18 de septiembre 2025 - 17:55hs

El oro es quizás el refugio financiero más viejo del mundo. Cuando hubo guerra, el que pudo, compró oro. Llegaron después reservas de valor más sofisticadas pero el lingote nunca perdió su encanto. Cuando hay tensiones geopolíticas, cuando el mundo se siente hostil e inseguro, el precio del oro vuela.

Es la base de la demanda que alimenta el impresionante rally del oro de estos días. Una escalada en la que mandan las grandes compras de los bancos centrales, aunque hoy el acceso incluye hasta al último minorista.

El oro duplicó su precio desde la invasión rusa a Ucrania en 2022 y trepó 40% en lo que va de este año, después de haber ganado 24% en 2004. Es el mayor incremento en tres décadas.

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Pero en este último tramo del rally se sumó la llegada desestabilizadora de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. en noviembre del año pasado.

Por un lado, su proteccionismo comercial, con la incertidumbre tarifaria que inyectó en la economía, y sobre todo, la perspectiva de una mayor inflación, con su corrosiva influencia sobre el intocable estatus del dólar.

El oro recibió así un impulso adicional de esta otra asociación clásica que marcó a los 70 y los 80: el correlato entre la inflación y el oro como cobertura.

La onza cotiza a u$s 3.637 y ya quebró su récord de todos los tiempos. Superó incluso el máximo ajustado por inflación de 1980.

Los u$s 4.000 no van a tardar en llegar.

Los bancos centrales están duplicando sus compras de lingotes

La acumulación de oro por parte de los bancos centrales del mundo fue determinante en este fenómeno.

En los últimos tres años, las compras netas de las entidades superaron las 1.000 toneladas, el doble del promedio anual de la década anterior.

Son datos del World Gold Council, que señala en un informe que la tendencia continuará en la medida en que los riesgos geopolíticos llevan a los países a aumentar la participación del oro en sus reservas como cobertura.

El movimiento coincide con la caída del dólar de su pedestal de refugio (perdió 10% en el primer semestre, su peor inicio de año desde 1973).

Y las compras masivas de países emergentes, fundamentalmente China, también apuntaron a proveer un blindaje contra sanciones financieras de EE.UU. así como medidas arancelarias imprevistas del gobierno de Trump.

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En el proceso de este reacomodamiento, el dólar mantiene, no obstante, su posición como principal activo de reserva en las arcas de los bancos centrales pero el oro desplazó al euro a una tercera posición.

A su vez, EE.UU. es el país con más oro en su poder por lejos. Son unas 8.100 toneladas, mientras que Alemania, el segundo en el ranking, acumula 3.350 toneladas, alrededor del 40% que EE.UU..

Los bancos centrales con más lingotes en sus reservas son los de Italia, Francia, Rusia y China, aunque la distancia entre ellos es mínima, va entre las 2.400 y las 2.200 toneladas.

Por otro lado, es interesante sondear qué países están comprando más oro estos días.

Aunque la información más actualizada es a mayo de este año, resulta que Polonia viene acumulando oro en lo que va de 2025 a un ritmo que deja muy atrás a los demás países.

En vista del reciente episodio de la invasión rusa de su espacio aéreo con drones, su extrema cautela financiera no parece una sobrerreacción. El banco central polaco adquirió a mayo 67 toneladas de oro. Ninguno de los que lo siguen llega siquiera a 20 toneladas.

El segundo es Azerbaiyán, país de la región del Cáucaso que también limita con Rusia.

El tercero es China, el cuarto es Turquía y el quinto es Kazajistán, país que también comparte frontera con Rusia.

Un récord que se remonta a la crisis de tiempos de Jimmy Carter

El oro acaba de quebrar un nivel sin precedentes, al superar su anterior máximo de hace 45 años ajustado por inflación.

El precio spot del oro ya marcó 30 récord nominales este año pero faltaba que superara los u$s 850 del 21 de enero de 1980, que según Bloomberg, equivalen a u$s 3.590 actuales.

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En aquel entonces, EE.UU. lidiaba con una moneda que colapsaba, un pico de inflación y una recesión en pleno desarrollo. Los precios del oro se habían duplicado los dos meses anteriores al récord.

El presidente Jimmy Carter venía de ordenar que se congelaran los activos iraníes en respuestas a una crisis de rehenes en Teherán, lo que aumentaba para los bancos centrales el riesgo de mantener dólares en sus arcas.

Meterse con la independencia de la Fed es hacerle el juego al oro

Pero el oro no siempre fue tan popular. Estamos, de hecho, ante un gran regreso con toda fanfarria.

A lo largo de los 90 y los años 2000, el fin de la Guerra Fría, la creación de la zona euro y la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) sembraron las bases de una era de globalización que entronizaron al dólar. Los inversores le dieron la espalda al oro.

Ahora, los expertos dicen que pronto podría llegar a u$s 4.000 la onza. Y sería sin sumar en la ecuación la evolución de los múltiples conflictos bélicos que hostigan al mundo. Sólo con la ayuda de Trump y su interferencia en la Reserva Federal (Fed).

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Londres pierde contra Nueva York como la gran bóveda global

  • Gracias al rally, Londres llegó al billón de dólares bajo custodia.
  • La otra gran bóveda donde se guarda el oro es la Reserva Federal de Nueva York.
  • En el último tiempo, el temor a la imposición de aranceles generó una migración de Londres a Nueva York.
  • Los lingotes de un kilo son los más comunes que se negocian en el Comex. En Londres se prefiere una barra de 400 onzas troy.
  • Los lingotes se exportan en su mayoría de Suiza a EE.UU. pero Washington fijó un arancel récord del 39% a las importaciones de ese país.

En Goldman Sachs no descartan un escenario en el que una Fed con una independencia deteriorada conduzca a más inflación y una mayor erosión del dólar.

Si eso se cumple, el oro podría dispararse “bien por encima” de su escenario base de u$s 4.000 a mediados de 2026.

Según Bloomberg, bastaría que el 1% de los inversores individuales de los bonos del Tesoro de EE.UU. migrara al oro para que el precio volara a casi u$s 5.000 la onza.

Una vez más, algo parecido ya pasó y los resultados se conocen.

A comienzos de los 70, el presidente de entonces Richard Nixon también quiso manejar la Fed y la presionó para mantener las tasas bajas a toda costa ante el riesgo de que se disparara la inflación.

Con un dólar cuesta abajo, se puso en marcha un rally colosal del oro, que junto con los shocks del petróleo de esa década, lo llevaron hasta las alturas que acaba de superar.

Eso sí, el oro tiene una desventaja. No genera cash-flow.

Es portátil. Fácil de vender. Pero no hay intereses. Pero su valor como reserva depende, en última instancia y en definitiva como en todos los casos, de una convención. Es el poder de la creencia colectiva.

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