La polémica acompaña al uso de la circuncisión como medio para frenar el contagio del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el Sida, una medida que han empezado a aplicar varias organizaciones kenianas apoyadas por el Gobierno.
Ya en abril pasado, el Ministerio de Salud inició una campaña que aseguraba que la circuncisión reducía las posibilidades de contraer VIH, lo que desató la polémica, pero para David Ojakaa, director de programas de la Fundación para la Investigación Médica de África (AMREF), la medida es útil y es partidario de aplicarla.
Nelson Otwoma, también de la AMREF, suscribe esa afirmación y añade que "la explicación radica en que se elimina la piel más blanda del pene, el prepucio, que es la más susceptible de sufrir infecciones porque tiene más receptores".
Sin embargo, en otros sectores sociales la medida no es bien recibida, ya que la circuncisión tiene connotaciones culturales y étnicas, que, por ejemplo, han llevado al Consejo de los Luos a rechazarla tajantemente.
Según su Consejo, "Uganda, donde el índice de hombres circuncidados es muy bajo, es el país puntero de la región en cuanto a medidas preventivas y Sudáfrica, que tiene una larga tradición de circuncisión, también tiene un porcentaje altísimo de VIH".
En cualquier caso, la circuncisión se sigue practicando en Kenia con medios muy precarios en algunas zonas rurales y, durante el mes de agosto, los Bukusu celebran una de sus fiestas más populares, en la que sirve de ritual para el paso de niño a hombre.
Este año, según la prensa local, dos médicos controlaron la esterilización de los instrumentos, aunque muchos de ellos compartieron la misma cuchilla, pues el control es difícil debido la precariedad sanitaria de sus comunidades.
Para Leonard Odini, de KANCO, debe ser una "medida preventiva complementaria a la educación, los métodos anticonceptivos y la formación", aunque, como los demás y el propio Gobierno, insiste en que "no se impondrá en ningún caso, pues es una decisión voluntaria".
(EFE)