13 de agosto 2021 - 10:44hs

Okupas nació en su propia lógica: como un producto marginal, fabricado para acomodar una deuda que Marcelo Tinelli tenía con el Estado argentino. Se estrenó en octubre del 2000 en el canal 7 y, al poco tiempo, esta serie de apenas once capítulos pasó a convertirse en historia, en un pedazo de la realidad callejera argentina que, en ese entonces, cada vez era más frecuente y que iba a encontrar su estallido final en la crisis económica del 2001. Okupas fue, en algún sentido, un vistazo a la tragedia venidera, a la fragmentación de un sueño aspiracional que se estrelló contra el suelo y se hizo pedazos.

En ella aparece Ricardo, un veinteañero –Rodrigo de la Serna, en el rol que lo catapultó– desencantado con su vida socioeconómicamente estable, abandona la Facultad de Medicina y acepta el ofrecimiento de su prima de custodiar un caserón enorme y abandonado que están por rematar. Entre la mugre del lugar, una Buenos Aires que empieza a caer en la desidia, algunos encontronazos con vecinos y ciertos enemigos temibles y patéticos que se aparecen en el camino, Ricardo se mete en un universo que lo succiona y le saca la inocencia, la desfachatez, la soberbia y, a veces, lo tapa de miedo. Pero que también le regala tres amigos de fierro con los que empieza a entender, al final, lo que de verdad significa tener una familia.

La vigencia de esta serie es sobrenatural. Bruno Stagnaro, su creador, demuestra que las intenciones narrativas y estéticas que ya había adelantado en su genial debut en el cine, Pizza, Birra, Faso –junto al uruguayo Adrián Caetano– no habían sido fortuitas. Esa película de 1998, hito del nuevo cine argentino, de registro sucio, casi documental y punto de partida para el género “marginal”, le lega a Okupas un ritmo ajeno a los cánones de la televisión y que se aferra a los ratos muertos, que no se apura en la construcción del sentido, que apuesta a su originalidad. La serie no es perfecta, obviamente, pero logra algo que es muy difícil de conseguir y que varias producciones del presente envidiarían: la familiaridad, la cercanía absoluta con lo que sucede en pantalla, con estos amigos que se cuidan las espaldas y campean la vida a los tumbos. Sobre ellos, con ellos, Okupas se mete en el corazón de manera instantánea.  Así, la amistad es todo en esta serie. Entre el Pollo, Ricardo, Walter y el Chiqui hay amor puro, el que nace de la nada y se construye a pesar de la adversidad, el que resiste los golpes y hace mejores a sus partes.

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El Chiqui, el Pollo, Ricardo y Walter

Otra clave del éxito de Okupas, en su momento, fue la música. Cargada originalmente de las canciones de los Stones, los Beatles, Charly y las distintas formas musicales de Spinetta, para esta remasterización que ahora se puede ver en Netflix la producción debió cambiar el plan, ya que los derechos actuales de esos temas se habían ido a las nubes. Por eso mismo invitaron al músico Santiago Motorizado, líder de la banda platense El mató a un policía motorizado, a que le pusiera voz y guitarra a esta nueva etapa. Y vaya si fue un acierto, porque su música va en consonancia con la épica callejera que Okupas despliega. Canciones como Día de los muertos terminan de poner a ciertas escenas de escape entre el alcantarillado bonaerense en un top 10 de lo que se puede ver este año. Sí, una escena que fue filmada en los 2000.

Se ha escrito mucho sobre Okupas en las últimas semanas del otro lado del Río de la Plata y tiene sentido, ya que esta vuelta ha significado una revolución. Los actores han vuelto a hablar de la serie en entrevistas, las cuentas que la homenajean se multiplicaron y la cultura de la serie se catapultó. El amor por Okupas se mantuvo aun en los momentos más oscuros, cuando se la podía ver en Youtube en una calidad pésima, y se volvió exponencial en las últimas semanas.

El autor Fabián Casas fue uno de los que decidió escribir sobre ella, 21 años después. Él, que escribe muy bien, resumió el fenómeno en una columna de ElDiario.Ar: “Los personajes de Okupas son inestables, lo cual los vuelve inquietantes. El grupo de amigos principal se está peleando cada dos minutos y al rato se aman otra vez. Pueden ser hostiles, bravos, buenos, cínicos e intensos y sin embargo cada uno es una singularidad. Okupas no es solemne, tiene gags geniales. La solemnidad te liquida. Stagnaro no juzga a ningún personaje. ¿De dónde sacó a la Turca? Esa mujer que es una mezcla de Gran Hampa de Hijitus y la madriguera de Kafka, encerrada detrás de una pared y hablando y fumando, a la que apenas vemos por un hueco del tamaño de un ladrillo. Qué estupidez pensar que la realidad es algo estable y se puede asir, que se puede ser realista cuando estamos en un planeta que gira en el espacio negro e infinito”. 

Okupas se estrenó en 2000

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