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Rituales de conquista virtual: ¿las redes sociales cambiaron la forma en que nos relacionamos?

Las redes sociales se convirtieron en la herramienta más extendida de seducción. ¿Cambiaron los códigos de conquista en la frontera de la virtualidad?

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15 de agosto de 2021 a las 05:00

Si Florentino Ariza tuviera que conquistar a Fermina Daza en 2021, no lo haría con cartas de amor. Aquello de escribir largas misivas con el corazón en la mano quedó en el realismo mágico de las páginas de García Márquez. La seducción, en cambio, sigue siendo un juego de todos los días; solo que ahora las cartas de amor se transformaron en DMs (mensajes directos) y emojis con forma de fuegos en las historias de Instagram.

Las relaciones, sobre todo en pandemia, se juegan cada vez más en el campo de la virtualidad y las redes sociales. ¿Han cambiado las formas de conquistar? Vivimos en una época donde es tan fácil aprobar o descartar a alguien solo con deslizar un dedo en la pantalla de nuestros teléfonos.

"Antes era mucho más común el levante cara a cara, ahora casi que no existe, entonces las redes sociales son fundamentales", dice Belén, de 20 años (ndr: los nombres de los "usuarios" consultados fueron modificados), y sostiene que es una alternativa "más fácil" para la gente tímida, aunque advierte que en la virtualidad "no todo es lo que parece".

El psicólogo Roberto Balaguer se especializa en estudiar los cambios que el advenimiento de Internet y las redes sociales han generado en la población. Según él, las plataformas han contribuido a eliminar los tradicionales intermediarios en la formación de parejas. 

“La ventaja es no limitarse al 'conocido del conocido' y ampliar el alcance a otras esferas. La mala es que trasladamos una carga importante a nuestra identidad digital para parecer de cierta forma, que es una construcción artificial”, dijo Stephanie de 27 años a El Observador, y sostuvo que hay una “personalidad digital” que se aprueba o desaprueba antes de vincularse con la persona detrás del perfil de Instagram. En este sentido, Balaguer sostiene que existe una presión sobre las identidades digitales de las personas. ”Hay una serie de parámetros que se han ido generando como experiencia que hacen que las personas elijan determinados contextos que las hacen más seductores, lo cual también genera un presión porque hay una mayor competencia", sostiene.

Diego, de 35 años, asegura que es más accesible contactar con personas gracias a la inmediatez de las redes sociales, ya que (casi) todos tienen una cuenta en alguna plataforma, pero señala que generan la ilusión de "conocer al otre" e identifica que puede haber un retroceso en las capacidades de relacionamiento interpersonal. "Las redes tienen sus propias reglas y mecanismos de funcionamiento. Y no dar con ésos parámetros puede ser muy frustrante. Sobre todo cuando se muestran, en la actualidad, como los únicos medios para dicha actividad".

Javier, de 26 años, dice que prefiere la conquista presencial pero asume que si es online se da la posibilidad de tener información sobre la otra persona antes de hablarle. "También te lleva al descarte rápido", comenta. En este sentido, la psicóloga Victoria Marichal, especialista en sexualidad, advierte que hay que "estar atentos" para no entrar en dinámicas de "uso y descarte" en las redes sociales. Señala que en una época donde el deseo no necesariamente va unido al amor puede haber una tendencia a banalizar o menospreciar cualquier vinculo o deseo. 

Hay personas que mantienen relaciones románticas o de amistad, o de cualquier índole, que son exclusivamente virtuales. "Me parece que son un mundo de posibilidades y oportunidades distintas para los distintos tipos de personas. No creo que una cosa sea mejor o peor que otra, creo que depende de lo que cada persona necesite. Sí creo que es una herramienta a la que hay que tenerle respeto y hacerlo con responsabilidad", dice Marichal a El Observador.

Paula, de 35 años, también considera que la virtualidad modificó la forma de conquista. “Hay gente que se queda en la virtualidad y se siente más cómoda. No es mi caso. Pero sí reconozco que te permite tener vínculos con gente con la que no te irías a tomar un café. Y hasta logras un grado de confianza y conocimiento por eso, justamente”. 

Según un informe publicado en enero de este año por la agencia We are social, en asociación con el especialista de redes sociales Hootsuite, el 53% de los habitantes del planeta poseen una cuenta en una red social, una cifra que aumentó en un 2020 marcado por una explosión de la actividad digital debido a la pandemia. En promedio cada uno usa unas ocho redes sociales de las que encabezan Facebook e Instagram entre las primeras. Tinder además se posicionó como la aplicación en la que los usuarios gastan más dinero.

Los testimonios y experiencias de los uruguayas y uruguayos consultados para esta nota surgen de un espacio de intercambio generado especialmente para este fin. De los 20 solteros entrevistados, de entre 20 y 35 años, el 90% respondió que usa Instagram “para levantar” y aseguran que les ha funcionado. Para la mayoría la interacción en redes es el primer paso para empezar a hablar y verse personalmente, aunque algunos reconocen que usualmente la interacción queda circunscripta al “sexting”, el intercambio de conversaciones, fotos y videos de contenido sexual.

Si bien Instagram parece ser la herramienta favorita para la conquista, algunos comentaron que han usado otras redes como Twitter o Snapchat para coquetear. Sin embargo, el 50% nunca usó aplicaciones de citas, mientras un 20% sostiene que las utiliza habitualmente. Javier, de 26 años, considera que hubo cierto “tabú” vinculado al uso de estas apps. “Al fin de cuentas es un elemento más. No dejamos de ser personas que podemos empatizar o no con quien hayamos salido, sea de Tinder o de otro lugar”. En tanto Franco, de 22 años, confiesa que siempre pensó en descargar Tinder o alguna aplicación similar, pero lo que lo frena es la posibilidad de que alguien que conoce se encuentre con su foto en la plataforma. “Viste cómo es...”, agrega al final.

El ritual de cortejo virtual

Cada generación crea sus propios códigos de relacionamiento. Las redes dejaron eso en claro y el "¿estudiás o trabajás?" de otras generaciones se transformó en una solicitud de amistad. La danza de apareamiento virtual es un juego de estrategia y la cosa va más o menos así, según ilustraron los entrevistados: agregar a la otra persona, esperar que te acepte, poner me gusta en algunas fotos, responder a sus historias, agregarle a la sección de "mejores amigos" –donde las historias sólo las pueden ver quienes la integren–, mandar un mensaje directo e incluso dejar de seguirlo para volver a seguirlo nuevamente y que vea la notificación.

Y así, dice Mariano, de 29 años, el usuario termina pensando durante horas si tendría que haber respondido a la historia con un fuego, un corazón o un emoji acalorado. Si la chica en cuestión lo eliminó de sus mejores amigos o si debería ponerle un "me gusta" en una foto de 2018. Parece que la posibilidad de hablarle personalmente, aunque sea su compañera de trabajo, está fuera de la mesa.

Balaguer remarca la trascendencia que tiene el pequeño corazón del "me gusta" en las redes. "En algunas investigaciones el ingreso a las aplicaciones de pareja no solo está vinculado con las ganas de tener un vínculo o de tener una cita, sino también de validarse. Hay una validación social que está dada por los me gusta".

Cara a cara: volver a encontrarnos después de la pandemia

Los psicólogos coinciden en que, para las personas que tienen altos niveles de ansiedad o timidez, el vínculo virtual es una herramienta. "Está estudiado que ayuda a aquellos que son más sensibles al rechazo a poder interactuar. Se hace más fácil", sostiene Balaguer. Pablo, de 22 años, valora que una de las ventajas de las relaciones en redes es que "no pasás vergüenza si no te dan bola y podés borrar el mensaje". Pero advierte que, por otra parte, pueden "generar inseguridades". 

Marichal advierte que las redes también abren la posibilidad de evitar el encuentro personal. "Generamos acostumbramiento a hablar con alguien por redes sociales sin vernos en persona, y nos implica mucho menos lenguaje no verbal y expresión. Después, cuando tenemos que exponernos a eso, nos genera dificultad". 

La psicóloga señala que, si bien las redes funcionaron como un salvavidas durante el distanciamiento en las primeras etapas de la pandemia, se empiezan a notar algunas consecuencias negativas. "Ahora tengo que volver a salir a exponerme al mundo, ¿y qué implica? Que tengo que reaprender algunas habilidades sociales que hace dos años que no manejo. Y en la dinámica del relacionamiento sexoafectivo eso juega un montón", comenta, y señala que es un tema que trata en consulta. "Es como si estuviéramos haciendo algo por primera vez".

Hay quienes, como Paula, reconocen que “definitivamente” usaron más las redes sociales con estos fines durante la pandemia. Otros, como Belén de 20 años, explican que las usaron lo mismo, pero que en este contexto el vínculo se mantiene de forma virtual, cuando antes quizás se prestaba para salir a tomar algo. Pablo, en tanto, contó que una de sus experiencias durante la pandemia fue encontrarse con alguien que a la semana dio positivo de covid-19. "Increíblemente, la había contagiado la madre después de verme, entonces no tuve que testearme", comenta.

Mariana, de 26 años, señala que las redes dan más herramientas para conocer gente en épocas de pandemia, pero que lo importante es el trato entre personas. "Para las relaciones la química es esencial y muchas veces se disfraza en la tecnología, porque tenés tiempo para pensar tus respuestas, porque podés actuar como crees que deberías y hay cosas que son irremplazables".

Ghosting y orbiting: el bloqueo de la responsabilidad

"Hablábamos todos los días por mensajes, llegamos a encontrarnos en un bar y cuando arreglamos un segundo encuentro desapareció. No me respondió más en ninguna red, los mensajes, ni las llamadas. De un momento al otro fue como que se lo tragó la tierra", recuerda Ana Clara, de 27 años. "Borrarse" ahora tiene un nombre: ghosting

El vínculo virtual propició fenómenos que, si bien podrían suceder en una relación "tradicional", son mucho más frecuentes en la red. El ghosting, que viene de "fantasma" en inglés (ghost), tiene que ver con esa actitud de desaparecer. "Venimos estableciendo un vínculo, venimos teniendo comunicación fluida, y de un día para el otro la persona deja de contestar, de escribir, desaparece sin dar explicaciones", explica Marichal.

Por otro lado, la psicóloga señala que el orbiting (que podría traducirse como "orbitando" del inglés) va un poco más allá. "Esa persona desaparece y deja de responder, el vínculo cambia y no te da ninguna explicación, pero sigue estando presente: reacciona a una historia, pone un "me gusta" en una foto o manda un mensaje cada tanto", señala.

"¿Qué motivos podrían llevar a una persona a hacerlo? Un poco los que ya manejamos: no sé cómo decirle, no se como explicarlo, no me gusta más. La falta de comunicación", dice Marichal.

La responsabilidad afectiva es un concepto que, a la luz de los fenómenos mencionados, ha tomado relevancia, y Marichal señala la importancia de no banalizarlo. "Antes los matrimonios eran arreglados por conveniencia, te casabas muy joven y tenías que pasar toda tu vida con esa persona. Hoy nos liberamos de eso, podemos tener más vínculos, salir con más personas, pero esto también llega de la mano de nuevas problemáticas", sostiene la psicóloga, y habla de la creación de "vínculos neoliberales" de rápido descarte coincidentes con el concepto de amor líquido que tanto hemos escuchado desde Zygmunt Bauman y su análisis del mundo globalizado.

¿De qué se trata la responsabilidad afectiva? Básicamente, de respeto y el cuidado por la otra persona, algo que debería ser clave en cualquier forma vincular. "Ahora parece que si tenemos un vínculo casual no nos debemos nada, y no hablamos de deber pero sí de cuidado y afecto. En un vínculo siempre hay afectividad más allá de que sea casual". 

Marichal reivindica la posibilidad de "poner el afecto arriba de la mesa y desenmarcarlo de lo que conocemos como el amor romántico". Se trata de mantener el cuidado y el cariño más allá de la plataforma o la forma que se elija para vincularse. "A veces las redes sociales permiten desechar a una persona mucho más fácil porque no lidiamos con las consecuencias emocionales que eso tiene. Pero del otro lado igual hay una persona y eso le puede estar generando efectos", advierte. 

"En un momento de mi vida usé indiscriminadamente las redes con el fin de conquistar, con el objetivo de generar relaciones sexoafectivas. De verdad funcionó. Hoy creo estar en otro momento y elijo no generar vínculos amorosos a través de esos medios, por ahora trato de ser más cuidadoso con las personas con las que tengo contacto", sostiene Diego, de 35 años. 

Por otro lado, si bien no deberíamos tener que tomar ciertas precauciones a la hora de encontrarse con alguien luego de conocerse de forma virtual, la realidad indica que indispensable.

¿Qué precauciones se pueden tomar? Encontrarse en un lugar publico, pedirle otra red social para verificar que realmente sea la misma persona, hablar por teléfono o videollamada antes de verse personalmente, avisarle a un amigo o amiga dónde vas a estar y con quién, o compartir tu ubicación durante un tiempo.

El terreno de la seducción se desdobló y adquirió un frente virtual que cada vez avanza más rápido. Será una decisión personal levantar la vista de la pantalla del celular o no.

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