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15 de febrero 2026 - 5:00hs

Claudio tenía un tráiler carpa que usaba en campings. En la pandemia, con más tiempo y menos opciones, este uruguayo que vive en Ciudad de la Costa comenzó a salir con mayor frecuencia a la naturaleza, hasta que decidió comprar una camioneta y la fue adaptando de a poco para convertila en motorhome.

En ese mismo período, pero en Minas, Sergio adquirió un ómnibus Mercedes Benz de 1970 y lo transformó él mismo en su casa sobre ruedas, con la idea de recorrer Uruguay sin depender de hospedajes.

En Montevideo, Iván probó primero alquilando casas rodantes y convencido de que ese era el estilo de viaje que buscaba, compró un microbús que convirtió en casa familiar.

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Aunque su historia con las casas rodantes comenzó mucho antes del auge reciente, Carlos Píriz veía ese crecimiento de la demanda reflejado puertas adentro de su taller de fabricación de casas rodantes, Carlitur. La empresa, fundada hace más de 30 años, empezó a recibir cada vez más consultas de personas que querían convertir su vehículo en un espacio habitable y confortable para viajar con autonomía.

Si bien hace ya décadas que los motorhomes y casas rodantes forman parte del paisaje de rutas y campings uruguayos, la pandemia y la necesidad de contar con un lugar propio para seguir haciendo turismo aceleró su adopción en Uruguay y amplió el universo de interesados. Hoy la comunidad crece y, según integrantes de diferentes colectivos, ya hay más de 1.000 vehículos de este tipo en funcionamiento en el país. Con un rango de inversión muy amplio, que va desde US$ 6.000 para opciones más básicas o vehículos camperizados, y supera los US$ 200.000 en unidades de mayor porte y equipamiento, el público que elige este tipo de turismo también se diversificó en los últimos años y hoy los jóvenes empiezan también a ganar terreno.

“Antes se decía que los motorhomes eran para gente jubilada, y si bien la gran mayoría de los propietarios sigue siendo gente mayor, hoy hay mucha gente joven que trabaja y sale los fines de semana”, sostuvo Ivan Riaño, propietario de un motorhome y fundador del grupo Casas Rodantes y Motorhomes Uruguay, que hoy cuenta con más de 900 miembros.

Desde Carlitur, que se dedica al diseño y fabricación de casas rodantes, motorhomes y campers, explican que la demanda hoy se segmenta con bastante claridad según la etapa de vida del cliente. Las casas rodantes modelo 380 — vehículo remolcable que tiene una longitud de carrocería de aproximadamente 3,80 metros— son de las más solicitadas. Se trata de unidades livianas, de un solo eje, pensadas para viajes en pareja o en familias pequeñas que logran un equilibrio entre comodidad y facilidad de traslado. En paralelo, las denominadas “mini casas” ganan también terreno entre parejas jóvenes que aún no tienen hijos, así como los campers, estructuras que se colocan sobre la caja de la camioneta. En cuanto a los costos, una casa rodante 380 equipada, detallaron, ronda los US$ 17.900 más IVA. Las mini casas, con cocina completa, dormitorio, placar e instalación eléctrica, se ubican en el entorno de los US$ 6.900 más IVA.

En cambio, los motorhomes completos suelen ser elegidos por un público de mayor edad, en muchos casos jubilados, que prioriza la comodidad y la previsibilidad. “Quieren algo que no les genere problemas, salir sin la preocupación de que se les va a quedar el vehículo”, señalan. Es frecuente que este perfil opte por unidades cero kilómetro y mayor nivel de equipamiento y la empresa fabrica alrededor de 15 unidades por año.

Además del crecimiento en cantidad de vehículos, el fenómeno también se apoya en comunidades organizadas que funcionan como punto de encuentro para los aficionados. Tal es el caso de Rancho Móvil Uruguayo, una asociación civil sin fines de lucro y con personería jurídica que lleva 38 años de existencia y reúne hoy a alrededor de 160 socios.

Según señaló su presidente Claudio Moneo a Café y Negocios, en este ámbito también organizan salidas grupales al exterior en fechas clave como Semana de Turismo, con destinos frecuentes en Argentina y Chile. A su vez, ofician como anfitriones cuando asociaciones de la región visitan Uruguay, orientándolas sobre rutas, campings y puntos de interés para recorrer el país en motorhome.

Los desafíos de hacer turismo sobre ruedas

Este tipo de turismo se concentra principalmente en la costa uruguaya, desde Colonia hasta el Chuy, con paradas frecuentes en balnearios y entornos naturales del este del país. Sin embargo, los parques, festivales y eventos que se realizan a lo largo y ancho del territorio también se convirtieron en puntos de encuentro para la comunidad, que ve en estos vehículos una forma práctica de viajar y alojarse sin depender de reservas.

Al momento de estacionar, la mayoría opta por campings o playones de estacionamiento, aunque referentes del sector coinciden en que la infraestructura disponible en el país es insuficiente.

En Uruguay, señala Sergio Pérez, usuario de uno de motorhome, hay pocos espacios adecuados y, en muchos casos, no se ajustan a las necesidades específicas de estos vehículos.

“En el motorhome tenemos todo lo que necesitamos: la cama, el baño, la ducha, electricidad y un lugar donde cocinar. Para nosotros es caro entrar a un camping porque los servicios que nos brindan ya los tenemos, lo único que necesitamos es un lugar para descargar las aguas grises y negras o los baños químicos y una canilla para reponer el agua”, detalló.

En la misma línea, Moneo y Riaño sostuvieron que los campings no siempre están preparados para recibir motorhomes y coincidieron en que lo que se necesita son espacios que cuenten con acceso a agua y sistemas adecuados para la descarga de las llamadas aguas negras.

“En Argentina y Uruguay hay lugares donde dan playones de estacionamiento, pero en Uruguay hay muy pocos. Canelones está haciendo alguno, en La Paloma hay un playón grande y en Maldonado hay un lugar en el balneario Solís”, describió Moneo.

Los referentes de Rancho Móvil y Casas Rodantes y Motorhomes Uruguay también coinciden con que ese servicio sea pago —un punto que genera debate dentro de la comunidad—, pero subrayan que debería estar específicamente diseñado para motorhomes.

La gran mayoría estamos de acuerdo con que nos permitan estacionar, y que a quienes tiren aguas y hagan campamento se les pongan multas altas. También con que haya tiempo límite para quedarse. Como no hay una ley muchos hacen cosas que no se pueden y por gente que no se sabe ubicar terminamos pagando los que sí nos adaptamos”, sostuvo Riaño.

En ese sentido, destacó avances en departamentos como Rocha y Colonia, aunque fue crítico con el accionar de Maldonado. Moneo agregó que en Piriápolis y Punta del Este no se les permite circular o estacionar.

“A veces los inspectores te corren de lugares simplemente porque sos un motorhome; si el mismo vehículo no fuera motorhome y fuera un vehículo de pasajeros o de transporte no pasaría lo mismo”, afirmó Pérez.

Entre otros desafíos, los integrantes del sector mencionaron la seguridad y resaltaron el rol de las asociaciones para organizar salidas en grupo.

“La comunidad de motorhomes está creciendo cada vez más. Es un turismo diferente, y a veces la gente piensa que la gente de los motorhomes no gasta y en realidad cuando vamos a un lugar vamos a cenar, compramos en el lugar, gastamos combustible, lo único en que no gastamos es en hotel, después gastamos en todo”, sostuvo Riaño.

Las nuevas unidades de negocio que nacen de esta tendencia

Este auge llevó a empresas como Carlitur a reforzar su apuesta en el segmento, no solo desde la fabricación de unidades, sino también a través de nuevas líneas de negocio vinculadas a la venta de accesorios y a la prestación de servicios para viajeros extranjeros.

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“Lo he visto crecer mucho al rubro, el mismo cliente me ha ido empujando a seguir creciendo y hacer cosas distintas”, sostuvo Píriz. Con el aumento de la demanda, identificaron que en Uruguay casi no había oferta de insumos específicos para motorhomes y casas rodantes.

“Empezamos a fabricar, pero resulta que acá no hay nada de accesorios para motorhomes. Entonces optamos por importar puertas, ventanas y todo lo necesario”, explicó. Así, hace siete años abrieron el rubro de importación y comenzaron también a vender al público en general, apuntando a captar clientes entre quienes prefieren transformar su propio vehículo por cuenta propia.

En paralelo, la empresa desarrolló un servicio orientado a viajeros europeos que eligen Montevideo como punto de partida para recorrer Sudamérica, atraídos —según señala Píriz— por los costos competitivos del puerto. A través de la plataforma iOverlander, reciben principalmente entre octubre y noviembre a turistas de países como Francia, Alemania, Suiza y España, que llegan con sus vehículos y requieren asistencia técnica. “Les solucionamos problemas con calefacciones, bombas de agua, heladeras o cocinas”, detalló.

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