8 de julio de 2011 18:32 hs

Cosechas en Oriente, cítricos en el Mediterráneo, especies en Birmania, vainillas en Madagascar y lavandas en el sur de Francia, de allí provienen los exquisitos productos que luego formarán parte de los blends de Tealosophy.

Con solo US$ 132, Inés Berton, fundadora de la marca y especialista en cosechas de té, montó la empresa Tealosophy durante la crisis del 2001 en Argentina. Aunque en ese entonces vivía en Nueva York, volvió a su ciudad de origen para demostrar que se podía hacer algo noble en medio de tanto caos. Y funcionó. Hoy trabaja en Buenos Aires con Tealosophy, desarrolla una línea de té especial para los locales de Havanna y diseña el té de las conocidas marcas Inti Zen y Chamana.

Además, Tealosophy se instaló en Barcelona, y fue mencionada entre las mejores tiendas de la guía de Louis Vuitton, en 2008 y 2009. Se distribuye en grandes cadenas hoteleras de Europa y ya tiene gran reconocimiento a nivel mundial.

Berton se dedica 100% a la parte de elaboración creativa de los blends y la selección de hebras. Desde donde nace la planta hasta que llegan al warehouse para su distribución. Asegura que la inversión más importante no estuvo en esos dólares empeñados sino en su educación, “mucho se aprende caminando las cosechas, viendo cómo se manejan las aduanas y entendiendo la contaminación de los olores, ya que el té es el segundo producto de mayor consumo del mundo”, asegura.

El acercamiento
De chica le molestaban muchos olores, dice. Los productos de limpieza, como la lavandina, le provocaban alergia, resfrío y dolores de cabeza. No había dudas de que era algo evidente y tras varios estudios le diagnosticaron “olfato absoluto”, que significa que Berton tiene una capacidad especial para percibir los olores, de ahí que fuera tan sensible a la intensidad y corrosividad de la lavandina.

Hasta entonces, se dedicaba al arte, trabajaba en el museo Guggenheim de Nueva York, pero una casa de té ubicada justo debajo de su trabajo acaparó su atención de inmediato.
“Cuando hacía mi pedido encargaba mezclas insólitas para el té y los que estaban en la cola detrás mío decían: quiero lo mismo”, agrega Berton. Así, se dio cuenta de que era el momento de intentar cambiar el rumbo. Entonces comenzó a trabajar en el Emporium de Nueva York y a capacitarse en la cosecha de té, aprendiendo mucho de su mentora japonesa, Umiko, quien le hizo entender la sensibilidad de su nariz y sus capacidades como factor indispensable para el trabajo con las hebras de té que eran mezcladas en cada combinación.

La fusión con la música
Un día cualquiera, un hombre español entró en la casa de Tealosophy ubicada al lado del hotel Alvear, en Buenos Aires, e hizo un enorme pedido de cetro, exagerado para ser la compra de un particular. Aunque sorprendió a la vendedora, jamás volvió.

Dos meses más tarde, Inés Berton recibe un llamado a su oficina del presidente de la Warner Music de Europa, Charlie Sánchez. “Antes de atender pensé: yo no canto ni en la ducha”, cuenta Berton. Pero él, fascinado con su tienda de té, le propuso grabar un disco juntos. Aunque insólito, posible.

La dueña de Tealosophy viajó a Barcelona junto a Federico Selada, de Music Brokers Buenos Aires, para grabar el disco que lleva el nombre de Tealosophy, music for a tea generation.
“Obviamente yo no canto, porque si no no lo compraría nadie, y el disco está agotado”, confiesa.

La originalidad de este CD está en que para cada tema se propone un té especial, lo que hizo Berton fue hacer el sommelier, seleccionando apropiadamente un blend acorde con la distintas melodías.

Además, el disco incluye un libro en el que se recopilan los diarios de viaje de Inés, dibujos, fotos y collages de cada sitio que visitó. Señal de la transversalidad de Tealosophy, que cada día gana espacios más atípicos.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos