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Una camiseta de fútbol, la muerte, una niña y después

Brevísimo relato de los últimos segundos de una vida y de una remota posibilidad

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02 de julio de 2013 a las 00:00

¿Así que esto es la muerte? ¿esta porquería?, se preguntó Gonzalo. Estaba solo en su cama y en la pieza de al lado algunos de sus parientes trajinaban por la casa que, muy a la brevedad, quedaría sin inquilino.

La vida se le escapaba con cada bocanada de aire que sus pulmones de 72 años apenas podían retener. Los recuerdos se le agolpaban en la cabeza como sabiendo que ya no les quedaría ningún lugar a dónde ir.

Gonzalo miró la pared que tenía enfrente y vio su foto de chico con la camiseta de fútbol del club Niágara. La camiseta azul y amarilla del Niágara en donde había errado tantos goles como los que había metido.

Aquella canchita del barrio ahora le quedaba lejísima y la muerte la tenía más cerca que nunca. Con ese recuerdo soltó la última pelota de aire y comprendió que ya no volvería a tragar ninguna más.

La mente se le empezó a nublar, ya se apagaba como las velas de su casa con apagón, y cuando se estaba yendo del todo escuchó una voz lejana.
-Dale, María, despertáte que tenés que ir a la escuela.

María abrió los ojos confundida y tardó en enfocar la cara de su madre. Ya estaba despierta y sentía cómo se le borraban los recuerdos del reciente sueño.
-Mamá ¿qué es Niágara?, preguntó mientras se sentaba en la cama.
-Era una catarata que se secó hace mucho tiempo. Ya te lo van a enseñar en la escuela, le respondió la madre.

María se vistió, metió en su cartera el cuaderno azul y amarillo de su clase de geografía y se preparó para ir al colegio. Niágara. Niágara, repitió. Y quiso pensar en una catarata pero no pudo. María hubiera jurado y perjurado que Niágara no era otra cosa que el nombre un cuadro de fútbol de vaya a saber que lugar lejano de su memoria.

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