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Ya casi en el Mundial

Todos decimos, como con recatado orgullo, que estamos "casi" clasificados para ir a Rusia en 2018

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08 de septiembre de 2017 a las 04:55

Una de las cosas más peculiares que tiene nuestro idioma, que para nosotros, hablantes en esta parte del mundo, es "el castellano de América" (según la acertada precisión hecha por Andrés Bello), tiene que ver con el uso y sobreuso de palabras y expresiones caracterizadas por su notoria vaguedad.

En México, para ir directo al punto mediante un ejemplo, llegué una vez al aeropuerto capitalino en vuelo proveniente de Villa Hermosa y mi valija no aparecía por ninguna parte. Después de varias idas y vueltas, una empleada de la aerolínea me informó: "Ya la localizamos, 'ahorita' viene". Supuse que sería en un corto lapso de tiempo, cinco o diez minutos a lo máximo. Pero no.

El vago 'ahorita' quería decir otra cosa: mi valija todavía estaba en Villa Hermosa y recién llegaría en el próximo vuelo, en no menos de dos horas. El "ahorita" fue en verdad un rato interminable. Otra de las palabras de uso constante es el adverbio 'casi'.

Lo utilizamos para toda situación en la cual la exactitud no es el objetivo principal. Casi se usa casi siempre para indicar proximidad con algo a punto de cumplirse. "Su asado casi está pronto", me dijo el mozo de una parrillada montevideana este pasado mes de julio después de que yo llevaba casi media hora esperando.

Para por lo menos hacer prevalecer la amabilidad, en dos ocasiones antes de que el plato llegara "casi a punto" (me refiero el cocido de la carne, no el momento de su arribo a la mesa), el mozo me dijo, "ya casi". En cierto momento el "ya" desapareció, por lo que el "casi" a solas indicaba la llegada inminente del alimento.

El 'casi' prolifera en estos días, y con cierta razón, pues la situación deportiva lo amerita. Todos decimos, como con recatado orgullo, que estamos "casi" clasificados para el mundial de Rusia. En un país como el nuestro, donde tantas promesas incumplidas suelen estar asociadas al casi, resulta interesante constatar que por una vez el adverbio tiene una connotación positiva y optimista, de algo bueno a la vista, pues sí, estamos casi ahí, con un pie en el país de los zares y Dostoievski, cuya literatura está poblada de seres que fueron casi infelices, pero solo casi.
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