El jueves pasado, cuatro mil personas se levantaron, abrieron su computadora y se enteraron de que ya no trabajan más. No porque la empresa estuviera mal. Al contrario: Block, la compañía detrás de Square, Cash App y Afterpay, venía de reportar más de 2.870 millones de dólares de ganancia bruta en el último trimestre, un 24% más que el año anterior. La empresa está mejor que nunca. Sus empleados, no tanto.
Jack Dorsey, el cofundador de Twitter que ahora lidera Block, publicó un posteo de 626 palabras en X para explicar por qué despidió al 40% de su fuerza laboral. La razón, textual: herramientas de inteligencia. No dijo "estamos reestructurando". No dijo "el mercado nos obliga". Dijo que la inteligencia artificial cambió lo que significa construir y operar una empresa. Y que un equipo más chico, con las herramientas adecuadas, puede hacer más y hacerlo mejor.
La acción de Block subió 24% en cuestión de horas. Vuelvo a leer eso: cuatro mil personas pierden su trabajo y Wall Street aplaude de pie. Hay algo ahí que debería incomodarnos, aunque no nos sorprenda.
Dorsey fue extremadamente quirúrgico en su comunicado. Dijo que tuvo dos opciones: ir recortando de a poco durante meses o años, o ser honesto y actuar de una vez. Eligió lo segundo. Argumentó que las rondas repetidas de despidos destruyen la moral, el foco y la confianza. Y después fue más lejos: dijo que la mayoría de las empresas van a llegar a la misma conclusión en el próximo año. Que él prefería llegar primero y en sus propios términos antes que reaccionar tarde.
Acá hay que frenar un segundo y mirar los números con honestidad. Block tenía 3.835 empleados a fines de 2019. Durante la pandemia, como hicieron casi todas las tecnológicas, contrató como si el mundo se hubiera vuelto 100% digital para siempre. Llegó a tener más de 10.000. Ahora vuelve a menos de 6.000. Goldman Sachs señaló que, básicamente, Block está volviendo a sus niveles de 2020. Hay quienes dicen que esto no es una revolución de la IA sino la corrección de una sobrecontratación masiva postpandemia. Y hay un estudio de Oxford Economics publicado en enero que encontró exactamente eso: muchos despidos que los CEOs atribuyen a la inteligencia artificial en realidad responden a excesos de contratación previos.
Entonces, ¿Dorsey está siendo visionario o está usando la IA como coartada elegante? Probablemente un poco de las dos cosas. Y eso es lo que hace que esta noticia sea tan importante. Porque no importa tanto cuál sea la verdadera razón detrás del despido. Lo que importa es el mensaje que envías al resto del mercado: si decís que echás gente por la IA, tu acción sube. Punto. Es un incentivo brutal. Después de Block, ¿qué CEO no va a considerar la misma jugada?
De hecho, ya está pasando. Pinterest, CrowdStrike, Chegg: todas anunciaron recortes atribuyéndolos directamente a la IA en las últimas semanas. Salesforce despidió 4.000 personas con un argumento casi idéntico. Amazon habló de eliminar capas de gestión porque la IA es "la tecnología más transformadora desde internet". Mustafa Suleyman, el jefe de IA de Microsoft, advirtió que los trabajadores de cuello blanco tienen entre 12 y 18 meses antes de enfrentar un desplazamiento masivo.
Pero hay una trampa en toda esta narrativa que pocos están mirando. Un reporte de Forrester del mes pasado puso en duda cuánto de las ganancias de eficiencia atribuidas a la IA son reales versus cuánto son recortes financieros disfrazados. Josh Bersin, uno de los analistas de recursos humanos más respetados del mundo, investigó lo que está haciendo Block y encontró que de 70 empresas estudiadas, la mayoría de las que implementaron IA para aumentar la productividad individual no vieron una reducción significativa de puestos de trabajo. Lo que sí funciona es la reingeniería completa de procesos. Pero eso lleva tiempo, planificación y una estrategia que va mucho más allá de publicar un posteo en X.
Dorsey ofreció condiciones de salida razonables: 20 semanas de sueldo más una semana por año de antigüedad, acciones hasta fin de mayo, seis meses de cobertura médica, los dispositivos corporativos y 5.000 dólares adicionales. No es poca cosa. Pero tampoco es suficiente para disfrazar lo que está pasando.
Lo que está pasando es un cambio de paradigma en cómo el mercado mide el valor de una empresa. Dorsey apunta a generar más de 2 millones de dólares de ganancia bruta por empleado, cuatro veces más que la eficiencia que tenían antes de la pandemia. Ese número va a convertirse en un benchmark. Y cada directorio va a sentarse a hacer la cuenta: ¿cuántas personas podemos sacar para acercarnos a ese ratio? No porque la IA realmente pueda reemplazar todo lo que hacían, sino porque el mercado premia la intención.
Y ahí está el problema de fondo. Estamos entrando en una etapa donde despedir gente en nombre de la inteligencia artificial es una estrategia de comunicación financiera antes que una realidad operativa. La IA es extraordinariamente buena en muchas cosas. Pero hoy no reemplaza la capacidad de un equipo de soporte de entender el contexto de un cliente frustrado. No reemplaza la intuición de un diseñador que sabe cuándo un producto no funciona. No reemplaza la negociación, la empatía, la lectura de una sala. No todavía. Tal vez algún día. Pero no hoy.
Y sin embargo, hoy, cuatro mil personas se quedaron sin trabajo. Y la acción subió.
Hay una frase que Dorsey escribió en su posteo que me quedó dando vueltas: "Las capacidades de las herramientas de inteligencia se componen más rápido cada semana". Tiene razón. Se componen. Pero las vidas de las personas no se componen así. No es código que se optimiza. No son funciones que se deprecien. Son personas que mañana van a tener que explicarle a alguien que ya no tienen trabajo, no porque hicieron algo mal, sino porque un algoritmo demostró que podía hacer algo parecido a lo que hacían. Parecido. No igual.
El futuro del trabajo no se va a definir en un posteo de 626 palabras. Se va a definir en cómo respondemos a este momento. Si nos quedamos aplaudiendo la eficiencia como si fuera el único valor que importa, o si empezamos a preguntarnos: eficientes, ¿para qué? ¿para quién?