7 de diciembre de 2012 19:45 hs

El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) ha adquirido una selección de catorce populares videojuegos de las últimas tres décadas, entre los que figura Tetris, Pac-Man y The Sims, con los que abrirá una nueva sección en sus galerías a partir de marzo de 2013.

“¿Son arte los videojuegos? Lo son, y también son diseño y desde esa perspectiva nos hemos acercado a ellos”, indicó la comisaria del departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, Paola Antonelli, según puede verse en su blog, alojado en la página web del museo. La institución irá ampliando la colección con compras sucesivas hasta llegar a una lista de cuarenta videojuegos.

Esta adquisición por parte del museo de arte moderno más importante del mundo da cuenta de la tendencia creciente hacia la apreciación de la importancia cultural de los juegos electrónicos, algo que también ha quedado de manifiesto con el reciente premio Príncipe de Asturias que recibió Shigeru Miyamoto, creador de Mario Bros y considerado el “padre de los videojuegos modernos”.

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No todos están de acuerdo con esta incursión de la cultura popular en un terreno reservado para la culta. Hace unos días Jonathan Jones, crítico de arte de The Guardian negó la categoría de arte a los videojuegos y sostuvo que “exponer a Pac-Man y al Tetris junto a Picasso y Van Gogh supone un game over para cualquier comprensión del significado del arte”.

El museo Smithsonian de Nueva York ya había tenido en cuenta a los videojuegos más míticos el año pasado, en una muestra que también los presentó como arte y que aquí sirve como precedente claro.

Desde el Pac-Man de 1980 al más reciente Canabalt, de 2009, el museo acogerá el popular Tetris (1984), Another World (1991), Myst (1993), SimCity 2000 (1994), Vib-ribbon (1999), The Sims (2000), Katamari Damacy (2004), EVE Online (2003), Dwarf Fortress (2006), Portal (2007), Flow (2006) y Passage (2008). Durante los próximos años el MoMA pretende incorporar a su catálogo videojuegos como Spacewar! (1962), Snake (1970), Donkey Kong (1981), Super Mario Bros (1985), The Legend of Zelda (1986) y Street Fighter II (1991).

Estos títulos han sido escogidos siguiendo el criterio de su “diseño interactivo”, según Antonelli, ya que se trata de un “campo que el museo ha explorado y coleccionado profusamente y es una de las expresiones más importantes de la creatividad contemporánea”.

Así, se ha atendido a aspectos como los escenarios del juego, sus reglas, sus estímulos e incentivos, su intención visual y estética, o el espacio y el tiempo en el que se desarrolla.

De este modo, los personajes y las aventuras que varias generaciones vivieron a través de una pantalla pasarán a convertirse en una pieza de museo, para probar que el arte también puede ser un juego.

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