principal de su estadio. “Es una satisfacción haber ayudado a Belgrano con mi pase a Nacional.”

Llegó a Nacional y estuvo dos meses lesionado. “La prensa pensaba que se habían equivocado conmigo, que iban a buscar a La Pepona y me trajeron a mí. Yo decía: ‘Soy negro y aquel es rubio, qué equivocados que están’”. Y agrega: “No tengo palabras de agradecimiento para mis compañeros y la gente que siempre me trató maravillosamente bien. En mi primer año en Córdoba me puteaban todos. Había días que me daban ganas de irme. Acá era muy tranquilo, pero allá hacían coro para putearme”.

Artime y los clásicos

Su dupla con Luis Artime fue legendaria, exquisita. Se entendían de memoria y no se aburrieron de convertir goles.

]Una dupla ofensiva espectacular: Mameli y Luis Artime

“Luis vino unos meses después. Jugamos los dos juntos. Era un goleador impresionante. Yo era tronco, pero él era más tronco. Pero le pegaba con la punta de los tapones y te hacía un gol. Y saltando, ¡era tremendo! Como goleador, era un fenómeno. Tenía paciencia, le daban cada patada bárbara, pero él aguantaba. Yo era hincha de River y lo escuchaba jugar en mi pueblo y la vida me llevó a jugar con él. Nunca en mi vida pensé que se podría haber dado”, cuenta.

En los clásicos tuvo duelos memorables. “El Indio Olivera, el Bombón González, Figueroa, Caetano, a veces te daban cada patada. ¡El Tito Goncálves! Eran tremendos. Con Caetano y Figueroa tuve duelos. Te metían la pesada. Una vez un zaguero me dijo: ‘Porteño, no entres al área porque te mato’. Le contesté: ‘Primero, no soy porteño, y quedate tranquilo que no me vas a agarrar nunca’. Después nos hicimos amigos y teníamos un cuadrito para ir a jugar afuera”.

Un equipazo de Nacional ganador de la Libertadores, Intercontinental e Interamericana 1971; abajo aparecen Espárrago, Mameli, Maneiro, Artime y Julio César Morales

Con 152 goles está séptimo en la historia de los máximos goleadores de Nacional con Artime: “Es hermoso estar en ese sitial. Para mí y para cualquier jugador. Algo que uno nunca se lo espera. No hay palabras”.

Todavía recuerda con sorna el día que luego de anotar dos goles en un clásico contra Peñarol, le regaló la camiseta de Nacional a su suegro, quien era ferviente manya.

“Mis suegros eran fanáticos de Peñarol. Fui a la casa y le dije a él: ‘Le traje un regalo’ y le di la camiseta. ¡La tiró a la mierda! Pero eran buenísimos. Me ayudaron muchísimo. Yo vine solo, con 22 años, y no conocía nada”, explica.

Mameli en su casa y con algunos recuerdos de su etapa como jugador

Del hotel en que vivía, pasó a un apartamento en Pocitos. “Nunca había visto una rambla tan linda como esta. Conocí por primera vez el mar abierto. Allá en Catamarca, me bañaba en las represas con los amigos, una especie de pozo que se formaba en las canteras. Cuando llovía se juntaba un montón de agua y nos bañábamos todos los días”.

Aquellas batallas jugadas contra Estudiantes por la Copa Libertadores, lo llevaron a perder la final de 1969, pero luego a ganarle en 1971. Fue la primera que ganó el club en su rica historia: “Eran unos partidazos bárbaros. De la puta madre. Daban cada patada tremenda. Jugar en esa época era tremendo. Antes, para echar a un jugador te tenía que matar. Ahora se revuelcan cuando ni los tocan. Jugaban Pachamé, Malbernat, Aguirre Suárez y eran complicados. Yo los había enfrentado en Córdoba en el Nacional de 1968”.

Y añade: “Ser campeones de la Copa Libertadores fue hermoso. Son cosas que no te olvidás nunca en la vida. Nacional nunca había ganado la Copa. La caravana del aeropuerto cuando llegamos de Perú fue sensacional”.

Nacional vistiendo de rojo en la final Intercontinental 1971 ante Panathinaikos de Grecia en el Centenario; Mameli aparece último de los de abajo, al lado de Luis Artime

Ese título llevó a que los tricolores ganaran su primera Copa Intercontinental ante Panathinaikos, ya que Ajax de Holanda, campeón de Europa, no quiso jugar.

“Aquella noche en el estadio fue inolvidable. Venir de un pueblo del norte y ganar todos estos campeonatos, es hermoso e increíble. Nunca en la vida pensé que me podía pasar una cosa así”, cuenta con emoción.

En 1972 se consagró goleador del Campeonato Uruguayo con 20 goles: “Anduve muy bien. Gané los cuatro títulos seguidos del Uruguayo con Nacional, y en total, fueron cinco, con mi regreso en 1977.

El cuadrazo de Nacional campeón uruguayo 1972 con Mameli en la ofensiva y como goleador del Uruguayo con 20 goles

Le hizo dos goles clásicos a Ladislao Mazurkiewicz, uno de los mejores arqueros uruguayos de la historia. Así opina: “El Chiquito era un fenómeno. Era como Manga, otro que atajaba notablemente”.

Cerca de vestir la celeste

El Pulpa Etchamendi fue su técnico durante años. Y tenía una forma de ser muy particular.

“Era buenísimo, un bohemio bárbaro. Sabía todos los pasos de todos los jugadores. No sé si tenía un policía adentro. Si salíamos de noche, al otro día en la práctica nos agarraba y nos decía: ‘Usted estuvo en tal y tal lado anoche’. No podíamos ni salir a una discoteca porque se enteraba de todo. Trabajaba bien, era exigente”.

Con Betis, Palito Mameli logró ascender a Primera en España

Etchamendi accedió a la dirección técnica de la selección uruguaya en 1972 y lo quiso nacionalizar para que se vistiera de celeste. Pero no se pudo dar.

“Me habló para la selección, pero vino (Hugo) Bagnulo y me dijo que estaba (Fernando) Morena, y le dije que no había problema. Hubiera sido un orgullo tremendo vestir la celeste, no sabés lo que hubiera sido para mí, lo más lindo de mi vida. Morena también era un goleador de la puta madre, hacía goles de todos colores”, comenta.

Sus goles y su nivel, lo llevaron a Betis de España, con el cual ascendió. “Tuve un lindo pasaje en Betis y dejé un buen recuerdo. En el clásico contra Sevilla le hice dos goles, les ganamos 3-0. Acá le hacés goles a Peñarol y salvás el año”.

Juan Carlos Mameli entrenando con River Plate argentino en su pasaje por ese club; delante suyo corren el arquero Ubaldo "Pato" Fillol y el delantero José "La Pepona" Reinaldi, quien había sido su compañero en Belgrano de Córdoba

Pasó luego al club de sus amores en su país, River Plate, pero en ocho meses jugó solo un partido. “Había muchos jugadores. Fillol, Passarella, Perfumo, Alonso, Luque... Angelito (Labruna) era el técnico y le gustaban más los caballos que el fútbol. Venía cinco minutos antes de los partidos desde el hipódromo. Le gustaba timbear. El Mono Más timbeaba con él. Jugaban a los dados por plata. Después Luis (Artime) me llevó a Atlético Tucumán, porque era el técnico. No hacía diferencias conmigo por nuestra amistad. Era un buen entrenador”.

Este fue su segundo pasaje por Nacional en 1977: parados Rodolfo Rodríguez, Ruben Giménez, Alfredo De los Santos, Martín Taborda, Raúl Möller, Miguel Piazza; abajo, Alberto Bica, Juan Ramón Carrasco, Juan Carlos Mameli, Miguel Caillava y Juan Carlos Ocampo

En 1977 volvió a Nacional con otro excompañero como entrenador: Luis Cubilla. Le hizo cinco goles a Sud América y cuenta que no hizo siete “de gil, porque no pateé dos penales, los pateó el Polilla (De los Santos)”.

En 1980 se peleó con el técnico Pedro Dellacha y se fue de Nacional. Veinte días después, llegó Juan Mugica, por lo que, de haberse quedado, pudo haber ganado otra Copa Libertadores y otra Intercontinental.

Palito con el cuadro que guarda de los campeones uruguayos de 1972

Pasó a Rampla y logró el ascenso invicto, con compañeros famosos como Pedro Graffigna, Puchero Prestes, “un jugadorazo”, Gustavo Faral y Luis Garisto como técnico.

Dice que quien mejor lo marcó en su carrera fue el chileno Elías Ricardo Figueroa en Peñarol. “Jugaba muy bien. Era fuerte, como toda la defensa de Peñarol”.

En marzo de 1974 en España, Mameli jugó un partido homenaje en España en un seleccionado sudamericano con varios argentinos, entre los que aparecen Daniel Onega y Juan Echecopar, y el uruguayo Julio Montero Castillo

La peor patada se la dio Omar Caetano en un clásico. “Me metió un planchazo en la rodilla y todavía tengo la cicatriz. Me sacó de la cancha. Yo le había dado una patada a Losada y a la vuelta vino Caetano. Es la ley de la vida: calavera no chilla”.

Luego del retiro del fútbol “durante algunos años, tuve un taxi. Era un desastre. Me guiaban los pasajeros, pese a que hacía casi 50 años que estaba acá”.

Mameli no se obsesionaba con el gol, pero siempre convertía

Hace más de medio siglo que está con su esposa, Teresa. “Gracias a Dios que la conocí”, dice orgulloso de ella. Tiene dos hijas, cinco nietos y hasta una bisnieta.

¿Por qué se quedó a vivir? “Me quedé por lo bien que me trataron. No tengo palabras de agradecimiento, porque yo era muy tímido. No era mi casa y me hicieron sentir como si lo fuera. Hasta ahora, la gente que me reconoce, me saluda. Hay un grupo de hinchas de Nacional, ‘Los bolsos locos’, que antes de la llegada de la pandemia hacían comidas con nosotros e invitaban a todos los jugadores”.

Palito Mameli dejó su huella. Vino calladito de un pueblo recóndito de Catamarca y se hizo gigante con la camiseta de Nacional.

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