En el calendario de la salud, el 3 de diciembre pasa casi en silencio. Es el Día Mundial del Médico. No hay actos multitudinarios ni grandes campañas, pero la fecha sirve para detenerse un momento en quienes sostienen, todos los días, algo tan elemental como que el sistema de salud funcione y la gente se sienta cuidada.
En Uruguay, mirar la historia de la medicina de urgencia lleva inevitablemente a una fecha y a un nombre propio. En 1979, un grupo de médicos decidió que la atención ya no podía empezar en la puerta del sanatorio, sino en el lugar mismo donde estaba el paciente. De esa decisión nació UCM, la primera emergencia móvil del país, creada por médicos que apostaron a llevar conocimiento, equipamiento y criterio clínico a la calle, al barrio, al hogar.
Hasta entonces, la ambulancia era, sobre todo, un vehículo de traslado. Con UCM apareció otra idea de trabajo médico en la urgencia: equipos entrenados, protocolos claros, decisiones tomadas en el lugar y en el momento en que la salud de una persona se estaba definiendo.
Con el tiempo, el modelo se volvió referencia y terminó de instalar algo que hoy parece obvio, que la medicina prehospitalaria sea parte central del sistema de salud y no un servicio accesorio. Más de cuarenta años después, las ambulancias cambiaron, la tecnología es otra y la red de servicios creció. El núcleo, sin embargo, sigue siendo el mismo médicos que, en cuestión de minutos, deben entender qué está pasando, organizar un equipo y transmitir calma a quien, del otro lado, está viviendo un momento difícil.
“La guardia no empieza cuando suena la sirena, empieza mucho antes, cuando uno acepta que su vida va a estar organizada alrededor de la urgencia de los otros”, dice Ana Mieres, médico especialista en medicina de emergencias y primera mujer en ocupar el puesto de Director Técnico en UCM.
Desde afuera se ve una ambulancia que llega, personal que baja con un bolso médico y unos minutos de trabajo intenso. Lo que no se ve son los años de estudio, las horas de entrenamiento, las revisiones de casos que permiten que, detrás de cada maniobra que parece automática, haya en realidad mucho conocimiento acumulado.
Pero sería incompleto reducir ese trabajo al instante del móvil en la puerta. UCM Falck sostiene una red médica más amplia, que también merece un reconocimiento en este 3 de diciembre. Están los médicos que atienden en ambulancias y en unidades móviles, los médicos que responden en autos, los que trabajan en los Centros Médicos, los que forman y capacitan equipos, los que sostienen la línea médica cuando la urgencia empieza siendo una consulta, y los que atienden por videoconsulta cuando el primer paso, a veces, es orientar bien para evitar que el problema crezca. Es el mismo oficio, ejercido en escenarios distintos, y con un objetivo común que no cambia. Que la medicina llegue a tiempo, de la forma adecuada y con criterio.
UCM nació de médicos y sigue siendo, en esencia, una empresa de médicos que se dedican a salvar vidas y a mejorar la calidad de la atención. Con el tiempo, la organización sumó centros médicos, equipos especializados, nuevas tecnologías y, en los últimos años, el respaldo de un grupo internacional como Falck, líder mundial en servicios extrahospitalarios. Pero la escena decisiva sigue siendo la misma: un médico y un paciente, unidos por la confianza de quien abre la puerta de su casa y espera que alguien lo ayude.
“La tecnología nos ayuda, nos ordena, nos permite monitorear mejor a los pacientes, pero no reemplaza lo que un médico lleva en la cabeza y en el corazón”, reflexiona Mieres. “Los algoritmos son útiles, pero no reemplazan la mirada clínica ni una palabra a tiempo. La medicina de emergencia necesita precisión, sí, pero también una enorme capacidad de empatía en situaciones límite”, agrega.
Visto desde la emergencia móvil, el Día del Médico no es una mera efeméride. Es una ocasión para mirar con algo más de detalle una parte del sistema de salud que suele aparecer solo cuando hay sirenas o titulares. Detrás de cada infarto que se controla a tiempo, de cada niño que supera una crisis respiratoria, de cada accidente que termina en recuperación y no en duelo, hay nombres y decisiones que casi nunca aparecen en la foto.
En la historia de UCM Falck abundan esos episodios discretos. Madrugadas de invierno en las que la ambulancia es la única luz encendida en la cuadra. Tardes de verano en la rambla en las que un corredor se desploma y un equipo actúa sin estridencias, pero con la seguridad de quien ya pasó por situaciones parecidas. Llamadas de familias que no saben explicar bien “qué pasa”, pero confían en que alguien llegará, a cualquier hora.
“Tenemos el privilegio de entrar a los hogares de la gente en momentos de mucha vulnerabilidad”, señala Mieres. “Eso exige un nivel de respeto y de responsabilidad que va más allá de la pericia técnica. No somos héroes, somos profesionales que trabajamos en equipo para que la medicina llegue a tiempo y para que las personas se sientan acompañadas.”
Desde sus orígenes, UCM Falck ha funcionado también como una escuela de ese modo de entender la profesión. Haber nacido del impulso de un grupo de médicos que se negó a aceptar que la urgencia fuera cuestión de suerte marcó un ADN que todavía hoy se reconoce en la práctica cotidiana: formación continua, trabajo interdisciplinario, incorporación temprana de tecnología y una visión integral de la emergencia, conectada con el resto del sistema de salud.
La trayectoria de Mieres, que ha impulsado programas de prevención comunitaria y ha contribuido a visibilizar el liderazgo femenino en la medicina de urgencia, es otra cara de esa misma historia. No se trata solo de llegar rápido ni de tener mejores ambulancias, sino de entender que la mejor emergencia es la que se evita, y que el vínculo con las personas empieza mucho antes del llamado al 147.
“El Día del Médico es una buena excusa para agradecer, pero también para preguntarnos qué tipo de medicina queremos construir”, plantea. “Desde UCM Falck apostamos a una medicina que llegue donde está la gente, que cuide antes, durante y después de la urgencia, y que recuerde siempre que detrás de cada protocolo hay una persona y una familia", añade.
En un país donde la primera emergencia móvil fue pensada y creada por médicos, el homenaje del 3 de diciembre no necesita gestos grandilocuentes. Basta con reconocer lo que ocurre todos los días, muchas veces lejos de las cámaras.
Este artículo quiere ser, desde UCM Falck, un reconocimiento a todos esos médicos. A los que suben a una ambulancia sin saber qué van a encontrar. A los que atienden en un consultorio y conocen a cada paciente por su nombre. A los que operan en silencio y salen del block cuando la familia lleva horas esperando noticias. A los que dudan, revisan, corrigen y vuelven a empezar.
En definitiva, hombres y mujeres que eligieron una profesión en la que la vocación se juega, muchas veces, en cuestión de minutos, pero se construye a lo largo de toda una vida. A ellos, en este 3 de diciembre, nuestro reconocimiento y nuestro gracias.