13 de junio de 2012 21:26 hs

Hasta ahora todo iba bien, pero un mensaje de 135 caracteres –un tweet que ni siquiera necesitó a los 140– alcanzó para agitar la política en Francia, donde este domingo se celebra la segunda ronda de las elecciones legislativas. Esas líneas coparon las primeras planas de los diarios, los minutos en televisión y los debates en la calle. También las declaraciones de los políticos, líderes partidarios y del primer ministro Jean-Marc Ayrault.

Pero no habló François Hollande, el que más caro pagará las letras.

La culpable es su pareja Valérie Trierweiler, que el martes a media mañana lanzó al espacio un mensaje que cayó como una bomba en el mundo político galo. La mujer, periodista de profesión, deseó suerte en las elecciones en la localidad de La Rochelle al candidato Olivier Falorni, disidente del Partido Socialista. La razón para apoyarlo es que la contrincante de Falorni es Ségolène Royal, ex pareja de su actual marido, el ahora presidente.

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La cosa ya es bastante grave porque parece tratarse de una manifestación pública de celos. Pero lo que la complica aún más este caso es que los sentimientos también se cegaron ante la política: aunque a la primera dama le pese, la candidatura de Royal tiene el apoyo del Partido Socialista y del presidente Hollande, que convivió con ella 25 años y con la que tuvo cuatro hijos.

Otro componente del ya tildado de “vodevil” es la expectativa que derribó la primera dama: siendo Hollande un hombre tan medido y cuidadoso de las formas, tan previsible, nadie se esperaba una salida de estas. Menos cuando el actual mandatario se había dedicado durante la campaña a criticar a su predecesor, Nicolas Sarkozy, y sus mediatizadas relaciones con su mujer Cecilia y luego con su segunda esposa Carla Bruni.

Y menos todavía podía preverse algo similar cuando, al día siguiente de conocerse la victoria de su hombre, Trierweiler había declarado a Le Monde que el suyo sería un papel “secundario”. “Mi palabra no debe sustituir a la del presidente, no debe perjudicarla. Voy a tener mucho cuidado con mis tuits. La dimensión de mis declaraciones ha cambiado”, dijo en ese momento, según recordó ayer el diario galo.

El arranque de la pareja de Hollande justificó que desde el entorno de Royal denunciaran a Le Monde que Trierweiler tiene una suerte de “obsesión” con la ex de su hombre. En otros medios fueron más allá con las conjeturas, mencionando que la relación entre el político y la periodista empezó en 2005, dos años antes del rompimiento formal con la política, lo que habría exacerbado los celos.

Aparentemente, la primera dama insistió ayer en privado con que la causa del tweet no fueron los celos porque “no tiene la menor duda” respecto a los sentimientos de su marido. En diálogo con la agencia AFP, la francesa también confirmó que el mensaje había sido redactado por ella misma.

Espectáculo

Cómodo en los sondeos, Falorni se dijo “contento” por el respaldo que le dio la primera dama y calificó sus palabras como “un mensaje de amistad y apoyo personal”, propio de una amiga.

Justo ayer la encuesta de Ifop/Fiducial lo confirmó en la tranquilidad: obtendría el 42% de los votos frente a los 58% que ganaría Royal el domingo. Es difícil precisar si la superioridad se debe al estallido del martes: “En torno a un tercio de la muestra estuvo expuesta al tuit de Valérie Trierweiler, cuyo impacto es difícil de medir”, precisó al diario Le Figaro Frédéric Dabi, director general adjunto de Ifop.

La telenovela, de todas maneras, no pareció arrancarle demasiadas canas a Royal. “Lo esencial en una campaña es el diálogo con los hombres y mujeres que esperan algo de la política. Puede ser que haya cierta agitación sin que lo hayamos querido, pero eso no es nada trágico. Son cosas de la política. Lo que es importante es no confundirse, no perder la línea y mantener la dignidad en el debate político”, dijo ayer en una conferencia de prensa.

Malabares

Pero todo esto sí molestó a los políticos de izquierda, que se manifestaron airados con el escándalo. “Justo cuando íbamos a darle un golpe mortal a la derecha por su discurso sobre los ‘ni-ni’, todo esto quedará en el olvido y lo que se recordará será esta polémica. Va a ser la fiesta del tweet”, dijo a Le Monde un diputado que busca ser reelecto. “Estábamos muy concentrados durante la campaña pero ahora, por primera vez, nos salimos del esquema”, agregó un colega. Y el primero prosiguió: “Una campaña que dura una semana entre dos jornadas de votación es como una competencia de ski: desde que largas empiezas a perder tiempo preciado”.

Un poco más directo fue el presidente del bloque socialista en el Senado, François Rebsamen, que dijo a France Info que “es necesario que Trierweiler viva con la reserva que debe tener como compañera del presidente de la República”.

Y el tiro de gracia le fue dado a la primera dama por Jean-Marc Ayrault, el primer ministro que le pidió que aprenda a desempeñar un “papel discreto”. No queriendo hacer más “comentarios sobre los comentarios”, el mano derecha de Hollande cerró sus declaraciones a la prensa con breves palabras: “El mensaje es muy claro: el presidente de la República y yo apoyamos a fondo la candidatura de Ségolène Royal”, sentenció.

El tweet: “Ánimo a Olivier Falorni, que no ha desmerecido y que se bate al lado de los rocheleses desde hace tantos años con un compromiso desinteresado.”

“Veo las cosas del lado positivo. Sigo mi camino, no hay que dejarse distraer. Hay que juntar y movilizar a los electores”
Ségolène Royal, partido socialista

“Debe saber desempeñar un papel discreto”
Jean-Marc Ayrault, primer ministro

“En cinco años, ¿recordaremos este tweet como el comienzo del fin de la presidencia normal?”
Diario Libération, en un artículo sobre el tema

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