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Los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York

Opinión > COLUMNA/EDUARDO ESPINA

Que 20 años no es nada…

Parece ayer, pero pasaron ya dos décadas del día en que el mundo cambió para siempre 

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11 de septiembre de 2021 a las 05:03

Al volver a la universidad de Salamanca tras pasar cuatro años preso en la cárcel de Valladolid, Fray Luis empezó su clase diciéndoles a los estudiantes: “Como decíamos ayer”. Ayer, quiero decir, la noche previa al 11/9/2001, decíamos otras cosas del mundo. Aunque en verdad, ya no hablamos de ayer cuando mencionamos la histórica fecha en la que la lógica del mundo se vino abajo junto con dos rascacielos. Seguimos estando en ella, y ella en nosotros. Es una fecha designada a permanecer. Primero, porque trajo un relato nuevo a la forma de relacionarnos con la realidad. A pocos días de cometido el ataque terrorista, Don DeLillo, que poco tiempo antes había escrito Underworld (Submundo, 1997), una de las últimas obras maestras del siglo pasado, vaticinó que con las imágenes de la destrucción originadas ese día había muerto la ficción, tal como la teníamos entendida. Por consiguiente, la literatura no volvería a ser escrita de igual manera. La profecía de DeLillo se ha cumplido. Si bien la novela no murió, es un género moribundo en cuanto a innovación. Las novedades que vienen de ahí son casi nulas. Nada más que más de lo mismo. Su lugar de importancia literaria ahora lo ocupan el ensayo y la poesía, reina de trono eterno. También el cine ha tenido serias dificultades para abordar la problemática estética vinculada a los hechos catastróficos del martes que parece ayer nomás. A las pruebas me remito. Sobre el ataque terrorista no se han filmado muchas películas y apenas dos han conseguido replicar con dramatismo fidedigno lo ocurrido en aire y tierra: Las torres gemelas (2005) y United 93 (2006). Así pues, el 11-S motivó la búsqueda urgente de nuevas formas de encarar la ficción. Auspició asimismo un relato intransferible sobre lo ocurrido a las víctimas, a ellas y a quienes fuimos testigos indirectos de lo sucedido, aunque no tan indirectos, pues han sido tantos los replays de dos de los aviones al estrellarse, que terminamos creyendo que estábamos ahí cuando la historia vino a decirle al mundo que mirara. La ilusión de simultaneidad presencial fue notable.

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