14 de diciembre de 2012 20:24 hs

Hay revisiones de historias y mitos populares que se hacen con tino. Las películas de Shrek, la serie Once Upon a Time y algunas partes de True Blood son buenos ejemplos de ello: ya sea desde el humor o el drama, estas producciones agarran personajes y situaciones por todos conocidos y les dan un enfoque diferente. Esto no es nada nuevo, sólo esta temporada se han visto dos adaptaciones de Blancanieves y una de los cuentos ligados a celebraciones como Navidad o Pascua. Esto, sumado a todo lo que aún está por venir.

De esta fiebre de refritar lo popular sale Hotel Transylvania, una película de animación en 3D que mete en una misma historia al Conde Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia, el Hombre Invisible, a Big Food, zombies, brujas, gremlins, y muchos más monstruos.

La excusa que aglutina a todos estos seres tradicionalmente horripilantes es la siguiente: el Conde Drácula, tras haber sufrido la pérdida de su esposa vampira a manos de unos humanos temerosos y embrutecidos, decide construir en 1589, un castillo escondido de las personas para proteger a su hija. De paso, en ese mismo lugar abre un hotel (donde los botones son zombies y las limpiadoras brujas) en el que todos los monstruos pueden ir a tomarse unas vacaciones de sus pavorosas tareas. Todo está preparado en el castillo para pasarla bien en la tenebrosda construcción.

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Una emo de 118 años
Tras la necesaria introducción, la historia hace un salto temporal para llegar al presente, en el momento en que su hija Mavis cumple 118 años. A esta edad, aparentemente, los vampiros llegan a la mayoría de edad, y con ese motivo Drácula hace una gran fiesta, invitando a todos sus amigos.

Sin embargo, Mavis no está contenta. Además de que ninguno de los invitados se acerca ni de lejos a su edad, su padre, en su afán superprotector, no la ha dejado nunca aventurarse más allá de los límites del castillo, y mucho menos acercarse a un pueblo para ver cómo viven los humanos. Como es lógico, Mavis tiene las inquietudes típicas de alguien de su edad (18 años, se entiende), y quiere no sólo tener amigos, si no también conocer nuevos horizontes.

Las peripecias empiezan cuando Johnny, un mochilero que anda recorriendo el mundo, llega al hotel por casualidad. Es el primer humano en poner un pie en el establecimiento, y Drácula, para mantener su buena reputación, debe evitar que el resto de huéspedes se enteren. ¿Por qué no lo mata, que sería lo más sencillo? Porque los monstruos tienen principios –no como los humanos- y rechazan la violencia por todos los medios.

De modo que mientras lo convence para salir del hotel lo disfraza para que pase desapercibido.Mientras Drácula se las ingenia para echar a Johnny, Mavis se lo encuentra y salta la chispa del amor: comparten intereses. La chica escucha las historias sobre viajes del chico; miran la luna juntos; y el chico le muestra la belleza de un amanecer a la chica.
Todas esas cosas que suceden cuando dos personas de procedencias distintas se encuentran en la edad en la que el amor florece naturalmente.

Mucho monstruo y pocas nueces
La historia quiere ser el andamiaje de una película divertida. Drácula habla con acento de Europa del este y se comporta como un gerente de hotel, Johnny caricaturiza con acierto el estereotipo de mochilero, Frankenstein y su esposa viajan empaquetados en cajas porque éste teme volar, o el Hombre Lobo es padre de decenas de cachorros incontrolables y se ve superado por ello.

Hotel Transylvania usa estrategias con las que otros tuvieron éxito, y sin embargo fracasa. Lo intenta, pero no logra ni ser tan ingeniosa o enternecedora como otras producciones similares como Monstruos S.A o Toy Story. La historia no tiene solidez ni profundidad, y los chistes no buscan ni el humor absurdo ni sofisticado. Sin embargo, el pequeño auditorio de la proyección del miércoles a las 18hs, se reía. Eso sí, más los adultos que los niños. l

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