Martín Cabrera se incorporó a Deloitte Spanish Latin America como Socio de Asesoría y Consultoría, con base en Uruguay, luego de desarrollar durante las últimas dos décadas una extensa trayectoria profesional en Chile. Su llegada busca fortalecer la propuesta de la firma en inteligencia artificial (IA), datos, plataformas cloud y transformación digital, además de impulsar oportunidades de colaboración con clientes en toda la región.
Uruguayo y radicado en Chile durante 20 años, Cabrera pasó por compañías como Google, Microsoft y el Banco BCI, además de otras consultoras, antes de asumir su nuevo desafío en Deloitte. Su regreso al país combina un objetivo profesional con una motivación personal que, según contó, esperaba desde hacía tiempo.
“Estar ahora en Deloitte Spanish Latin America y en particular basado en Uruguay representa, para mí, volver al país. Además de un hermoso desafío profesional, también es una situación personal que anhelaba, que deseaba hace tiempo y que me tiene muy contento”, señaló.
“Esa alianza tiene un potencial enorme en toda la región. Yo vengo a liderar para que podamos sacarle el máximo provecho y crecimiento a ese tema”, explicó Cabrera.
El ejecutivo también se incorporará al equipo regional de ingeniería, IA y datos, área que ya lideraba en Deloitte Chile. Allí aportará su experiencia en plataformas cloud, modernización de infraestructura y aplicaciones, proyectos de datos e IA, un campo que se convirtió en uno de sus principales focos durante los últimos años.
Uruguay como plataforma regional
Cabrera buscará trabajar no solo para el mercado local, sino también para el resto de la región. Según explicó, Deloitte Uruguay cuenta con socios y equipos que participan en proyectos regionales y existe una oportunidad para seguir desarrollando capacidades desde el país.
“Ya he estado en contacto con varios equipos y he corroborado lo que suponía: que hay mucha gente muy talentosa trabajando aquí”, afirmó.
Para el ejecutivo, nuestro país cuenta además con un buen posicionamiento en materia tecnológica. Destacó especialmente el desarrollo de empresas locales que crean soluciones de Inteligencia Artificial para otros mercados de la región e incluso para clientes globales.
El desafío de pasar de los pilotos a la escala
Uno de los principales desafíos que observa en las empresas es la distancia entre la experimentación con IA y su implementación a escala.
Cabrera considera que el alto nivel de expectativa generado alrededor de la IA llevó a muchas compañías a realizar pruebas y pilotos que no necesariamente fueron diseñados desde el inicio para convertirse en soluciones escalables. Esto, a su entender, puede generar dudas sobre el retorno real de la tecnología.
Sin embargo, advierte que implementar tecnología de manera segura, funcional y escalable siempre requiere esfuerzo. “No es magia, no es que uno se sienta delante de un computador y escribe dos prompts y en un par de horas tiene la solución perfecta”, mencionó.
La complejidad aumenta en las grandes empresas, que cuentan con sistemas, procesos e infraestructura construidos durante décadas. Incorporar IA sobre ese legado requiere, por tanto, una estrategia que contemple tanto la tecnología como la transformación de la organización y sus procesos.
Para el especialista, aunque el impacto de la IA todavía puede ser moderado en algunas compañías, existe un convencimiento creciente de que la tecnología tiene un potencial transformador muy superior al de otras herramientas utilizadas en procesos anteriores de digitalización.
Productividad, procesos y experiencia del cliente
El ejecutivo identifica tres grandes áreas en las que las empresas concentrarán sus esfuerzos durante los próximos años: productividad, procesos y experiencia del cliente.
En primer lugar, sostiene que prácticamente todos los roles dentro de una organización deberán transformarse a partir de la incorporación de IA. Programadores, equipos financieros, recursos humanos y profesionales de distintas áreas tendrán que adaptar sus tareas a un entorno en el que estas herramientas estarán incorporadas al trabajo cotidiano.
“Hoy prácticamente cualquier rol, en una ventana de tiempo de cuestión de meses o a lo sumo pocos años, va a tener que transformarse y acostumbrarse a que ese rol ya se desempeñe con inteligencia artificial incorporada”, afirmó.
El segundo gran ámbito será la transformación de los procesos. Cabrera considera que muchas de las formas actuales de trabajo fueron diseñadas antes de la actual ola de IA y, por lo tanto, existe una oportunidad para replantearlas desde cero.
Procesos que históricamente podían demorar cuatro o cinco días, ejemplificó, podrían llegar a completarse en cuatro o cinco horas o incluso menos.
El tercer eje será la experiencia de los clientes. En este punto, plantea que las empresas deberán repensar la interacción digital que ofrecen y avanzar hacia experiencias más conversacionales. En el caso de los bancos, por ejemplo, imagina aplicaciones y sitios web capaces de responder consultas de los usuarios utilizando IA de manera natural.
Los datos como condición para aprovechar la IA
Para Cabrera, la capacidad de una empresa de aprovechar la IA estará directamente relacionada con la madurez de su gestión de datos.
La calidad de la información, su gobierno, confidencialidad y seguridad serán factores determinantes para implementar soluciones de IA sin generar nuevos riesgos. Una compañía que quiera explotar sus datos mediante IA, pero no tenga mecanismos adecuados de control y acceso, podría terminar generando brechas que perjudiquen al negocio.
“Las empresas que más van a poder explotar la IA son las que tienen un grado de madurez mayor en el gobierno de sus datos”, sostuvo.
Por eso, considera que el gobierno de datos dejó de ser un aspecto secundario para convertirse en una condición necesaria para avanzar en IA. En Deloitte, justamente, las áreas de IA y datos trabajan de manera estrechamente vinculada.
Un horizonte de al menos cinco años
De cara a los próximos años, Cabrera espera contribuir a que las empresas transformen sus negocios mediante IA. Considera que la tecnología marcará las prioridades de las compañías durante, al menos, los próximos cinco años, aunque reconoce que resulta difícil proyectar más allá debido a la velocidad con la que evoluciona.
El impacto, además, excederá al ámbito empresarial. Cabrera anticipa transformaciones en áreas como la educación, la forma de desarrollar carreras profesionales y la gestión de servicios públicos.
“Mi expectativa es tratar de contribuir y trasladar la experiencia que he ganado en estos 20 años fuera, devolverla al país y desarrollar y seguir desarrollando capacidades acá en Uruguay”, resumió.
Su regreso se produce, así, en un momento de fuerte expansión de la IA y con el objetivo de conectar la experiencia acumulada durante dos décadas en Chile con el talento y las capacidades tecnológicas que Deloitte identifica en Uruguay.