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Unbelievable: las mujeres hacen oír su voz

En la mejor serie del año, un caso policial evidencia las fallas de la justicia  

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16 de noviembre de 2019 a las 05:01

Hay muchas series y películas de cine y televisión sobre asesinos en serie. Hay menos sobre violadores seriales. En países civilizados ambos crímenes son tratados con similar severidad. En uno de los delitos, la muerte es física, en el otro, psicológica, en tanto son casi nulas las posibilidades de que la víctima vuelva a tener una vida normal. ¿Por qué entonces el cine y la televisión le han dado diferente trato a uno y otro tipo de crimen?  

Usando como patrón la idea de que una escena de homicidio es menos innecesaria que una de violación, la industria del entretenimiento ha tenido un prurito respecto a cómo tratar una violación, siendo tema casi tabú, sobre todo desde el punto de vista de la exposición del acto de transgresión física, ya que este puede convertirse en ejemplo de explotación de la estética porn rape. Dadas las circunstancias de inmediatez que se generan, se hace difícil filmarla sin que la búsqueda de realismo caiga en el efectismo y en un involuntario placer sadomasoquista centrado en lo instantáneo, en lo visual extremo librado de consecuencias. Pasa, que el crimen se convierte en entretenimiento. 

A la hora de la censura suele imponerse el ejercicio de ancestrales prejuicios relacionados con la sexualidad humana, según los cuales un cuerpo agujereado resulta más tolerable que la vulneración de la privacidad somática de alguien, quien deberá luego padecer de por vida las consecuencias del asalto físico al que fue sometido. Hay, además, un elemento de horror asociado a una violación sexual, que se aplica tanto a hombres como mujeres. La escena en que un hombre es violado en la película La violencia está en nosotros, tal como tan bien fue filmada para generar un efecto de realismo empático, ha generado más comentarios que todos los cadáveres que apilaron con su acción sanguinaria el muñeco Chucky, Freddy Krueger, o Hannibal Lecter. 

https://www.elobservador.com.uy/nota/las-seis-series-que-ya-tendrias-que-tener-agendadas-para-el-2020-2019111312490

Basada en la serie de artículos An Unbelievable Story of Rape, publicados en el sitio de investigación periodística ProPublica y ganadores del premio Pulitzer en la categoría “presentación de informes explicativos”, la serie Unbelievable es sin quizá la mejor producción televisiva o cinematográfica realizada sobre violaciones sexuales sufridas por mujeres. Estrenada en Netflix bajo el lema promocional, “basada en hechos reales que nadie creía”, tiene el mérito enorme de estar contada con magistral contención, sin aspavientos, caídas en el efectismo, ni golpes bajos tan comunes cuando la sexualidad en estado de violencia es algo más que ingrediente dramático de la trama. 

La historia de por sí es muy buena por lo increíble y entramada que resulta de principio a fin (es uno de esos casos en que la ficción se queda corta en relación a los hechos provenientes de la realidad). Gran parte del mérito de que la adaptación televisiva esté librada de altibajos es logro tanto de los autores del guión, como del elenco que encarna a las víctimas con solvencia, eliminando la distancia entre el personaje real y quien lo interpreta. El libreto estuvo a cargo de gente con buenas credenciales: Susannah Grant (nominada al Oscar por haber guionado Erin Brockovich), Ayelet Waldman, autora de la serie de novelas The Mommy-Track Mysteries, y Michael Chabon, novelista ganador del Pulitzer en 2001 y autor de la novela Wonder Boys, adaptada al cine con Michael Douglas en el papel protagónico y cuya canción, Things Have Changed, escrita y cantada por Bob Dylan, ganó el Oscar. El libreto consigue que a lo largo de la serie ningún diálogo tenga un comentario o palabra fuera de lugar, siendo este riguroso ejercicio de acotamiento y restricción de cualquier sentimentalismo algo casi único en este tipo de historia, en la cual la emotividad puede rápidamente perder objetividad. 

La historia partía de un dilema central, en apariencia no tan fácil de resolver: tratándose de un violador en serie, ¿en cuál de las víctimas centrarse para que la narración tuviera un núcleo conteniendo el enigma del comportamiento humano? La serie elige muy bien el camino a seguir (que no voy a revelar aquí), y es a partir de ese acierto que todo el resto funciona a la perfección, logrando además algo nada frecuente en series creadas por las plataformas de streaming: que ningún capítulo esté de más. Debo reconocer que comencé a ver Unbelievable creyendo que la intensidad del relato iba a desmoronarse pronto, pues no estaba del todo convencido de que un caso de violación diera para sostener ocho capítulos alrededor del mismo tema. 

La serie no solo se sostiene desde todo punto de vista, sino que además progresa en lo emocional de manera nada convencional, haciendo que el espectador se compenetre tanto con las víctimas como con las detectives a cargo del caso, quienes, a partir de lo que en un principio parecía una evidencia circunstancial y aislada, logran armar las piezas del rompecabezas, contra viento, marea y un sistema de justicia que no es tan efectivo como pudiera suponerse. Si la ley triunfa, no es por el sistema, sino por quienes creen que la verdad debe prevalecer, así lleve una vida demostrarla. Por cierto, el hecho de que los dos detectives a cargo del caso sean mujeres otorga aura de inmediatez realista a un asunto de urgente actualidad. Las cifras provenientes de la realidad son preocupantes; en Gran Bretaña, cada 60 mil casos de violación reportados, solo 919 criminales son convictos. En Estados Unidos, cada mil casos de violación, solo cinco criminales van a la carcel. Sería bueno conocer las cifras de Uruguay. 

La historia comienza en el estado de Washington en 2008, y continúa tres años después en Colorado. En ese periplo de ida y vuelta de un tiempo al otro, el uso de flashbacks es mínimo, pues la acotada brevedad funciona paralelamente a una simultaneidad temporal, tal vez para sugerir que los crímenes nunca pierden actualidad y que mientras no sean resueltos viven en un hoy permanente. Más que una historia policial en la que sabemos el misterio desde el principio, pero no cómo lo resolverán ni si podrá ser resuelto, Unbelievable es una historia que trata de hacer entender cómo funciona una sociedad en muchos aspectos misógina, y en la cual las mujeres son con demasiada frecuencia abusadas de distintas formas –en el hogar y en la calle– y no todos se esfuerzan para que la ley sea cumplida y los culpables reciban el castigo merecido. 

En el nombre de la justicia se cometen muchos crímenes, casi todos en contra del inocente y en complicidad con el criminal. De ahí que Unbelievable sea más sobre el sistema de justicia que permite a criminales seguir operando, que sobre el criminal en sí mismo, a quien prácticamente solo se le dedican dos capítulos. El camino a la justicia es largo y está lleno de contratiempos, pero es imprescindible recorrerlo para que la voz de la verdad sea oída. Sin intentar imponer un sobreactuado feminismo retórico, tan de moda en estos días, Unbelievable opta por una solución formal, muy inteligente por lo convincente que resulta ser. Activa un procedimiento de veracidad para ilustrar el lugar vulnerable de la mujer en una sociedad cargada de prejuicios, y en la cual hay quienes temen denunciar un crimen de violación por temor a ser señaladas con el dedo. Para ellas, si bien les será imposible recobrar la calidad de vida tras el crimen, resulta fundamental ser entendidas, primer paso para garantizarles cierta paz mental.

“Serie limitada” (solo habrá una temporada), Unbelievable se convierte, por su veracidad, en ejemplo poco convencional dentro del transitado género thriller. Tiene escenas notables, de las mejores que se han visto en series policiales en mucho tiempo. Con elenco notable (es admirable el rigor del casting), en el cual incluso los personajes con dos minutos en pantalla logran lucirse, tiene una sorprendente cantidad de escenas mínimas, cuyo poder dramático acentúa una y otra vez el poder de la solidaridad y la compasión, como asimismo de la importancia de la ley aplicada en todo su rigor.

Apuntalada por el brillante trabajo de Merritt Wever, Kaitlyn Dever y Toni Collette, convertidas en los auténticos Ángeles de Charlie, Unbelievable educa y entretiene. 

Con su radicalidad en los tiempos estrictos del ADN, ilustra una realidad en sus peores momentos. Sin imágenes gratuitas al servicio del efecto y no de la real dimensión de la violencia, destaca que vivimos en tiempos inmoderados en los cuales cualquiera puede ser la próxima víctima. Genuina, llena de contrastes emotivos que permiten entender la condición  humana desde diferentes perspectivas, Unbelievable hace de la palabra “empoderamiento” no un simple comodín retórico del movimiento feminista, sino el vocablo correcto para definir el proceso actual en la lucha por la igualdad de género.  

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