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Concursos, certamenes y juegos de preguntas: los formatos internacionales dominan la tv uruguaya

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¿Por qué las versiones uruguayas de formatos extranjeros dominan la televisión?

Las versiones uruguayas de formatos extranjeros dominan el prime time: las razones por las que conquistan al público y qué hay detrás de la llegada de estos programas

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25 de septiembre de 2021 a las 05:02

En la última década, pero con un marcado incremento en la segunda mitad de ese período, un tipo de programa domina buena parte del prime time de los canales abiertos uruguayos. Por fuera de los noticieros, el comando de los ratings lo tienen los ciclos de entretenimiento, ya sean los reality shows, las competencias o los ciclos de preguntas y respuestas, en versiones uruguayas de programas de probado éxito internacional.

Formatos franceses, israelíes, estadounidenses, holandeses, británicos. Algunos, como Bake Off (Canal 4), Trato Hecho (Teledoce) o La Voz, que Canal 10 estrenará en 2022, tienen como antecedente inmediato para el público local la emisión en los canales uruguayos de las versiones argentinas. Otros podían ser vistos a través de los canales de cable en adaptaciones más lejanas. Algunos pasaron con sus versiones uruguayas sin pena ni gloria, otros ya llevan años en la pantalla y un tercer grupo se ha estrenado en los últimos tiempos, pero ya tienen garantizados sus regresos para los próximos años.

Si bien los programas de concursos nunca fueron ajenos a la televisión uruguaya –Cacho de la Cruz ya lo hacía con El castillo de la suerte y El Show del mediodía, con su juego de las puertas, era lo suficientemente parecido al Let’s make a deal estadounidense como para pensar en una adaptación–, la cantidad de tiempo en pantalla que tienen ahora demuestran que hay una avidez de parte del público por este tipo de formatos, y una apuesta por parte de los canales por adquirirlos, adaptarlos y ofrecerlos.

MasterChef, seguido por Fuego sagrado, Got talent y Bake off, y la proliferación de los programas de concurso –Los 8 escalones, Pasapalabra, La ruleta de la suerte, ¿Quién quiere ser millonario?, El juego del año, Trato hecho, Poné play, Todos contra mi, entre otros–, marcan ese dominio, que por ahora pinta con mantenerse firme, y tiene más agregados a esa lista, con el anuncio de 100 uruguayos dicen en Teledoce y el estreno este próximo lunes de Sopa de letras en canal 4.

Este último, un programa de origen israelí, marca también una nueva etapa dentro de esta tendencia para la televisión uruguaya: el país se está convirtiendo en una puerta de entrada en la región para los formatos. Canal 4 es el primero en adquirir el programa por fuera de su país de origen (al punto que fue necesario importar desde Argentina la pantalla sobre la que juegan los participantes, y se desarrolló aquí el software necesario para el juego, ya que las diferencias entre los alfabetos hebreo y latino hacían necesario crear un nuevo sistema), y el canal plantea convertir el nuevo estudio inaugurado para el programa en un polo de producción regional, donde se puedan grabar versiones del juego para Argentina, Chile, Brasil o Paraguay.

Otro ejemplo: Fuego sagrado también fue la primera edición en América Latina de Grillmaster, y Uruguay fue en cierta forma un campo de prueba para el formato en la región.

Las razones del dominio

Detrás de este dominio hay una explicación relativamente sencilla: el nivel de cercanía entre el espectador y el concursante que ofrecen estos programas. Así lo plantea Richard Danta, magíster en Comunicación, docente de semiótica y profesor del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay. En ese tipo de programas “se presentan personas que no aparecen frente a la cámara de televisión haciendo un personaje, ya sea un personaje de ficción, como puede hacerlo un actor, o un personaje en el sentido público de la palabra, como puede ser un deportista, un cantante, un conductor, o incluso un político. Cuando estamos frente a un reality se supone que eso no existe, que la persona que está compitiendo es auténtica, que son ellas y que son de la misma manera en un plató y en su propia casa, con su familia, sus gente más querida. Ya ahí hay un puente bastante acogedor para lo que es la proyección de la audiencia. El razonamiento es: veo un programa en el cual están compitiendo personas que son como yo. Si esa persona puede participar y ganar, u obtener popularidad o cariño a través de la televisión, yo también lo puedo hacer”.

Según plantea Danta, esa cercanía se intensifica en el caso uruguayo. Ser un país con escasa población hace que las posibilidades de conocer a ese competidor, o de que potencialmente me lo pueda cruzar en la calle, en un ómnibus, en un bar, en el cine, o en cualquier otro lugar, sean más altas. Y eso genera una mayor autenticidad a esa proyección que el público hace sobre ellos. En definitiva, funcionan porque los que compiten son “gente como uno”.

Eugenio Restano, gerente de programación de Teledoce, también señala esa característica como uno de los factores de la popularidad de estos programas . “Esto es una tendencia mundial, que como tantas cosas en Uruguay demoran pero llegan. La gente busca en la televisión abierta algo que no puede encontrar en otro lugar, y estos programas, así como el vivo y la información, son el gran diferencial. Y también hay un cambio en las sociedades, cambiaron los gustos de consumo. La gente quiere verse al espejo en la pantalla”.

Iván Ibarra es gerente de programación de Canal 10, y por lo tanto, uno de los responsables de la selección de los formatos que llegan a la pantalla de esa señal. Desde su campo, Ibarra explica que cada vez es más complejo adquirir este tipo de programas, ya que se trabaja con tiempos de planificación cada vez más adelantados, además de que existen obstáculos, como los derechos de emisión para cada territorio. “Tenemos que estar revisando constantemente lo que está disponible para producirse, de forma de seguir estando vigentes ante el público”, explica.

Con un público que puede acceder a una oferta de entretenimiento cada vez más variada, y que está expuesto de forma casi permanente a estímulos diferentes, para los canales hacer este tipo de programas es una forma de mantenerse en el ruedo y estar a la altura de su competencia. Ibarra comentó que la decisión de empezar a producir estos formatos, y no solo emitir los enlatados extranjeros, responde a que “para seguir siendo una opción había que estar a la altura de lo que se veía en otras plataformas”. También dice que responde a una tradición del canal de generar este tipo de adaptaciones, y señala antecedentes como el de Bien de bien (conducido por Berugo Carámbula) y Sote (conducido por Alejandro Camino) en la década de 1990, que eran versiones de programas extranjeros como el argentino Atrévase a soñar.

Canal 4 comenzó el camino de producción de formatos algo más tarde que sus pares, pero también para ellos se ha convertido en el camino a seguir. Así lo plantea Ignacio Mazza, gerente de programación del canal. Señala que para el canal era inevitable comenzar este proceso, pero que la pandemia lo aceleró, además de que responde a un contexto de competencia intensa entre los canales en todos los días y horarios de programación, y no solo entre ellos, sino también contra otras fuentes de entretenimiento.

Peleamos por los minutos y los segundos de entretenimiento que la gente se da en su día. Puede ir al cine, al teatro, ver algo en Netflix, ver un partido de fútbol en VTV o ESPN, o entrar a un canal de aire. Nosotros competimos contra todas esas opciones. La televisión abierta tiene la ventaja de que está desde hace 60 años en las casas de la gente, entonces es muy común que se ponga un canal y quede ahí. Y después hay otra particularidad, que es uruguaya, y te lo digo como argentino, que es que acá no hay canales de noticias. Argentina es un país muy estresado desde la política, con cinco canales de noticias 24 horas, que te permiten, si vos querés, seguir estresándote. Acá por suerte eso no pasa, sino que la gente a las 19 horas pone el informativo para ver que pasó en el día. Y una vez que termina el noticiero, buscás distenderte. Lo que hoy estamos viviendo es una competencia para ver quien tiene el mejor contenido”, dijo Mazza.

Acogedores y familiares

Como demuestran las mediciones de rating, el público recibe las competencias y los concursos uruguayos de brazos abiertos. Danta encuentra tres razones por las que se ha generado un vínculo tan fructífero entre la audiencia y estos programas.

La primera está vinculada a que son formatos conocidos. Eso hace que lo importante no sea solo cómo se ejecuta aquí, sino ver cómo un uruguayo se maneja en ese formato. “Ese elemento predispone a una mayor identificación, o por lo menos el proceso de empatía y de identificación de la audiencia es más rápido. No tengo que descubrir la dinámica del programa, porque ya lo conozco”, señaló el docente.

Lo segundo es el componente de adaptación, esa mencionada posibilidad de que el concursante sea alguien como yo, al que puedo conocer personalmente o de forma casual. Y el tercero es el tipo de formato que se adapta.

Danta explica que “todos los programas que se han hecho de alguna forma son bastante acogedores a lo que es la sensibilidad uruguaya. En ellos hay competencia, entonces hay una capacidad, un talento, un oficio, un gusto o un hobby que se ve reflejado. No explotan los dramas, el conflicto entre participantes, sino que hay un mayor foco en la historia de la persona, en cómo llegó hasta allí, siempre tratando de limar los aspectos más complejos o los más trágicos, que si se mencionan se hace con respeto y cierta vaguedad. Obviamente se enfatiza la emoción pero también la superación pasada, o del proceso, o a futuro. Hay un cuidado por no explotar ciertas cosas, como sí pasa en versiones de otros países”.

Mazza considera que al momento de la selección de un formato, la primera variable en juego es que la billetera de cada canal pueda pagarlo. “Los formatos son muy caros, Bake Off es un formato muy caro, seguramente Fuego Sagrado de Teledoce también costó su plata, y Got Talent o La Voz son formatos carísimos”, comentó. El siguiente paso es ver si la propuesta cuadra con lo que se busca, con los conductores que tiene el canal, y con lo que pide la audiencia.

Desde Teledoce, en tanto, señalan que estos formatos se han hecho accesibles en los últimos tiempos para los canales, que ahora pueden invertir en programas que antes eran inviables para los presupuestos de la televisión uruguaya, gracias a que han reducido el gasto en “enlatados”.

Las series, películas o programas extranjeros ahora pueden verse a través de otras plataformas, por lo que ya no tiene sentido gastar tanto en ellos, y ese dinero se puede destinar a otro rubro. Otro factor clave es el aspecto comercial, con anunciantes que buscan mostrar sus productos en el programa.

“La tanda ya no es suficiente, y los enlatados impiden esa presencia”, señala Restano, que al igual que sus colegas, resaltan el entusiasmo que implica poder producir y generar estos programas a nivel local en contraposición a comprar versiones extranjeras.

Ibarra y Restano plantean que para que un formato sea adaptado en Uruguay, tiene que tener “éxito probado en varios países”, y que por eso los canales tienen que estar “atentos a lo que pasa” en el mundo para identificar las opciones de entretenimiento que se adapten a sus objetivos. Restano especifica además que “no quita que pueda aparecer un formato ‘tapado’".

"Ahí juega la experiencia, la intuición y el conocimiento del público. En Uruguay, por ejemplo, los contenidos que tengan algo de nostalgia siempre funcionan”, asegura.

La televisión abierta tiene que competir con las plataformas digitales, con el cable, con los streamers y hasta con las redes sociales por la atención de la audiencia. Si bien todos esos medios son complementarios, todos pujan por un rato del tiempo disponible del espectador. "Con estos formatos, la televisión se plantea entonces como una oferta que apunta a la experiencia familiar. A la sobremesa con el clan reunido frente a la pantalla para ver cierto programa. Y un programa de esta naturaleza es mucho más amigable para ese tipo de circunstancia de consumo que una película, una serie, o un programa humorístico o periodístico”, considera Danta.

“Un programa donde compite la gente en base a su talento o su capacidad, o su oficio, que presenta sus historias de vida pero con un cierto respeto de no ser invasores de esa experiencia, con casos como Got Talent, con participantes que abarcan todas las edades posibles, son programas que tengas la edad que tengas podés disfrutar. Y si de repente no es lo más disfrutable, te bancás un par de horas viéndolo con tu familia porque surgen favoritos y se comenta lo que va pasando. Son programas de fácil disfrute en circunstancias de socialización, y tal vez con una serie lo mejor es la experiencia solitaria, porque tenés que seguir un argumento, o una propuesta estética que no habilita la conversación”, agrega.

A eso se suma la cualidad participativa. Los concursos invitan al espectador a jugar en casa, emulando al competidor, mientras que los certámenes permiten elegir favoritos, con algunos directamente permitiendo la participación activa a través de la votación popular.

Según Danta, estos programas apelan a la historia del underdog. "Es la narrativa del que no es favorito, y que capaz no gana pero sí logra popularidad. Hay narrativas presentes en estos programas, y que no fueron creadas por ellos ni por el mundo de la ficción industrial, sino que son propias del Occidente. Que le dan verosimilitud a las historias de vida e incrementan mi involucramiento empático con esa persona, y mi inmersión en la propuesta del programa”, concluyó.

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