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Cacho Blanco disfruta de la tranquilidad de sus días

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Nacional lo fichó por telegrama y fue símbolo y bicampeón del mundo: la vida de Cacho Blanco

Juan Carlos “Cacho” Blanco era repartidor de una farmacia, se vino de Dolores en ómnibus a probarse en Nacional que luego lo contrató por telegrama, fue bicampeón de América y del mundo, marcó a Cruyff y Beckenbauer, y jugó con Decurnex de golero

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20 de noviembre de 2021 a las 05:01

Hacía un mes que Atilio François había ganado la tercera edición de la historia de la Vuelta Ciclista -la primera de las tres que ganó- y por otro lado, el mundo empezaba a reponerse de lo que había sido el cimbronazo de la noticia de las bombas atómicas caídas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

Allá en Dolores, muy cerca del Río San Salvador, la ciudad se preparaba para el nacimiento de uno de sus hijos pródigos. El 25 de mayo de 1946 nacía Juan Carlos Blanco, uno de los símbolos más grandes de la historia de Nacional.

Muy pocos futbolistas se pueden dar el lujo que consiguió Cacho, como lo conocen todos: haber ganado dos veces la Copa Libertadores de América y otras dos la Copa Intercontinental.

El fotón que guarda Cacho como un tesoro: su debut en Primera división con Nacional: Juan Carlos Blanco, Roberto Sosa y Jorge Manicera

Aquel chiquilín que repartía medicamentos de una farmacia en una bicicleta, hijo del diariero de la ciudad, había dejado hacía poco el pantalón corto, como se estilaba en aquella época, cuando se subió al ómnibus de la Onda y se vino a Montevideo para probarse en Nacional.

“Con 14 años trabajaba en una farmacia de mandadero repartiendo medicamentos en una bicicleta e iba al liceo nocturno. Se me complicaba cuando la farmacia estaba de turno y tenía que andar en bicicleta por todo el pueblo el sábado y llegaba cansado a los partidos de los domingos. Un compañero me cambió el horario y ahí me arreglé. Mi familia era humilde de trabajadores y yo trabajaba para juntar algunos pesos”, recuerda Blanco para Referí.

Su papá se llamaba igual que él y había sido arquero en San Salvador, el equipo en el que él también empezó a jugar.

“Empecé con 15 años en la Tercera división. Yo era centrojás, jugaba de ‘5’. Luego jugué en la selección de Dolores de lateral derecho”, dice.

Juan Carlos Blanco en sus primeros partidos (y sin bigote) en Nacional

En 1963, un amigo de su familia que vivía en Montevideo, tenía vínculo con Jorge Paz, el hijo del histórico arquero tricolor Aníbal Paz -campeón del mundo con Uruguay en 1950- y consiguió que él y un amigo, César David Buissa, vinieran a la capital a realizar una prueba en Nacional.

“Tenía 17 años y me tomé el ómnibus de la Onda con toda la ilusión, vine a hacer la prueba en Nacional como número 5 en una cancha de Marne y Propios. Allí entrenaban la Cuarta y la Quinta. En la Cuarta el técnico era Julio San Vicente que salió 10 años seguidos campeón y en Quinta estaba el Profe (José Ricardo) De León, el que sacó campeón a Defensor en 1976 y luego dirigiría a Nacional en Primera. Ahí lo conocí”, comenta.

Junto a su amigo, estuvieron 15 días en los que además, conocieron Montevideo. Vivieron en una pensión “espectacular”, en la calle Paysandú. “Venir a Montevideo era algo gigantesco para nosotros que nos habíamos criado en Dolores. Tengo muy lindos recuerdos. Paseábamos por 18 de Julio”.

Cuando llegó de Dolores, jamás pensó que ganaría tanto en los tricolores

Tras la prueba, se volvieron a Dolores sin que les comunicaran nada si la habían superado o no. Pero en enero de 1964, a la familia Blanco le llegó un telegrama de Nacional para que Juan Carlos se sumara a la Cuarta. “Fue uno de los días más felices, porque toda mi familia era de Nacional”, recuerda.

No tenía un ídolo solo, porque el plantel tricolor contaba entonces con futbolistas espectaculares. “Roberto Sosa, Vladas Douksas, (José) Urruzmendi, Milton Viera, Cococho (Álvarez), (Jorge) Manicera, (Elgar) Baeza. Lo leíamos por los diarios. ‘Veíamos los partidos’ a través de las radios, ¿entendés cómo lo vivíamos en aquella época?”.

San Vicente lo bajó del medio a la línea de fondo y fue zaguero izquierdo. “Estaban Coco (Beethoven) Javier, Pedro Álvarez y Juan Duarte, que era de Quinta, pero era un referente y en los clásicos, San Vicente lo ascendía a la Cuarta. Al año siguiente se sumó Ildo (Maneiro) y ascendieron al Flanco (Atilio) Ancheta, con (Darwin) Dalmás en el arco”, agrega.

Nacional 1971, un equipazo campeón de América y del mundo en 1971

Si bien había jugado su primer partido -amistoso- en la cancha de La Luz contra el local, debutó oficialmente en 1966 porque se habían lesionado Cococho y Luis Sauco. “Formé la zaga con Jorge Manicera contra Defensor y no lo podía creer. Recuerdo que el presidente era (Eduardo) Pons Etcheverry”.

Una de las tantas cosas que ganó en Nacional fue el tetracampeonato uruguayo desde 1969 a 1972.

“Fue un equipo maravilloso, que lo empezó a formar Zezé Moreira y le dio el toque final el Pulpa Etchamendi. Teníamos al arquero de la selección brasileña, Manga, el Peta (Ubiña), Ancheta, (Juan) Masnik, (Juan) Mugica, (Julio) Montero Castillo, (Luis) Cubilla, (Luis) Artime y el Cascarilla Morales, todos jugadores de la selección uruguaya”.

Cuando llegó la Copa Libertadores de 1971 “teníamos una mochila pesada porque el club había perdido tres finales y queríamos ganar la primera”.

Cacho Blanco es un pedazo de Nacional

En la segunda fase, Nacional goleó 3-0 a Palmeiras en Brasil con un rendimiento espectacular. “Ese fue el partido en el que muchos pensamos que la Copa podía ser nuestra”.

Llegaron a la final, pero enfrente, estaba Estudiantes de La Plata, un rival que venía de ganarla tres años seguidos, una de ellas, justamente ante Nacional.

El partido de ida fue en La Plata. “Fue terrible, era otra época que pasaban cosas increíbles. Nos bajamos del ómnibus al vestuario, y la mano venía muy pesada. Sin embargo, los policías parecían muy amables: ‘Pasen por acá muchachos’, nos decían. Pero de repente, nos empezaron a meter el palo en las costillas. No sé si alguno no estaba disfrazado de policía. Estudiantes era un equipo muy mañero, muy jodido”, dice.

Cacho Blanco jugó de lateral derecho por el Peta que venía de una lesión. En la segunda y en la tercera final, lo hizo de lateral izquierdo. “El puntero derecho de Estudiantes se llamaba (Pedro) Verde y era jocosa la cosa porque (Carlos) Solé transmitía el partido y decía ‘Blanco marca a Verde’ (se ríe). Años después, me encontré con él en España con él”. Luego de perder 1-0 de visita y ganar por el mismo marcador en el Centenario, la final decisiva se jugaría en Lima.

Otro de los tesoros que guarda Juan Carlos Blanco: la camiseta con la que fue campeón de América en 1971 con Nacional

En el hotel, la tarde previa a ese partido, su compañero de habitación era Atilio Ancheta. Se daba vueltas en la cama y no podía dormir la siesta, y tampoco lo dejaba dormir a Cacho.

“Para romper el hielo le dije: ‘Flaco, estás cagado’ y me respondió: ‘Cállate, estúpido’. Entonces después de reírme, le contesté: ‘Tenemos un cuadrazo, hoy somos campeones de América’. Fue el partido más estresante en lo previo, porque un gol de Estudiantes significaba un nuevo cimbronazo para Nacional. Después que entré al vestuario ya la adrenalina me empezó a ayudar. Lo ganamos bien y fue una alegría enorme”.

Y añade: “Junto a Ancheta e Ildo, éramos los más jóvenes, y ser campeones de América lo vivíamos de una manera muy especial. Cuando Artime metió el segundo gol, se me vinieron todos los recuerdos a la cabeza, mi ciudad, mis padres, me imaginaba lo que estarían viviendo. En el hotel el festejo fue algo muy lindo”.

Dolores lo recibió con toda la pompa al regreso. “El pueblo me recibió con los brazos abiertos. Me acuerdo y me hace estremecer (se emociona). Salió el pueblo a recibirme y fue algo muy fuerte, muy emotivo. El reencuentro con mis padres, la familia. Incluso amigos hinchas de Peñarol, celebraron ahí conmigo, porque tenía muchos amigos que eran hinchas de Peñarol”.

Juan Carlos Blanco con Zaragoza de España; es el segundo de los parados desde la izquierda y sin su característico bigote

Blanco dice que a partir de allí el equipo se desmanteló y solo quedaron Manga, Ubiña y Cubilla. “De haber seguido más compañeros, estoy seguro de que hubiéramos ganado más copas”.

El técnico era Washington “Pulpa” Etchamendi. “Fue un fenómeno. Era forjado en la universidad de la vida, pese a que no fue a la facultad, era muy instruido, conocía de todo, podía hablar de cualquier tema. Vinculado al carnaval y a los canillitas porque tenía reparto de diarios y revistas. Quizás era la persona que necesitábamos para que nos diera ese impulso anímico y moral esa psicología que no se estudia en los libros y la llevás adentro”.

Un jugador con todas las letras de aquel plantel era el goleador argentino Luis Artime.

“Fue un fenómeno como jugador y como persona, como lo es toda su familia, igual que Nacho Prieto. El Peta era el capitán, nos juntaba en la mitad de la cancha y siempre decía: ‘Muchachos, vamos a hacer una linda práctica, vamos a prepararnos para el domingo, pero ojo, Luis no se toca’. No entrenaba mucho el cabezazo ni patear al arco, pero tenía piernas potentes, tenía un timming para el cabezazo increíble, le pegaba muy bien al arco. No podía meter un pase de zurda de 20 metros, pero frente al arco era infalible”, lo recuerda Cacho a su amigo.

Juan Carlos Blanco vive en la paz de Neptunia y va a ver a Albion y a Nacional

Después, Ajax no quiso venir a jugar la final de la Copa Intercontinental “porque había tenido problemas con Independiente y los habían tratado muy mal, violentamente”.

Entonces las finales fueron ante el vicecampeón, Panathinaikos de Grecia, dirigido por una leyenda del fútbol como el húngaro Ferenc Puskas. “En julio de ese año habíamos ido de gira a Grecia, los enfrentamos dos veces y las dos les habíamos ganado. A los pocos meses los enfrentamos por la Intercontinental y tras empatar allá, ganamos acá. Puskas era un tipo fenomenal, gran jugador de Real Madrid. José Santamaría fue compañero suyo y en una gira entrenamos en el Bernabéu y hablamos con él”.

La final decisiva se jugó el 28 de diciembre por la noche. “Esa tarde, hacía un calor tremendo, era insoportable estar en Los Céspedes. Ganamos bien y fui lateral izquierdo. Cubilla tenía un restorán en Avenida Italia y Propios que se llamaba La Cancha de Cubilla y ahí festejamos en familia”.

Ese año 1971 fue redondo para Cacho. Es que además, convirtió uno de los pocos goles en su carrera, y el único en un clásico, por la Copa Libertadores que terminarían ganando y con un agregado que le dio el toque diferente a esa jornada.

Nacional 1980 campeón de América contra Internacional de Porto Alegre, con Cacho Blanco en el equipo

Así lo explica: “Fue un día muy especial, el 30 de marzo de 1971. Me acuerdo porque nació mi segunda hija María Fernanda a la mañana y de noche jugamos contra Peñarol que significaba pasar a la segunda fase. Tuve la suerte de hacer el primero y luego Ildo el segundo. Fue un gran día. Cubilla era un estratega y antes de jugar me dijo que Cacho Caetano lo iba a marcar al hombre y que estuviera ahí porque podía pasar y fue así. Se lo hice a Mazurkiewicz. Nos hicimos muy amigos después porque el último club que jugué fue Racing y Cascarilla Morales era el técnico y Mazurkiewicz su ayudante. Yo me había retirado en Nacional, pero Cascarilla me convenció”.

Tras ganar la Intercontinental, siguió un tiempo más y en 1973 se fue a Europa, pero sin una idea fija de dónde jugaría.

“Mugica, (Héctor) Resola y Nacho Prieto estaban todos en Lille en el norte de Francia y me llegó la invitación para que fuera a jugar un amistoso y si andaba más o menos bien, seguramente me contrataban. Había problemas económicos en Nacional, no entrenábamos regularmente, no fui en las mejores condiciones y en lo personal, creo que no anduve bien y no quedé. Me llegó una invitación de Carlos Jurado, un amigo y me dijo que fuera a España. De Francia me fui a España y surgió la posibilidad de ir a Zaragoza y me quedé cinco temporadas”, explica.

Claro que se encontró con un fútbol totalmente diferente al que acostumbraba. Hicieron una pretemporada en la montaña y luego de comenzado la Liga Española le dijo a su esposa que veía muy difícil que pudiera jugar allí.

Juan Carlos "Cacho" Blanco celebrando el título de la Copa Libertadores de América de 1980

“Nunca había hecho una pretemporada tan exigente como en Zaragoza. Íbamos a la montaña y llegaba con lo justo. El fútbol español era mucho más rápido, era otro ritmo. En los partidos no veía que me pusieran y allí le dije a mi mujer que sería casi imposible que jugara”.

Debutó el 28 de diciembre -sí, la misma fecha en que ganó la Intercontinental dos años antes- contra Atlético de Madrid. “Jugué un gran partido y a partir de ahí no salí más del equipo. Atlético tenía un gran equipo que luego perdió la final de la Copa de Campeones de Europa. En Zaragoza fuimos vicecampeones de liga, creo que fue la única vez que el club lo consiguió. El título fue para Real Madrid. Le metimos cinco en La Romareda. Barcelona tenía al peruano Cholo Sotil y a los holandeses Neeskens y Cruyff que venían de perder la final del Mundial de Alemania. Fue el boom del fútbol español”.

Cruyff había dejado un tendal de rivales por el camino en aquella Copa del Mundo, no solo contra Uruguay, sino contra todos sus rivales. Era prácticamente inmarcable y vivía su mejor momento.

Blanco lo tuvo que marcar en España. “Era un jugador extraordinario, jugaba por todo el frente de ataque, las veces que iba a mi lado, yo temblaba. Iba en quinta y ponía sexta, era muy rápido. Pero puedo decir que gané y perdí en el duelo contra él”.

Nacional logró el título intercontinental a principios de 1981 en Tokio, con Cacho Blanco y ante Nottingham Forest de Inglaterra

Le quedó la bronca interna de no haber podido enfrentar a Pelé porque el día que Santos visitó La Romareda de Zaragoza, Cacho estaba lesionado. “Me quería matar. Fue un día de amargura. Hice todo el esfuerzo para llegar, pero no pude”.

A otro grande que sí pudo enfrentar fue a Franz Beckenbauer con Bayern Múnich cuando Nacional jugó en 1969 la Copa Teresa Herrera. “Ellos tenían a Maier, Schwarzembeck y Müller, aparte de Beckenbauer. Cinco años después, todos titulares, ganaron con Alemania el Mundial. Esa tarde con Nacional les ganamos. Jugué de lateral derecho y me crucé con él en la cancha en algunas jugadas. Otro elegido”.

Si bien Zaragoza le ofreció quedarse un año más porque había hecho el curso de técnico con los juveniles, había tomado la decisión de volver. Montero Castillo, Palito Mamelli y Cascarilla Morales habían regresado a Nacional en 1979 con Miguel Restuccia como presidente y él fue otro de los que pegó la vuelta. Al año siguiente volvió Víctor Espárrago.

Llegó Juan Martín Mugica, su excompañero de equipo en el Nacional campeón de todo en 1971, pero esta vez, como técnico.

“Teníamos una tremenda amistad. En vacaciones en Europa nos juntábamos en Alicante en el Mediterráneo. Espárrago, Ildo, Palito (Mamelli), Montero, Resola, Pierino Lattuada, los argentinos Chirola Yazalde, Santoro y Juan. Mi hijo siempre tuvo algo muy especial por Juan. Aprendió mucho en Francia. Mi nieto se llama Juan Martín por la admiración de mi hijo por Juan. Le gustaba escucharlo y Juan tenía mucha llegada”, explica.

Juan Carlos Blanco en su primer período en Nacional

Juan llegó desde Europa “con la idea de marcar con líbero y stopper y de marcar al hombre. Fue un sistema al que el equipo se adaptó rápidamente y sorprendió en lo local y en lo internacional. Yo había jugado de líbero en la última temporada en Zaragoza, a mí me encantaba jugar de líbero y Juan me dijo que iba a jugar allí. En las semifinales recuerdo que había que ganarle a Olimpia sí o sí en Montevideo porque si no, se nos complicaba”. Y llegó aquel golazo de Eduardo De la Peña de volea que la clavó en un tornillo. “De los goles más espectaculares que vi en mi vida y de los que más festejé”.

Cacho estaba por conseguir su segunda Libertadores con Nacional. Le queda superar a Internacional de Porto Alegre en las finales.

En Porto Alegre en la ida, hubo más de 20 mil uruguayos, algo que nunca más se replicó. “Fue un apoyo tremendo, una cosa extraordinaria, insólita, parecíamos locales. No se produjo antes ni después, parecía que estábamos en Uruguay no en Brasil. Jugamos un gran partido, la estrategia de Juan fue extraordinaria. Maniatamos a Inter e incluso pudimos haber ganado porque hubo un penal contra Washington González que el árbitro no cobró. Acá fue mucho más difícil, porque la cancha estaba muy pesada, Falcao jugó un gran partido y se nos complicó. El Flaco (Rodolfo Rodríguez) tuvo dos atajadas notables para salvar también el resultado”, cuenta.

Para la final Intercontinental en Tokio contra Nottingham Forest de Inglaterra, se le complicó muchísimo poder estar.  

Juan Carlos Blanco con su hijo Leonardo, actual presidente de Albion, equipo campeón de la Segunda división profesional, cuando jugaron juntos en 1982 en Nacional Universitario

“En el último partido de la temporada jugamos un amistoso contra Atlanta en Buenos Aires. Me tiré a los pies del ‘9’ que era el uruguayo Ricardo Espala, me lesioné con un esguince de ligamento interno de la rodilla y me enyesaron, (El médico Carlos) Suero me dijo: ‘Eespero que no te hayas roto el ligamento porque si no, estamos liquidados’. Los estudios dieron negativos al respecto. Me enyesaron y estuve casi un mes con toda la pierna enyesada. La pierna quedó rígida y cuando me sacaron el yeso me costaba doblar la rodila. Empezó la recuperación con (Esteban) Gesto y los masajistas. Fue una lucha contra el tiempo para poder llegar y llegué”.

Respecto al partido, dice que “Juan hizo un trabajo espectacular, ellos tenían un gran equipo y el Flaco (Rodolfo Rodríguez) tuvo un partido extraordinario. Hicimos tres goles, uno de Luzardo y otro de Bica, pero no los cobraron, llegamos con mucho estrés, fue tremendo, no había forma de quitarse a los ingleses de encima. Creo que nos subestimaron un poco. Los tipos terminaron calientes”.

Mugica tenía muchos datos del rival en épocas en que no existían los videos, porque en Inglaterra vivía el hermano de Mario Bergara y le mandaba mucho material.

En los festejos en el hotel, celebraron el cumpleaños de Alberto Bica. “El recordado y querido amigo Alberto Bica que se nos fue hace poco tiempo. Fue un momento íntimo muy especial”.

Juan Carlos Blanco como técnico de Nacional

Con la selección uruguaya jugó 11 partidos y participó de las Eliminatorias para el Mundial de España 82, cuando la celeste fue eliminada.

Así lo recuerda: “Debuté contra Argentina con Rodolfo Zamora, quien estuvo poco tiempo. El gran debe que me queda como futbolista fue la selección. Veníamos fuertes como equipo porque se había ganado la Copa de Oro aunque yo no participé. Vino Perú al Centenario, jugó un partido extraordinario y nos dio un baile bárbaro. Quedé en deuda con la selección, ese es el gran debe que tengo como futbolista”.

En 1982, se dio el gusto de jugar con su hijo Leonardo con Nacional en la Liga Universitaria.

“Se promocionó mucho porque jugar con un hijo en la Liga Universitaria no era normal. Era especial y es una liga muy competitiva y a Nacional le querían ganar todos. Él jugaba de lateral derecho y yo de central. El técnico era Rafael Anavitarte. Llegué a jugar con Decurnex que era un botija, de arquero. El titular era Armando Castaingdebat, quien jugó muchísimos años”.

Su hijo Leonardo es el actual presidente de Albion, equipo que acaba de volver a Primera división luego de muchísimos años.

“Esa fue la última gran alegría que tuve por estos días. Es que Leonardo fue técnico hace años cuando se entrenaba prácticamente en la calle y con pelotas que se parecían a las de trapo con las que jugaba yo de chico. Luego fue gerente deportivo y ahora es presidente. Estoy muy feliz por él”, comentó.

En 1988, fue ayudante técnico de Ildo Maneiro en el Danubio ganador de todo en 1988.

En 2013, Cacho Blanco aconsejando a Rodolfo Arruabarrena, técnico de Nacional de entonces

“Nunca tuve la vocación de ser técnico, cuando me tocó fue casi por casualidad. En 1990 en Nacional, no había dirigido nunca, había estado muy poco tiempo en inferiores. Nunca quise ser entrenador, podría haber sido. Ese Danubio era un ballet, con el Pompa Borges, el Rata Dalto, (Eber) Moas, (Ruben) Pereyra, Polillita. ¡Por favor! De los grandes equipos que vi jugar acá”.

En abril de 2016, se produjo el recordado tornado en Dolores. Cacho lo vivió con mucha ansiedad y nervios, ya que muchos familiares estaban allí.

“Me llegaban noticias, pero nunca pensábamos que fuera lo que en realidad fue. No arrasó todo el pueblo, entró como de costado y llegó al barrio sur, el del Vasco Ostolaza y fue un desastre. Tenía a mis dos hermanos ahí. A uno no le pasó nada, pero el otro, se quedó sin casa. Hubo cinco fallecidos”, explica.

Juan Carlos Blanco con su familia a pleno, sus hijos y sus cinco nietos

Y añade: “Al otro día fuimos con mi hijo para ahí y no podíamos creer lo que pasó y todavía hay cosas para hacer. Sobre todo, la psicosis de la gente quedó muy alterada luego de vivir el efecto directo del tornado. Mi hermano no pudo volver más a esa casa. Hubo gente que tuvo que ir años al psicólogo. El liceo de Dolores desapareció la parte de arriba, los chiquilines estaban en clase”.

Cacho hoy disfruta de su familia en la tranquilidad de Neptunia, con sus hijos y sus cinco nietos: Francesca, de 16 años, Constanza, Juan Martín, Dante y Ciro. “La señora de Montero Castillo -que fue abuela joven- me decía: ‘Cacho, mirá que cuando seas abuelo te va a cambiar la vida y yo le decía ‘Marta, dejate de joder’, ¡pero tenía razón! A un hijo lo rezongás, a un nieto no”.

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