Finalmente Europa había logrado deshacerse de su “problema húngaro”.
Durante 20 años al frente de Hungría, Viktor Orbán había obstruido cuanta sanción el bloque propusiera contra Rusia desde la invasión a Ucrania. El veto es un “super-poder” nuclear en la comunidad de los 27 que profesa la filosa democracia de la unanimidad.
Con el cambio de régimen, y la desaparición del viejo aliado del líder ruso Vladimir Putin, la Unión Europea (UE) festejó en los pasillos. Pero resultó ser que la pesadilla sólo cambió de domicilio. Ahora tenían un “problema búlgaro”.
Viktor Orbán, ex primer ministro de Hungría.
El primer ministro que asumió en abril amenaza con bloquear el nuevo paquete de sanciones, que busca debilitar la maquinaria de guerra de Putin. Secretamente furiosa, la fría Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea (CE), ya lo presentó públicamente aunque no tiene aprobación oficial.
Hay que decir que se trata del 21° paquete de sanciones, que Europa logró imponer desde que la invasión ocurrió en 2022. Son muchos aún en cuatro años. Pero la eficacia de las medidas es otro debate.
Ahora Bruselas debe decidir cómo lidiar con Rumen Radev. El nuevo “Orbán” de Europa.
Quién es Radev, el matemático que fue piloto de combate
Bulgaria se sumó a la UE en 2007. Desde entonces el país estuvo dominado por el partido del primer ministro Boyko Borissov.
Pero la corrupción y el clientelismo crearon un malestar social que eclosionó en una serie de protestas en 2020–2021 e inauguró un largo período de inestabilidad político y una seguidilla de elecciones.
Radev se hizo popular en ese tiempo pese a que era presidente del país desde 2017, un cargo básicamente ceremonial. Había llegado al cargo gracias al apoyo de dos formaciones de centro-izquierda.
Pero sus afiliaciones políticas fueron muy cambiantes. Después de estudiar matemáticas en la universidad, se unió al Partido Comunista Búlgaro. Luego se sumó a las filas del ejército en plena Guerra Fría, donde ingresó en la escuela de pilotos de combate.
En 1992, viajó a la potencia rival: Estados Unidos, donde estudió en la Air Force University y en el Air War College.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Rumen Radev, primer ministro de Bulgaria.
Antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas búlgaras, ganó las elecciones como primer ministro en abril de este año, las octavas en cinco años. Radev dimitió como presidente apenas tres meses antes de los comicios y poco antes de que acabara su segundo mandato.
Vio su oportunidad luego de la manifestación que en diciembre de 2025 provocó la dimisión del Gobierno, una de las mayores protestas en Bulgaria desde la caída del régimen comunista a finales de los años ochenta.
Pese a que Bulgaria había enviado 13 paquetes de ayuda militar a Ucrania desde el inicio de la guerra, ya el año pasado Radev aseguró que las iniciativas financiadas con fondos europeos para asistir a Kiev en materia de defensa “eran algo destinado al fracaso”.
“Nosotros ya contribuimos suficiente mientras nuestro país sigue sufriendo el daño socio-económico que causa esta guerra sangrienta”, declaró.
Por qué amenaza con vetar las sanciones al Kremlin
¿Cuáles son las objeciones del primer ministro búlgaro?
Radev se opone, por ejemplo, a la inclusión de la petrolera rusa Lukoil en la lista ampliada de entidades alcanzadas por las sanciones europeas. Según explica, la compañía es uno de los mayores distribuidores de combustible para motores en Bulgaria, además de gestionar la única refinería del país, Burgas.
Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Rumen Radev, primer ministro de Bulgaria.
También argumenta que las sanciones ponen en riesgo el suministro de repuestos para el metro de la capital, Sofía, y de fertilizantes.
Radev también exige que se excluya de la lista que congela activos y prohíbe viajar a la UE al patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, uno de los lazos más fuertes entre los dos países.
Pero más allá de estos temas puntuales hay un cuestionamiento a la estrategia en sí misma. El búlgaro lo dejó bien claro: “¿De qué manera frenaron estas sanciones la guerra hasta ahora? ¿Y de qué manera contribuyeron a la paz?”.
Sin embargo, Radev afirmó que Bulgaria no obstaculizaría el proceso de negociaciones para la adhesión de Ucrania a la UE.
El voto por unanimidad, la promesa de más clones de Orbán
Queda picando otra pregunta interesante y es en qué medida el sistema de aprobación por unanimidad no se convierte en un instrumento de bloqueo que deja a 26 Estados rehenes de la objeción de uno.
¿Es razonable que un paquete de medidas tan amplio sobre un tema crítico de la política exterior comunitaria quede frenado por observaciones referidas sólo a algunos puntos?
En los tratados de la UE está contemplada, en realidad, una salida.
La posibilidad de que el miembro que objeta la decisión se abstenga. En ese caso, el país no está obligado a aplicar la medida pero en la medida en que acepta que el bloque sí lo haga, debe comprometerse a no interferir de ningún modo en su implementación.
Aunque es un mecanismo raro, ya fue utilizado. De hecho, en dos ocasiones desde la invasión para avanzar con medidas relacionadas con la asistencia a Ucrania. Pero por ahora es otro debate que no está a la vista.
Europa busca cómo aprobar sus nuevas sanciones recargadas contra Rusia, lo que implica descifrar cómo manejar a Radev.
El problema del veto sólo cambió de dirección. Europa sólo tiene un nuevo villano pro-ruso.