La creación de un nuevo orden económico mundial anunciado muchas veces a principios de la crisis se limita hasta ahora a algunas iniciativas aisladas, mientras que los grandes esfuerzos están dedicados a las medidas de urgencia ante la recesión.
“No ha habido ningún progreso fundamental referente al refuerzo de la arquitectura económica mundial”, declaró el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, coordinador de un reciente informe sobre esta cuestión para la ONU.
Tras la última cumbre del G20, celebrada en Londres a principios de abril, los principales dirigentes mundiales se felicitaron por la puesta en marcha de un “nuevo Bretton Woods”, según las palabras del presidente francés Nicolas Sarkozy.
Los acuerdos de Bretton Woods fijaron en 1944 las nuevas reglas financieras y monetarias para estabilizar la economía mundial.
Entre los avances, la Comisión Europea presentó un proyecto para supervisar los fondos de inversión o “hedge funds”, acusados de haber precipitado la crisis, y sugirió la creación de un “comité del riesgo sistemático” para detectar los signos de inestabilidad financiera.
Estos dos proyectos, sin embargo, han sido cuestionados por algunos de los países miembros de la unión.
Por su lado, la administración estadounidense, propuso nuevas reglas de control de los productos financieros derivados y realizó pruebas de resistencia a sus principales bancos para evaluar su solidez.
Sin embargo, aparte de la ofensiva mundial contra los paraísos fiscales, estas iniciativas apenas pasan el marco nacional o regional “por la falta de voluntad política”, resume el director del Center for European Policy Studies, con sede en Bruselas, Daniel Gros.
Una reunión prevista para principios de junio en la ONU sobre la refundación del sistema mundial acaba de ser aplazada, a petición de varios jefes de Estado.
“Los signos de reactivación se hacen esperar y los países están por el momento focalizados en las medidas para relanzar la actividad”, apunta Jézabel Couppey-Soubeyran, profesor en la Sorbona.
Las agencias de notación financieras, que hace unos meses estaban en el punto de mira, se han salvado por el momento de las reformas.
Por otro lado, “no hay aún reglas comunes a nivel mundial para los bancos” que permitan evaluar y comparar su salud financiera, deplora el ex director del FMI, Jacques de Larosière.
La refundación de la economía mundial tropieza con la ausencia de una institución financiera capaz de armonizar las reglas y de supervisar su aplicación.
Predestinado para este papel, el FMI trabaja junto al Consejo de Estabilidad Financiera sobre los mecanismos de alerta preventiva y ha ganado crédito desde que el G20 decidiera un importante aumento de sus recursos.
“Pero varios Estados, entre ellos Corea del Sur, Brasil y los países de Oriente Próximo, no quieren desbloquear los fondos antes de la reforma de los derechos de voto prevista en 2011”, explica un miembro del FMI, bajo anonimato.
En su informe, Stiglitz estima que la gobernanza mundial debería confiarse a un “consejo de coordinación económico” dependiente de la ONU, “única institución legítima”, según el economista.
A la espera de cómo finalice este debate, varios economistas dudan de que las declaraciones del G20 no caigan en el olvido una vez que la recesión haya pasado. “La salida de la crisis no tendrá sentido si no acaba en nuevas reglas que permitan evitar los problemas que hemos conocido”, advierte de Larosière.
Hace falta aprovechar “la ventana de oportunidades” que la crisis ha abierto, asegura Daniel Gros: “Los mercados están en estado de shock y no están en situación de obstruir. Después será muy tarde”, advirtió.