Jugar la pelota hacia atrás es un recurso válido y aceptado. Equipos que marcan tendencias de juego como el Barcelona de Pep Guardiola, el Tottenham de Mauricio Pochettino o el Nápoli de Maurizio Sarri lo utilizaron como una opción para descongestionar la presión del rival y hacer circular la pelota en busca de espacios.
Sin embargo para hacerlo hay que tener los intérpretes adecuados y Nacional sufrió tres golpazos deportivos claves en el último año por utilizar mal este recurso.
El primero fue Agustín Rogel quien dio un pase atrás en busca del arquero Esteban Conde y derivó en el segundo gol de Botafogo. Rogel recibió la pelota desde el lateral y dejó corto el pase hacia el arquero, que de todas formas salió tarde al cruce y terminó perdiendo. Botafogo derrotó a Nacional 2-0 y lo eliminó de la Copa Libertadores.
El segundo fue Alexis Rolin ante El Tanque Sisley en el Gran Parque Central. En plena lucha por el Torneo Clausura el tricolor se medía ante el equipo de Julio César Antúnez y el zaguero tuvo un error garrafal al jugar de memoria la pelota hacia atrás para apoyarse en el arquero. Jonathan Ramírez le adivinó la intención y picó por la espalda del zaguero para definir. Nacional perdió ese partido e hipotecó las chances en el certamen. El Clausura quedó en manos de Peñarol que luego ganó también la Anual y el Campeonato Uruguayo.
El último fue en la noche del viernes, durante el clásico que por la Supercopa Peñarol le ganó a Nacional 3-1 para quedarse con el título. Al inicio del partido Esteban Conde jugó la pelota por la calle central para Diego Arismendi quien, presionado, buscó devolverla al fondo. Fidel Martínez pudo interceptar la pelota con Conde a mitad de camino y definió bárbaro para poner el 1-0.
Eliminado de la Copa Libertadores, del Torneo Clausura y de la Supercopa, Nacional tiene pesadillas con el juego hacia atrás.