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Operación recuerdo: cómo revivir viejas fotos familiares

Recuperar las fotos es un buen proyecto familiar y estos son algunos de los métodos que se pueden usar

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30 de diciembre de 2018 a las 05:04

Hubo una época en que las familias guardaban primorosamente sus preciadas fotografías en álbumes reales (de papel y cartón y encuadernados sólidos), encuadradas por pequeños biseles y protegidas por páginas de papel manteca que las preservaban de la humedad y el tiempo. Esos estoicos álbumes persisten y hace falta una sola mirada para que capturen nuestra atención irremediablemente, venciendo de un plumazo –a fuerza de años y tradición– a cualquier pantallita brillante de las que ahora ocupan buena parte de nuestros días. 

No hay caso; incluso los más digitales sucumbimos ante las imágenes impresas, tangibles y concretas, que replican los rostros de otras generaciones o los nuestros en años en que solo había arrugas cuando se sonreía. Por eso hay muchos que decidieron volver a imprimir sus imágenes actuales. Es una práctica loable, porque requiere de mucha paciencia transitar ese camino sorteado de cientos de imágenes sin clasificar. En el pasado había que ahorrar película, que costaba cara. Ahora, para supuestamente ahorrar tiempo, sacamos ráfagas de fotos que luego casi nadie clasifica. Confiamos mucho en la inteligencia artificial, que ya puede identificar rostros y unirlos a nombres y crear con ellos álbumes virtuales repletos de fotos que nunca tendremos tiempo de ver. Veremos cómo resulta esto. 

Mientras que decidimos el futuro de nuestras imágenes (¿haremos curaduría y nos quedaremos con las memorables, digitales e impresas, o mantendremos esa miríada de fotos que siguen llenando una nube alojada en algún servidor ubicada en un desierto perdido?), al menos podemos ir recuperando la memoria colectiva de familia y amigos para que estas fotografías hagan el camino inverso: de lo impreso a lo digital. Hacerlo requiere de algo de paciencia, porque no siempre están en buen estado y hay que aprender alguna técnica, pero la tecnología se suma como aliada y ofrece unas cuantas herramientas, apps y servicios para traerlas al presente con buena parte de su esplendor pasado. 

Si bien hay servicios profesionales que se encargan de estas tareas (basta una búsqueda online para que aparezcan), recuperar las fotos es un buen proyecto familiar y estos son algunos de los métodos que se pueden usar.  

Con el celular

Si bien es posible tomar una foto de la foto para conseguir con un solo movimiento del dedo una copia, de esta manera no se logra la mejor calidad de imagen posible. Es mucho mejor descargar una aplicación que haga el proceso más profesional sin tener que recurrir a un escáner físico. 

Una de las más efectivas es Google PhotoScan, disponible para Android e iOS, pero hay más y basta con investigar un poco en cada tienda. Muchas además son gratuitas, por lo cual probarlas solo supone invertir tiempo, pero no dinero. Photomyne también es gratis pero ofrece funciones avanzadas previo pago. Otra app que sirve para estas tareas es Microsoft Office Lens (versiones para Android, iOS y Windows).

Todas las opciones anteriores funcionan muy bien con fotografías impresas, pero no tanto con diapositivas; un millenial apenas entenderá qué es una diapositiva pero en las décadas de 1960 y 1970, sobre todo, muchas familias preferían que sus fotos quedaran en ese formato porque era tradicional reunirse cada tanto en torno a un proyector que las mostraba ampliadas en la pared del living. La tradición tenía sus buenos y malos momentos. Los grandes organizaban el evento como si fuera una pequeña fiesta, mientras que los chicos protestaban, pero al final se rendían y entre foto y foto, se escondían bajo la mesa o simplemente se peleaban entre ellos. Estos encuentros no estaban libres de drama: era muy usual que se quemaran las lámparas que daban luz a estos proyectores. Y costaban caras. Al menos eso era lo que se le escuchaba gritar al padre o madre encargada de ese dispositivo de tecnología de avanzada: “Otra vez se quemó esta lámpara de miércoles”. 

Anécdotas aparte, para procesar digitalmente las diapositivas (que además son bastante susceptibles al paso del tiempo, a la humedad y a otras condiciones del ambiente) o los negativos de un film, hay que usar otro tipo de aplicaciones. Una opción es Film Scanner para Android o FilmLabs para iOS (vale U$S 6).

Casi artesanal

Una vez que las fotografías fueron escaneadas y digitalizadas (recuerde guardarlas en su PC y en la nube, aunque lo ideal sería también un tercer sistema de respaldo como un disco externo) en algunos casos es necesario, o al menos recomendable, mejorar ciertos problemas que dejó el tiempo: rayas, papel fotográfico arrugado, partes rotas o el color que empieza a languidecer. Algunas apps y programas permiten mejorar hasta cierto punto estas imperfecciones. Google Photos (hay opciones para Android e iOS), Photo para Apple y Microsoft Photos tienen funciones que permiten ajustar la luz, realzar o apagar brillos, recortar bordes mordidos y en algunos casos realizar cambios más complejos.  Algo así se puede hacer con Adobe Photoshop Express (Android e iOS), que incluye funciones sencillas de aplicar y relativamente intuitivas para el no experto.

También hay opciones open source como GIMP, para Windows, Mac y Linux; es un buen programa pero lleva un tiempo dominarlo. 

En algunas de estas apps y programas es posible focalizarse en daños específicos, como rasgaduras o partes pequeñas en las que la imagen casi no se ve. Una herramienta que sirve para solucionar en parte estos problemas es el llamado “cepillo sanador” (healing brush en inglés) o clone stamp que lo que hace es tomar píxeles cercanos para reparar el daño.

Una vez que haya avanzado con todas estas tareas, no se quede por el camino con un montón de imágenes guardadas en una carpeta perdida del celular o de la computadora. Cárguelas en algún sistema que le permita compartirlas con familia y amigos; el mejor es Google Photos, por su amplitud de funciones y facilidad de uso, pero también puede usar OneDrive si ya trabaja con la suite de productos de Microsoft o en iCloud si sus dispositivos son Apple. 

El clímax de todo este esfuerzo sería volver a imprimirlas con dos objetivos: guardar las originales para que no pasen de mano en mano y así evitar que se sigan dañando y asegurar unos cuantos años más de uso físico de las nuevas, que pueden ser impresas en papel libre de ácido o directamente convertidas en un libro, que se hacen con diferentes servicios como Snapfish. 

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