27 de junio 2020 - 5:00hs

No es cierto que las lecciones del Golpe del ´73 estén aprendidas, ni que la sociedad uruguaya exprese una convicción democrática como para que la consigna del “nunca más”, sea realmente una manifestación de rechazo a lo ocurrido.

Los que se levantaron en armas, contra una democracia que consideraban injusta y que lo hicieron para reemplazarla por otro sistema político, sienten que hicieron lo correcto.

Los que usurparon el poder popular con el argumento de que eso era necesario para reestablecer orden y despejar riesgos de cambio, sienten que cumplieron con su deber.

Los que fueron indiferentes ante la pérdida de libertades, tampoco asumen su conducta como algo equivocado.

Una mayoría valora la democracia positivamente, pero cada año es menos gente en esa postura.

A 47 años de la ruptura institucional sigue faltando una reflexión serena de aquellos insucesos.

El “nunca más” que se transmite periódicamente, se reduce a una expresión “políticamente correcta” que tiene significado diferente según quien lo diga: unos lo entienden como  “nunca más guerrilla”, otros como “nunca más terrorismo de Estado”, pero cuánto más lejos del fin de la dictadura, menos se valora la democracia como tal.

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La mirada sobre aquel 1973 sigue contaminada de intereses partidarios y se ha mezclado con desinformación y mentiras. Algunos relatos quieren hacer creer que casi todo el Uruguay rechazaba el golpe.

Una encuesta de mayo de aquel año refleja que en el conflicto entre mandos castrenses y dirigentes partidarios, 34% estaba de acuerdo “con los militares”, 25% “con los políticos”, mientas que 9% veía razones en unos y otros, 4% en ninguno y 29% no opinaba(*). El hastío con la violencia en las calles, con el clima de guerra interno por las acciones guerrileras y la represión policial-militar, combinado con el malestar por la economía y los reflejos de hechos similares en otros países, había abonado el terreno para el golpe.

La confusión era tal, que en febrero de aquel año, los tres partidos más importantes del Frente Amplio, el Comunista, el Demócrata Cristiano y la mayoría del Socialista, alentaron con entusiasmo el mensaje político de los generales sublevados, los mismos que cuatro meses después concretaran el golpe.

La CNT lanzó una huelga sindical en julio del ´73 cuando asumió que el golpe era “de derecha”, pero no había hecho nada ante el Golpe de febrero, porque sentía aroma de izquierda en los pronunciamientos políticos del Ejército y la Fuerza Aérea.

Aquellas declaraciones pincelaban una economía con redistribución de la tierra, reforma tributaria, distribución del ingreso, y gran parte de la izquierda apoyó eso, sin reparar en que el pronunciamiento era profundamente anti democrático e implicaba un golpe.

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El presidente Juan María Bordaberry no creía en la democracia liberal, y sentía desprecio por los partidos políticos. Pero no era el único.

Juan María Bordaberry

En aquel febrero, 60% de los uruguayos percibía que había “riesgo de gobierno militar”, mientas 25% entendía que eso no era factible y 15% no opinaba. O sea que se venía venir, pero en lugar de enfrentar el golpe para evitarlo, poco se hizo.

Un “golpe de Estado” precisa de cinco condiciones para concretarse:

(a) un origen (la causa);

(b) condiciones propicias;

(c) golpista potenciales;

(d) baja guardia de la democracia; y

(e) un detonante (la excusa).

Veamos.

- El origen está en la guerrilla del MLN-T surgida en 1963, que realizó una seguidilla de asaltos, copamientos, secuestros, asesinatos, y que ante la impotencia de la Policía, el gobierno encomendó el combate a las FF.AA. en setiembre de 1971.

- Las condiciones se fueron generando en etapas, con un sistema político que no cuidaba la democracia y permitía la generación de descrédito en las instituciones. No hubo reacción ante desbordes castrenses, críticos de una interpelación sobre muerte por torturas (junio 1972), ni por el desacato a orden de liberación de detenidos en un cuartel (octubre), ni por la persecución de la Justicia Militar a Jorge Batlle (ese mismo mes). Y se dio con el debilitamiento del gobierno de Bordaberry, que tras esa crisis y renuncia de los ministros de la Lista 15, perdió mayoría parlamentaria

- Los golpistas potenciales eran aquellos generales con apetito de poder, que heredaban desconfianzas internas de la fuerza (con origen en los ´30), y que se sentían salvadores de la patria.

- La baja guardia democrática estuvo en todos los partidos, porque para muchos líderes partidarios cabía la idea de un golpe, si era con signo ideológico de sus tiendas.

- La excusa fue la negativa del Senado al pedido de desafuero de Enrique Erro, para ser juzgado por colaborar con el MLN-T.

Aquella caída de la democracia fue en etapas.

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Primero, en la primavera del ´72 con la intromisión del Ejército en asuntos políticos, que fue tolerada.

Segundo, en febrero del ´73 con la declaración del Ejército y la Fuerza Aérea de que no acataban la designación de un ministro de Defensa y salieron a la calle con las tanquetas, para forzar al presidente a cambiar de ministro y aceptar la integración castrense a un Consejo de Seguridad Nacional.

Tercero, el 27 de junio con la disolución de las cámaras y la creación de un “parlamento” de facto (Consejo de Estado).

Cuarto, en 1976, suspendiendo las elecciones, derrocando a Bordaberry, comenzando a dictar enmiendas constitucionales y asumiendo el poder absoluto.

Ha pasado medio siglo de aquel tiempo de desgaste y quiebre institucional, y las convicciones democráticas han vuelto a deteriorarse:  61% de los uruguayos entiende que “la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno”, según la última edición de Latinobarómetro, que es de 2018 ( era 85% en los años ´90).

Dos segmentos, minoritarios pero no irrelevantes, uno más de izquierda y otro más de derecha, siguen creyendo en sistemas no democráticos, que limiten o supriman libertades, porque creen que así se puede igualar la balanza económico-social, unos; o porque es necesario para mantener el orden, otros.

Otra franja de la gente le es indiferente el caso, y se siente “apolítica” o “antipolítica”, por lo que no asigna valor prioritario a la democracia. Hay un trabajo cívico ahí, porque la democracia no solucionará todos los problemas, pero los que sufrieron el terror de una dictadura, saben bien lo que es la asfixia del poder absoluto, y ahí sí que se comprende la importancia de la vida democrática, con libertad y garantías. 

(*) Treinta años de opinión pública, de Ignacio Zuasnabar   

Temas:

Member Dictadura Golpe del ´73 guerrileras represión policial-militar

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