23 de septiembre de 2011 19:21 hs

Llega un momento en que una persona identifica que el mayor problema que tiene es su propia forma de enfrentar los problemas. A veces la revelación viene de afuera: alguien que lo ve y se lo dice: necesitás ayuda. Y se refiere a una ayuda profesional. Una vez que surge la necesidad de acudir a un psicólogo hay que decidir cuál, y esta decisión no depende sólo de las cualidades que tenga tal o cual profesional, sino de la escuela a la que pertenezca.

La realidad en Uruguay hoy no está tan polarizada como la de hace una década o dos, cuando cada corriente manifestaba un desprecio olímpico por la otra, cuando cada uno era dueño exclusivo de la verdad. Pero lo cierto es que las teorías en las que se basan las distintas escuelas son realmente distintas, y a veces parecería que incompatibles en una misma realidad.

El mercado de la psiquis en Uruguay es variopinto pero se puede, a grandes rasgos, agrupar las propuestas en tres grandes vertientes: las psicodinámicas, en las que el análisis del subconsciente es lo medular, como el psicoanálisis y las terapias de corte analítico; las cognitivas, para las que la conducta es lo fundamental, como las terapias cognitivo conductuales; y las humanistas existenciales, como la gestalt y la logoterapia.

Explorarse, en auge

El presidente de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay, Dr. Marcelo Viñar, explica que en el umbral del siglo XX, con los trabajos de Sigmund Freud, “se toma conciencia de que el ser humano es capaz de explorarse a sí mismo, pensarse, para decidir qué sentido quiere darle a su vida”. Y en esa experiencia “se instalan aspectos opacos, difíciles. Aparece un malestar, síntomas de dolor”.

En ese contexto, la ayuda que se podía buscar era médica y la psiquiatría podía clasificar, determinar si se trataba de una neurosis o una psicosis, pero “no podía dar una respuesta satisfactoria”.

De acuerdo al psicoanalista “la revolución freudiana anuda el conflicto psíquico con el pasado del sujeto. No es prescriptiva: el lugar del saber se delega en el sujeto. Es el sujeto en sí mismo. No es directiva. No hay consejo. Se trata de ayudarlo a parir sus propias verdades”.

A diferencia de las relaciones psicólogo paciente que manejan otras ramas en las que el profesional ofrece alternativas concretas al paciente, “el legado freudiano no da consignas. Se trata de que, en términos de una relación coloquial, el sujeto amplíe el conocimiento de sí mismo”.

Viñar explica que el psicoanálisis vive a través de la experiencia: “Es un amigo analizado el que invita; su testimonio es su propio cambio interior”. Esa vigencia del psicoanálisis, de acuerdo a Viñar, “es algo contrario a las tendencias del mundo de hoy, que se basan en evaluaciones de costo beneficio; el psicoanálisis es una resistencia a esa aceleración, que exige las salidas fáciles, como la medicación, la drogadicción, las barras bravas o las religiones sincréticas”.

En cuanto a las alternativas en materia de terapia psicológica, Viñar prefiere no entrar en detalles, pero observa: “Yo practico esto porque estoy convencido de que es la manera más honda de entender y cambiar. No estoy interesado en mejorías transitorias, que no son cambios, sino que son hoy pan, hambre mañana”.

Existenciales

El psicólogo Alejandro De Barbieri practica la logoterapia, que tiene su origen en el existencialismo como filosofía y que fue fundada por Víctor Frankl, y cuyo libro fundamental es el volumen que éste publicó luego de sobrevivir a un campo de concentración nazi: El sentido de la vidaDe Barbieri es fundador del Celae, un centro que cuenta con catorce psicólogos y una psiquiatra. El énfasis de la logoterapia, dice De Barbieri, es el camino desde el presente hacia el futuro”. El psicólogo entiende que el psicoanálisis tiene una visión más determinista, en la que “cada uno es víctima de sus instintos” en tanto que él suscribe la definición de Jean Paul Sartre, el padre del existencialismo: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron con él”.

En cuanto a los conductistas, De Barbieri entiende que están demasiado atados a la estadística: “Que se haya entrevistado a mil mujeres de entre 20 y 40 años a mí no me dice nada. Para mí la cura es el vínculo, la relación paciente-terapeuta”.

Por eso mismo, De Barbieri entiende que las teorías detrás de cada terapia no son tan esenciales como parecen: “El paciente no está ahí para confirmar mi teoría sino para ser ayudado. Las ramas del conocimiento son pecados menores”. Para él es importante que se encuentre el paciente indicado con el terapeuta indicado.

La logoterapia no tiene al consultorio como ámbito exclusivo en su relación con el paciente sino que eso puede variar. Un patio o un parque son lugares posibles para que se desarrolle el vínculo necesario entre paciente y terapeuta. De Barbieri también ilustra sus puntos de vista sobre lo que le pasa al paciente con videos que baja de Youtube. Otra de las técnicas es pedirle al paciente que escriba un cuento o simplemente un mail.

De Barbieri explica que la logoterapia se basa en cuatro conceptos básicos: “La muerte, la soledad, la libertad y el sentido de la vida”.

De acuerdo al psicólogo, “todas las teorías manejan parte de la verdad y en algunos casos se deriva a un paciente a un psicólogo de otra rama. Los problemas típicos que trata la logoterapia son la crisis existencial, la crisis de valores y la depresión por el futuro. También se realiza en tratamiento de adicciones y los intentos de suicidio –de ocho a diez intentos diarios en Uruguay–, ambos problemas concebidos como uno: la falta de sentido de la vida”.

Resolver el problema

La licenciada Verónica Orrico es una terapeuta cognitivo conductual, que hace especial énfasis en el aspecto docente de las técnicas conductuales. “Se realiza un aprendizaje de nuevas maneras de enfrentar los problemas. No se desconoce el pasado pero se trabaja sobre el presente y hay ejercicios entre las consultas”.

A pesar de esos “deberes”, la psicóloga aclara que “hay una relación cordial entre el terapeuta y el paciente” y que esa relación no se acaba en el consultorio sino que el psicólogo está disponible para consultas vía celular o mail.

Orrico señala que las terapias son más breves que lo que cabe imaginar en el caso del psicoanálisis, pero que lo importante no es el tiempo sino los resultados. Los motivos de consulta más comunes en su consultorio y en la Clínica Psinco, a la que pertenece junto a otros cuatro psicólogos y a un psiquiatra, son la depresión, la bipolaridad, las crisis de pánico, las fobias y los problemas de pareja.

Lo que diferencia a los conductuales de las terapias de corte psicoanalítico, por ejemplo, es que los primeros suelen lidiar con problemas concretos que tengan que ver con una decisión a tomar, que tengan que ver con la relación de pareja o con la familia, y entonces el fin de la terapia tiene que ver con la solución del problema. En el futuro el paciente podrá volver a consultar por alguna otra cosa.

Orrico entiende que no hay restricciones y que cualquier rama de la psicología puede tratar todo tipo de problemas, pero añade que los conductuales tienen especial éxito con los problemas de ansiedad y los estados de ánimo y afirma que los estudios de grupos de pacientes demuestran que eso es así.

Esa es una ventaja que la psicóloga destaca del método cognitivo conductual: “Los procedimientos surgen de la investigación científica. Estamos más habituados a medir resultados. Y entonces aplicamos los procedimientos más adecuados para ese tipo de paciente”.

De acuerdo a Orrico, en Uruguay “no está muy extendida la práctica de establecer mediciones para comprobar la efectividad de los métodos”, pero insiste en que los resultados en el Area psicológica “son medibles y es deseable que esos estudios se hagan”.

De todas maneras, la psicóloga entiende que “más allá de la teoría, lo más importante es la relación terapéutica, la empatía del terapeuta, la capacidad que tenga para ponerse en el punto de vista del otro”. Y que “también es importante que tenga buenas habilidades de comunicación, que lo haga con claridad y con honestidad, que sepa en qué puede ayudar, que esté actualizado”.

En ese sentido, Orrico recalca que es importante que el psicólogo tenga preparación en psicofarmacología, para saber actuar en caso de que el tratamiento incluya medicación. “El psicólogo debe conocer el tema y saber orientar al paciente y puede sugerir cambios de medicación”.

Las variables son innumerables, no caben dudas. También está claro que la elección es algo que tendrá consecuencias duraderas.

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