5 de octubre de 2017 5:00 hs
Javier Lyonent
Especial para El Observador

Era un sueño. Ver a The Who en vivo. Ya no en Uruguay, al menos en Argentina. Una ilusión que parecía haberse desvanecido en febrero de 2007, cuando la anunciada primera gira sudamericana de la banda fue cancelada. Fue la potente inercia de Rock in Rio y la articulación con Guns'N'Roses–chirriante pero inteligente- lo que hizo posible que Pete Townshend y Roger Daltrey bajaran a Sudamérica por primera vez en sus 55 años de carrera musical, los últimos 53 como The Who. Tres shows en Brasil, uno en Chile y el último en Argentina el domingo pasado, en una fría y lluviosa noche de la primavera de La Plata.

I Can´t Explain abrió el espectáculo bajo una llovizna fría, que parecía incomodar al guitarrista de 72 años y el cantante de 73. Escrita por Townshend a sus 18 años –"y medio", aclara él-, I Can´t Explain es el primer simple editado por The Who. En una semana cualquiera de abril de 1965 peleó en el Top 10 con Ticket to Ride (Beatles), The Last Time (Stones), The Times They Are-Changin' (Dylan), For Your Love (Yardbirds). Pavada de contemporáneos. El tema suena igual que hace cinco décadas: la agresiva guitarra inspirada en los Kinks, los coros ingenuos, la letra simple y directa.

Es la puerta perfecta hacia una lección de rock que recorre los relativamente pocos años auténticamente creativos de la banda, hasta 1978. Justo el año en que la muerte eleva al status de leyenda a Keith Moon, el baterista más incendiario del rock. Es un recorrido en el que el sonido de los Who fue fundacional para el rock conceptual, el rock pesado, el punk, estímulos directos para gente como Led Zeppelin o The Clash.

The Seeker, Who Are You, The Kids Are Alright, I Can See For Miles, van tejiendo una trama de éxitos pop con canciones guitarreras. Ya no llueve. Sorprende la calidad del sonido: el volumen justo, la madurez vocal de Roger Daltrey, la majestuosidad de la guitarra de Pete y el confiable respaldo de Zak Starkey, el hijo de Ringo Starr, en la batería. La ejecución decidida de los músicos no deja que la melancolía invada el ambiente: parecen canciones escritas ayer.

Llega My Generation, el himno de rebeldía del Londres de hace 60 años, el Smells Like Teen Spirit de la generación a la que pertenecen los abuelos de casi todos los que están en el Estadio Único. Hay algo raro, además de que se extrañan las elocuentes líneas de bajo de John Entwistle, el bajista original, fallecido en 2002. No hay tanto clima. En la cancha apenas hay pogo, los acomodadores de la tribuna guían a sus asientos a espectadores con bandanas rojas y camisetas de los Guns que vienen llegando.

La balada power Behind Blue Eyes, una estupenda canción de Who's Next, es uno de los momentos altos del show. Permite a Daltrey lucir su rugido grave y sus poses feroces, recordando la fama de pendenciero que le precede. "Cuando sonría /Dame malas noticias /Antes de que me ría / Y actúe como un idiota", canta.

Apenas dirigiéndose al público, sin cambios de ropa ni excentricidades visuales, los Who parecen viajar, literalmente, con apenas un pendrive que contiene las imágenes proyectadas en la pantalla: escenas de mods en scooters, el Swinging London, unos vitales Moon y Entwistle. Ocupan un pedacito de escenario, por delante de la escenografía que espera a los Guns cubierta con lonas. A ellos no les importa: están ahí para tocar.

Por la mitad del recital, los dos grandes discos conceptuales de la banda ofrecen momentos climáticos: la esquizofrenia de Quadrophenia primero, luego la psicodelia de Tommy. Es emocionante escuchar Pinball Wizard. Cada tanto uno cae de vuelta en que está viendo a los Who, ahí, a Pete Townshend haciendo girar el brazo derecho como el aspa de un molino, a Roger Daltrey revoleando el micrófono. Los que caímos en la ansiedad de spoilearnos la experiencia hurgando en los setlists de Brasil y Chile sabemos que nos están dando el "show corto", el de hora y media. Falta poco.

Quedan dos de los temas popularizados en TV por la serie CSI. Algo ambigüo, pero que no deja de ser un justo y tardío reconocimiento. Cierra Won't Get Fooled Again, la canción más política de Townshend, con una fuerza que eriza la piel. ¿Hacen un bis? ¿Substitute al menos? Nada. Fue un cierre por todo lo alto. "Dios sonrió con lluvia, truenos y relámpagos anoche", escribió Pete Townshend en su modesto blog horas después.

Tal vez no sólo haya sido el último recital de esta gira. Tal vez esos 85 minutos –escasos, intensos, inolvidables- hayan conformado el concierto final de los Who. Lo sugieren ellos, lo afirma la prensa británica. "Estos pueden ser realmente, definitivamente, positivamente los últimos shows que Roger Daltrey y Pete Townshend hagan como The Who", dice la Radio X de Londres.

"Realmente no sabemos si vamos a volver a tocar después de este tour", ha dicho Daltrey. Para los que ya pensábamos que nunca podríamos verlos en vivo, los Who bien pueden despedirse ahora.

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