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Padres y maestros: una alianza imprescindible

No se trata de una relación de "amigos", es un vínculo de trabajo cooperativo por el niño

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03 de abril de 2017 a las 05:00

Cuando empieza el año escolar a muchos padres les preocupa cómo será la relación de los niños con la nueva maestra. Por ello, la doctora Natalia Trenchi, psiquiatra de niños y adolescentes, opinó sobre el vínculo entre los padres y los educadores, un vínculo imprescindible para poder criar a los niños fuertes que queremos para este mundo complejo.

La gran mayoría de los padres pone muchas esperanzas en la trayectoria escolar de sus hijos, sin olvidarnos de la energía, el dinero y la dedicación que también deben invertir en ella. Hacen bien en hacerlo porque la experiencia escolar es muy importante en el desarrollo de los niños como personas globales y plenas.

Lo más importante que los niños se llevan cuando egresan, no son los conocimientos académicos sino una cantidad de destrezas emocionales, habilidades y estrategias de funcionamiento y confianza en uno mismo. De todo lo que pueden aprender en su primera experiencia de vida en la comunidad, una de las cosas más importantes es aprender a relacionarse entre ellos y con los adultos.

Por lo dicho, si los adultos damos buenos ejemplos los niños aprenderán naturalmente y eso les quedará absolutamente grabado en su "disco duro", a diferencia de lo que pasa con lo que se les dice en preciosos discursos (que los aburren infinitamente).

La relación entre padres y maestros no es una relación de "amigos", es un vínculo de trabajo cooperativo en una empresa muy valiosa: el niño.

Hay al menos tres pilares en los que asienta esta alianza:

a) La comprensión: lo primero que hay que comprender es que padres y docentes tienen roles diferentes. ¡Basta de pedirle a las maestras que traten a los niños como madres! No lo son. Y los niños necesitan recibir de las madres lo que es de las madres y de las maestras lo que les corresponde a su función. Las madres suavizan los obstáculos, mientras que la maestra los pone para enseñarle al niño a sortearlos. La madre cree descubrir una genialidad en cada producción de su hijo, mientras que la maestra tiene que evaluar a 25 o más. Y el niño necesita las dos funciones para crecer y madurar.

Es necesario comprender además que tanto padres como maestros son personas, lo que los vuelve imperfectos y vulnerables. Ninguno es perfecto, ni tiene la verdad absoluta.

b) La comunicación: es el puente que une y es de ida y de vuelta. Implica hablar y hacerse entender pero también escuchar sin prejuicios ni posturas defensivas. Por eso en las escuelas siempre deberían presentar a maestros y padres antes de empezar las clases. Los padres necesitan saber lo que espera y pide esta maestra y también necesitan saber cuál es la manera de comunicarse con ella. Es decir, no hay que asaltarlas ni a la entrada ni a la salida, y menos en el supermercado. Asimismo, está mal conocerlas solo porque hubo un inconveniente con el niño.

c) El respeto: es básico para que el vínculo se consolide. En primer lugar, tiene que existir el respeto hacia uno mismo que debería hacernos comportar de la mejor manera posible siempre. También respeto hacia el otro: un ser humano, un profesional de la educación, el maestro de los más importante: los hijos.

Más allá de que la maestra no caiga bien o no se esté de acuerdo en algunos aspectos, no hay que dejar de mostrar respeto. Ni frente al docente ni en su ausencia. En la misma línea, no hay que faltarle el respeto o desautorizarlo frente al niño, ya que es necesario que siga confiando en su docente y que aprenda tanto a defender posturas antagónicas de manera respetuosa como a sumar fuerzas en los acuerdos de trabajo.

Para que las nuevas generaciones respiren un aire emocional menos contaminado y tóxico, el cambio depende de lo que hagan los adultos en cada hogar, sin esperar que cambien solamente los demás. Para que las nuevas generaciones respiren un aire emocional menos contaminado y tóxico, el cambio dependen de lo que hagan los adultos en cada hogar, sin esperar que cambien solamente los demás.

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