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Por cuenta propia

Gabriela Pallares, directora del Estudio Gabriela Pallares de arquitectos, cuenta su experiencia como emprendedora

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28 de junio de 2013 a las 18:06

Se recibió de arquitecta en 1999 e inmediatamente comenzó a emprender junto a su colega Gustavo Bardavide. Para Gabriela Pallares la facultad solo enseña a ser “un buen empleado”. Por eso, desde estudiante decidió complementar sus conocimientos con cursos de management empresarial. Trabajó brevemente en relación de dependencia, pero nunca dejó de realizar proyectos propios.
Con la crisis del 2002 en puerta, su socio decidió emigrar y Pallares tuvo que reconvertir el emprendimiento para achicar costos. Hoy realiza desde reformas y obras de vivienda nueva a locales comerciales y empresas, y trabaja con marcas como Honda y Peugeot, entre otras.

¿Cómo evalúa el mercado en el que se desmepeña?

Está en pocas manos, pero las cosas hay que salir a buscarlas. A veces pasa que te gana lo urgente y no lo importante. Para ser emprendedor en este rubro te tiene que gustar estar fuera de la zona de confort, los desafíos y las carreras de resistencia.

¿Cuál fue el impacto de la partida de su socio?

Si bien nunca nos faltó trabajo, cambió el volumen, entonces no podía seguir trabajando con una infraestructura que demandara gastos fijos. Me acomodé para empezar a trabajar sola, pero asociándome con diferentes personas de acuerdo a la escala o al tipo de trabajo. Decidí trabajar de forma tercerizada. En la oficina puede haber una persona de tarde, viene el contador cada tanto, pero casi todos mis colaboradores trabajan afuera.

¿Cómo se sobrepuso de los momentos críticos?

En el camino nos fundimos dos veces y nos volvimos a levantar. En esas situaciones la tentación más grande es el empleo dependiente. Hubo que volcar mucho dinero no previsto, pedí préstamos, me endeudé, todo a costas de un sacrificio enorme a nivel personal y familiar. Mi marido, que también es arquitecto me dio una mano, ayudándome a aplicar los mismos protocolos que la empresa para la que trabaja. Eso nos ayudó a sanear.

¿Es un debe la formación empresarial en carreras como la suya?

Tal cual. Salís de facultad pensando que siendo buen proyectista las vas a ganar todas y la realidad es que los que tienen más trabajo son los que tienen mejor gestión de recursos humanos, de relaciones públicas y de administración. El proyecto eventualmente se puede delegar.

¿Qué cosas no delega?

La parte de atención del cliente y de administración de las obras no la delego. Ese es mi fuerte: el servicio. El cliente siempre va a tratar conmigo, busco dar una atención personalizada.

¿Cuál es su apuesta actual?

Estamos interesados en una evolución cualitativa; no me interesa tener 20 obras simultáneas.

¿Cómo se siente siendo una mujer líder en este mercado?

La discriminación no es solo un tema local, pasa a nivel global. Este negocio es a largo plazo, los que están en la cresta de la ola tienen 10 años más que yo. No hay casi mujeres de edad mediana, que tengan un emprendimiento propio y de arquitectura; sin embargo, en facultad somos más mujeres que hombres. Las elecciones familiares pesan mucho. Yo elegí avanzar en mi profesión a costas de relegar mucho en lo familiar. Le robás tiempo a tu marido y a tus hijos. De repente no tuve tantos hijos como me hubiera gustado o empecé más tarde porque me dediqué primero a mi carrera.

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