El Observador Estados Unidos | Gabriela Perozo

Por  Gabriela Perozo

Presidenta América Hispana/Analista política
15 de febrero 2026 - 10:18hs

Gobernar sin invadir. Liberar sin ocupar. Corregir sin desfilar tanques por la Avenida Bolívar. Eso es lo que ha ocurrido en Venezuela durante las últimas mil horas.

Cuando Nicolás Maduro fue capturado y trasladado a Nueva York para enfrentar la justicia federal estadounidense, muchos imaginaron el caos o la intervención clásica. Nada de eso ocurrió. No hubo marines desembarcando ni un gobernador extranjero tomando posesión en Miraflores. Lo que siguió fue algo más sofisticado: una transición inducida a distancia.

El ritual tradicional de la diplomacia parte de la igualdad formal: un presidente recibe a otro en la Casa Blanca, en el Palacio del Elíseo o en la Casa de Nariño. Son pares. Se reconocen como jefes de Estado soberanos. Pero en Caracas la escena es distinta. Allí no se ven encuentros ceremoniales entre iguales, sino reuniones funcionales entre ejecutores y supervisores estratégicos.

John Ratcliffe - director de la CIA - 5-1-26 - AP
El director de la CIA, John Ratcliffe, fue el primer funcionario de EEUU en visitar Venezuela tras la captura de Maduro

El director de la CIA, John Ratcliffe, fue el primer funcionario de EEUU en visitar Venezuela tras la captura de Maduro

Delcy Rodríguez ostenta el título de presidenta encargada. Pero en la práctica, su rol se asemeja más al de una coordinadora dentro de un esquema mayor. Conversa con secretarios, emisarios y funcionarios que no la tratan como par, sino como pieza dentro de una arquitectura estratégica más amplia. No es humillación: es reconfiguración.

Y mientras tanto, la Fuerza Armada Nacional, durante años sostén físico del régimen, ha retrocedido a un segundo plano. Ya no marca el ritmo político. No decide el curso internacional. No fija la agenda económica. El centro de gravedad se desplazó.

En su lugar impera una administración técnica: reactivación petrolera bajo condiciones supervisadas, liberación gradual de presos políticos, señales calibradas a inversores extranjeros. Cada paso parece responder a un guion claro: estabilizar, abrir, condicionar y avanzar.

La narrativa dominante sostiene que Estados Unidos no tiene plan o que solo busca aprovecharse. Sin embargo, lo observable es otra cosa: un esquema que forzó a pagar cuentas pendientes ante la justicia, que debilitó a la cúpula criminal sin destruir al país y que abrió espacios graduales hacia una transición democrática.

Delcy Rodríguez juró como presidenta interina (2) - 5-1-26 - AFP

Mil días después, Venezuela no es una colonia ni un protectorado visible. Es un país que atraviesa una transición inducida con precisión quirúrgica. Washington no ocupó Caracas; la rodeó, la condicionó y la empujó hacia una ruta distinta.

Lo que vemos hoy no es el final del proceso, sino su primera fase. La jugada decisiva fue la extracción de Maduro. A partir de allí surgió algo inédito: un gobierno interino con fecha implícita de caducidad, operando bajo coordinación indirecta y funcionando, en la práctica, a control remoto. No es un protectorado ni una invasión. Es una transición guiada.

Y si la estabilización fue diseñada con tal precisión, la verdadera incógnita es cómo será la recuperación y la transición, que podrían resultar aún más ingeniosas. Venezuela podría convertirse en un experimento novedoso: un país reconstruido en alineación estratégica con Estados Unidos, con una integración económica inédita en la región. ¿Podría incluso convertirse en el primer país latinoamericano en avanzar hacia un esquema de comercio sin aranceles con Washington?

Donald Trump AFP 1

En política internacional, la fuerza bruta suele ser la herramienta más visible. La inteligencia estratégica, en cambio, suele ser la más efectiva. Lo ocurrido en Venezuela no parece improvisación, sino una forma inédita de presión estructurada para liberar a un país oprimido que ahora se integra a los “Estados Unidos de América”.

Lo que empieza a tomar forma es algo más profundo: un nuevo esquema internacional en el que un Estado mantiene su soberanía formal, pero funciona en la práctica como un socio casi integrado a la estructura económica y estratégica de una potencia. No un protectorado sino una especie de Estado libre asociado del siglo XXI, conectado por intereses energéticos, comerciales y de seguridad compartidos. Un Estado independiente, aunque alineado de forma estructural a un centro de decisión externo.

Estamos ante un nuevo orden geopolítico. El poder ya no ocupa países: los alinea. Si este experimento funciona, Venezuela podría pasar de crisis histórica a modelo de desarrollo del nuevo orden internacional.

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