El 2 de noviembre, Ida Vitale cumplirá 98 años. Sigue como si nada, viajando con la imaginación a donde las palabras la lleven. William Shatner tiene 90, y va de ida sin Ida al espacio, el próximo martes 12 de octubre, tras haber aceptado una invitación del millonario Jeff Bezos. El legendario actor voló mucho al espacio, pues entre 1966 y 1969 fue el capitán James Tiberius Kirk, líder de la expedición USS Enterprise, personaje ficticio de la serie televisiva Star Trek, cuya frase más famosa es: “Ve con valentía a donde ningún hombre ha ido antes”. Shatner se convertirá en la persona más vieja en salir al espacio, superando a Mary Wallace Funk, alias “Wally”, quien tenía 82 cuando el pasado 20 de julio de este año formó parte de la misión NS-16 de Blue Origin. Cuando le dijeron que se quedara tranquilo, que el viaje durará solo 11 minutos, Shatner respondió: “¡Cuando uno tiene 90 años, 11 minutos pueden ser mucho tiempo!”
El espacio está de moda, pero su conquista sigue siendo una asignatura pendiente. Cuando el hombre llegó a la Luna el 20 de julio de 1969, supusimos que el espacio era algo de ahí nomás, como bien cerquita, y que vendrían pronto odiseas espaciales, que planetas distantes serían visitados y colonizados. Pasaron años desde esa hazaña de la inteligencia humana y poco progresaron los viajes espaciales tripulados. La Luna sigue siendo el único lugar fuera de la Tierra donde el hombre ha caminado. Ahora, digo a partir de este 2021 que iba a ser de pospandemia, pero que hasta ahora no pudo acceder al prefijo, el espacio ha cobrado renovada importancia debido a la nueva carrera espacial que han iniciado varios billonarios notorios, a saber, Richard Branson, Elon Musk y el ya citado Bezos, propietario de Blue Origin, empresa de transporte aeroespacial fundada en 2000 y que hasta ahora se ha destacado por los vuelos privados al ancho espacio que no es de nadie, ni siquiera del puñado de billonarios empeñados en ganarle a la NASA la carrera por la conquista espacial. Puesto que la Tierra les parece cada vez más pequeña y los viajes a confines secretos dejaron de ser alimento del turismo exótico, el espacio es la meta actual. Pero, ¿adónde en el espacio? Por el momento, mientras la tecnología no consiga los objetivos de perfección anhelados, se trata solo de dar una vueltita corta y volver. Tampoco es cuestión de complicarse demasiado, no vaya a ser que un accidente termine arruinando todo.
Sin embargo, aunque los tres mosqueteros de la abultada chequera galáctica, Branson, Musk y Bezos, envíen señales de su poderío multiplicando los viajes al espacio en un corto período temporal, ninguno de ellos puede considerarse pionero en este asunto de ir y volver por su cuenta, sin intervención de la NASA y de su avanzada tecnología. Del primero en lograr la hazaña, pocos se acuerdan. El primer turista espacial de la historia se llama Dennis Tito, un excéntrico ingeniero, hoy de 81 años, quien el 28 de abril de 2001 despegó del Cosmódromo de Baikonur, Rusia, y volvió a la Tierra nueve días después, el 6 de mayo. En 1969, al pisar la Luna, Neil Armstrong dijo que era “un pequeño paso para un hombre”. Tito, que apenas pudo moverse dentro de la estación en órbita, dio un paso chiquitito. Para eso tiene el apellido en diminutivo. Sin embargo, para él fue una experiencia gigantesca. Sus primeras palabras al regresar del viaje a la posibilidad fueron: “Vengo del paraíso”. Con Tito contentito, miles de viajeros del mundo que no quieren padecer en jets comerciales el síndrome de la clase turista comenzaron a ver con alegría la posibilidad de viajar al espacio en una excursión, costosa, sí, pero no hay que olvidar que el paseo incluyó alojamiento y comida.
Tito fue al espacio y volvió. Veinte años después de su odisea espacial les dice a los billonarios de hoy: yo fui el primero. La tendencia actual solo sirve para confirmar que el sueño de la conquista espacial sigue vigente. Los extraterrestres visitan la Tierra, y los de acá se van a otras partes. Según parece, las partes que tiene nuestro planeta no son suficientes. De allí la tendencia en aras de una visión ineludible y de alteridades reales: se ha puesto de moda el turismo cósmico, que de cómico no tiene nada aunque la gente se haya reído de Dennis Tito cuando dijo que pagaría una fortuna a quien lo llevara a pasear entre galaxias. Cumplió su palabra y pudo. Tuvo en mente una obsesión y por cumplirla circunvaló la Tierra en 90 minutos, como si fuera un partido de fútbol: una idea redonda. Alcanzó su objetivo de sacar fotografías y documentar pensamientos y sentimientos con mirada omnisciente, intermediaria del embeleso y de las mejores consecuencias en órbita. No cualquiera puede mirar tan lejos y ver.
Convertido por don (de) dinero en transitorio astronauta, doble circunstancial de Gagarin (y no porque estuviera gagá cuando viajó), Tito anduvo por el espacio y tomó fotos sin tomarse las cosas con demasiada gravedad, para qué, si flota en dinero. En tanto Cristóbal Colón tuvo que pedir dinero prestado para poder convertirse en el primer turista en pisar América, el ingeniero estadounidense debió pagar millones a los rusos, quienes después de la Mir aceptaron a Mr. (Tito), caso de rima perfecta: visionario y millonario. Si no es el Chase Manhattan o Bill (que en español significa billete) Clinton (quien les prestó muchos billetes a los rusos), es Tito dándoles a estos un puñado de dólares, que para la NASA fue un puñetazo. Después de haber ido, Tito volvió sano y salvo. La revancha de Ícaro estuvo librada de inconvenientes. Las fotos, no las que él sacó sino las que sacaron de su cara (es un hombre tan abierto que hasta de la cara se dejó sacar fotos), lo muestran feliz. Tito y la felicidad son compatriotas. Si la llegada a la Luna fue un pequeño paso para un hombre y un gran paso para la humanidad, el de Tito fue un gran paso para un hombre millonario, aunque no caminó pues pasó los ocho días sentado, acalambrado porque los músculos en el espacio se atrofian y los huesos chorrean calcio. Con el viaje alcanzó una meta lírica que pagó con dólares y no metáforas. Después del mariscal Tito, de Félix Tito Trinidad y de Tito Jackson (uno de los Jackson Five), apareció el último llamado así, viajando entre galaxias pero sin ver nada tan raro como el otro Jackson, Michael, a lo sumo la Tierra convertida al tamaño de un lunar en la espalda. El asombro ya no toma a nadie por sorpresa ni siquiera a quien lo siente.
Pionero entre millonarios, Dennis Tito no fue tampoco el primer turista espacial. La verdadera pionera fue la perra Laika, la cual en 1957 contra su voluntad dio una órbita al planeta y se quedó allí, encantada como buena can fox terrier que era. Laika y Tito tuvieron la misma imagen espectacular y panorámica de la Tierra, vista con náusea desde las alturas. Tito no tuvo nada de Laika, salvo su novia que dijo ser laica y quien solo cree en el Dios del dólar: In God We Trust. Con la ayuda de Dios y del que está en los dólares, Tito fue por ocho días inquilino del aire justo donde este falta. Al séptimo día descansó y al siguiente regresó. Robinson Crusoe de la mirada, Tito alcanzó un objetivo poético basado en los parámetros de lo increíble. Afortunada y amateur visión que pudo contemplar sus alrededores más allá de las intemperies aún sin conquistar por ningún tipo de frontera próxima al big bang y prójima del fiat lux.
Así pues, la geografía solar, la inmensa comarca de lo celestial, es lo que hoy despierta interés. Los cruceros al Caribe resultan insuficientes para cumplir los anhelos de diversidad de la imaginación. Por eso en breve, cuando los chinos comiencen a ofrecer excursiones al espacio, la Luna será lo que fue Cuba durante el gobierno de Fulgencio Batista; una isla aérea donde las fantasías de los turistas podrán cumplirse a cualquier costo y con solo subirse a una nave. El aburrimiento justifica muchas cosas, incluso el riesgo que todo nuevo entretenimiento trae consigo. Lo sabemos: Las Vegas II estará en el desierto deshabitado del cosmos. En 2001: Odisea del espacio había un hotel Hilton orbitando la Tierra y en el presente muchos planean iniciar el alojamiento interplanetario (los japoneses quieren construir el primer cinco estrellas espacial, el cual, como todas las cosas suyas, tendrá poco espacio).
La Tierra comienza a quedarles chica a los turistas valiosos, y valiosos son aquellos que pueden gastar dinero para paliar el aburrimiento que ni siguiera Netflix consigue paliar. Dennis Tito, que pagó US$ 20 millones por tan pocos días en el espacio, resulta más (importante) que los muertos, quienes también pueden viajar rápido y barato, ya que por US$ 6.000 cualquiera tiene derecho a poner sus cenizas en órbita, llevadas al espacio por un cohete funerario. Pero los turistas importantes, como William Shatner, vuelan en cohetes de vida, pues sentarse en un avión junto a otros 300 pasajeros quita exclusividad a la experiencia de viajar a contramano entre las nubes. Además, el mundo, que ya era chico, ahora lo es cada vez más. La Tierra, con sus ríos, montañas y playas donde las mujeres andan topless, se ha empequeñecido. Ya hemos fotografiado a los sitios exóticos y no tan remotos demasiado.