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Tormentas salvadoras

Este año, la naturaleza está siendo generosa con el periodismo

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11 de septiembre de 2017 a las 04:55

El profesor Parker, quien se ganó la vida escribiendo para diarios de provincia en diferentes estados de la Unión Americana, en varios de los cuales llegó a ser editor principal, dijo un día en una de sus geniales clases, allá a principios de la década de 1980, que el peor enemigo del periodismo son las informaciones políticas: "A las mujeres y los jóvenes no les interesan. Noticias políticas con impacto masivo, como Watergate y la renuncia de Nixon, aparecen muy de vez en cuando. El resto del tiempo son tóxicas, ahuyentan a los lectores". Cuando el periodismo estadounidense parecía haber agotado las posibilidades de generar interés colectivo con el comodín que representa hasta la fecha Donald Trump en la Casa Blanca, y las noticias políticas comenzaban a resultar "tóxicas" para el público en general, la naturaleza vino a darle una gran mano. Nada mejor para el periodismo que los desastres, sean naturales o consecuencia de una intervención humana. Cada vez que uno de magnitud tiene lugar, la vieja historia de "paren las rotativas" vuelve a actualizarse y las cadenas informativas ponen a sus periodistas principales a informar las 24 horas del día. Los diarios se agotan, y los noticieros de radio y televisión tienen una inflación de ratings. Este año, la naturaleza está siendo generosa con el periodismo. Los huracanes Harvey e Irma, masculino y femenino (hasta la naturaleza puede ser "políticamente correcta"), se han convertido en los grandes protagonistas noticiosos de lo que va de 2017, aunque quizá muy pronto puedan tener compañía, pues la temporada de huracanes aún no ha terminado y uno más, también temible, está en vías de desarrollo. Para quienes estamos en esto desde hace tiempo, la situación se parece a lo ocurrido en las semanas previas al 11 de setiembre de 2001. La gente estaba cansada de las noticias políticas –las mismas de siempre con diferente foto– y los medios informativos no sabían de qué informar para reanimar el interés colectivo en la realidad. Hasta que pasó lo que ya sabemos, con cuatro aviones convertidos en armas letales, haciendo al periodismo otra vez imprescindible, tal como lo es en estos días de lluvia y viento arrasadores.
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