2 de mayo de 2013 18:36 hs

"Para que no gane el caballo del comisario vote la lista 1980”, decía uno de los volantes que se repartían por Montevideo en los días previos a las elecciones en el sindicato municipal. El rechazo a la línea de conducción implementada por los comunistas en el gremio y su afinidad con la intendenta Ana Olivera (integrante del mismo partido) tuvo efecto y los sectores radicales de Adeom lograron echar por tierra las mayorías dentro del Ejecutivo de ese sindicato.

Los resultados (ver recuadro) son un golpe duro para el oficialismo, pero también para el gobierno departamental porque el escenario de confrontación que se había atenuado está listo para reavivarse. Los comunistas perdieron terreno y la conducción del sindicato que hasta ahora estaba en manos de Camilo Clavijo y Emiliano Planells cambiará de manos.

El bloque radical integrado por tres listas lideradas por los dirigentes Álvaro Soto, Aníbal Varela y Elena Lequio, que hasta ahora tenía seis de los quince cargos, logró hacerse de otros tres lugares que le permiten tener la mayoría. Si bien en cada elección estos sectores votan por separado, una vez en el gobierno tejen alianzas para radicalizar su postura contra la administración municipal.

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“La votación dejó claro el castigo contra la lista 2011 (oficialista). Perdieron tres cargos y casi 700 votos. La gente apoyó otra visión del sindicato. (…) No hay duda que vamos a cambiar la forma de pararnos frente a la intendencia. Tenemos una visión muy distinta y no vamos a cambiar la forma de pensar ahora que tenemos un respaldo mayor”, dijo a El Observador el dirigente de la lista, Pablo González, que integra la corriente afín a Soto.

El nuevo Ejecutivo asumirá en aproximadamente diez días y ahí comenzarán las negociaciones para definir quiénes ocuparán la secretaria general y la presidencia del sindicato, que son dos cargos claves. Fuentes sindicales consultadas por El Observador expresaron que “lo más natural” sería que estos cargos sean ocupados por Aníbal Varela y Álvaro Soto. Ese fue el criterio utilizado en las dos elecciones donde la tendencia de ultraizquierda resultó ganadora.

La conducción de Soto y Varela se caracterizó por los continuos encontronazos con el gobierno municipal. Una de sus expresiones más fuertes fue en 2010 cuando el gremio impulsó una huelga entre los funcionarios del sector limpieza. La acumulación de basura en la ciudad llevó a que la intendenta Olivera pidiera al Poder Ejecutivo que decretara la esencialidad de los servicios a cinco meses de haber asumido el cargo.

Pero el panorama cambió cuando la corriente moderada (comunistas, emepepistas y frenteamplistas independientes) se hizo cargo del sindicato y Olivera logró alinearlos con la gestión municipal. Una de las primeras señales fue el consenso alcanzado para la firma de un convenio laboral después de 10 años, y que entre sus puntos incluyó una cláusula de paz sindical por la que los trabajadores se comprometieron a no afectar la salubridad de la población cuando se tomen medidas.

Su validez fue cuestionada por los sectores radicales. El convenio debía ser evaluado por una asamblea que se suspendió por incidentes en marzo de 2012. Pocos días después la dirección del sindicato hizo valer su mayoría y convocó a un plebiscito que terminó aprobándolo.

“Vamos a hacer valer lo que los trabajadores dijeron en las urnas. (...) La gente no quiere un sindicato que sea parte de la administración. La gente votó por un sindicato que sea independiente de cualquier gobierno”, afirmó González.

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