21 de septiembre 2024 - 5:00hs

En un momento en el que la imagen es el centro de consumos frenéticos y volátiles, hay un puñado de personas con los ojos cerrados. Esta noche en la Sala Camacuá suena por primera vez El frío que nos convoca, el quinto álbum de estudio de Mocchi o un grito que llama a volver a encontrar la conexión humana en medio de tantas individualidades.

Algunos se agarran las manos, otros las hacen danzar a contraluz, hay quienes se besan de un momento a otro, quienes susurran algo en un oído y quienes intentan contener una emoción atravesada en la garganta. Mocchi, el cantautor uruguayo de 34 años, está ahí en el medio. En el centro de lo que se siente como un abrazo colectivo.

“Nunca había visto a la gente escuchar mi disco. Eso fue algo súper nuevo. Sentir las reacciones, escucharlas, de la gente escuchando un disco por primera vez. Es una locura”, dice al otro día, sentado en una mesa al sol en un bar del centro de Montevideo.

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Un fósforo con una llama de hielo. El tatuaje en su brazo derecho es una marca imborrable de una disco que atravesó un temporal. En medio de una histórica tormenta de nieve en la Patagonia argentina una pregunta cortó el aire: ¿Qué hacemos con todo esto que está pasando? “Entre todo el frío y la hostilidad que estamos viviendo, del avance de los discursos de odio y un montón de cosas que a mí me atraviesan personalmente, ¿qué hacemos con ese frío? O nos juntamos o nos morimos, porque es un montón todo esto”.

Sentado en la mesa del bar en los últimos días del invierno, habla también del avance de la ansiedad, de los estereotipos, del bombardeo de imágenes en las redes sociales. "Es un grupo de canciones que buscan encontrarnos realmente. Juntarnos y decir ¿por qué estamos acá? ¿Cómo te sentís? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué necesitás? Eso es este disco. Una llamita que se prendió desde una necesidad colectiva. No somos gente muy rara, nos pasa lo mismo que le pasa al resto de las personas. Estamos todos medio a la misma: sufriendo las mismas cosas, llorando las mismas cosas y ojalá encontrándonos por un fin común”.

20240912 Mocchi, cantante y compositor musical.

La primera fue Compostaje, una canción que compuso en una hora sumido en el silencio más absoluto después de enterarse de que en Buenos Aires un hombre acababa de matar a cuatro mujeres lesbianas con una bomba casera en su habitación en Barracas. Un crimen de odio. Un lesbocidio. Media hora después entró en el estudio en la madrugada y cantó por primera vez esa canción. Y esa misma toma llegó al disco.

“Estábamos de gira y nos enteramos de ese suceso. También eso: el frío que nos convoca. Un montón de fuego en una habitación. Cuatro lesbianas prendiéndose fuego porque una persona tiró una molotov. Nosotros en el medio de la nieve. Toda una cuestión muy flashera. Pensé 'estamos en un lugar espectacular, pero el mundo no es esto'. Sé que no lo puedo hacer, pero quise frenar el discurso de odio ya. Todo lo que pueda hacer tiene que ser ya, ahora”.

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De todo aquello que hoy es el júbilo
de este odio brotando impúdico
de los hombres creando insólitos
escenarios de odio simbólico
de carencias de un trauma histórico,
será el encuentro estrategia táctica
y sostenerlo será el escéptico
ritual que me haga sobrevivir.

Una canción que, dice, lo moviliza. Que hacía tiempo que no componía algo que lo convenciera tanto "por todos lados". Desde la letra, la música y lo que estaba sintiendo. "Fue lo que movilizó a todo el equipo a decir 'dale, hagamos el disco'. Porque creímos que era una canción necesaria para mí y obviamente para la gente que tengo alrededor".

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Canción de protesta, con su voz al frente y el corazón en la mano. Mocchi hizo un disco urgente, de forma urgente.

Ahora dice que quiere verle las caras a quien escucha su música. A medida que los shows son cada vez más grandes y los aforos van creciendo junto con su discografía, no quiere perderlos de vista. Llenó la Sala del Museo, El Galpón y el Teatro Solís. El próximo lunes se presentará en el Auditorio Nacional del Sodre. Todo parte de un crecimiento por fuera de las grandes maquinarias de la industria, un crecimiento en el que pone el cuerpo en cada rincón al que lleva su música.

A continuación, un resumen de una entrevista al sol con un artista que ha convertido su proyecto en una canción de resistencia.

Hablabas de que el proceso de evolución de tus discos, desde La velocidad del paisaje (2013) hasta El frío que nos convoca, de alguna forma acompaña un proceso de transformación personal en paralelo. Lo describías como "salir del closet" de alguna forma, se trata de cantar sobre ti.

Siempre me escondí mucho atrás de la metáfora o atrás de lo más poético, de encontrar una forma de decir sin quedar tan expuesto. En el sentido más implícito de lo que es un clóset a mí me costaba un montón decir cómo me sentía realmente. Todavía me cuesta, pero siento que en este disco pude decir un montón de lo que siento, de cómo veo la vida, cómo vivo mis vínculos, mis emociones. Siento que antes contaba historias, empapando esas historias con lo que yo sentía, pero siempre era algo que le pasó a un personaje. Fui saliendo un poco de ese lugar con algunas canciones como Ahora o Mi Grito, pero nunca había hecho un disco que sea como ‘soy esto: me enojo y hago Compostaje, la paso re bien y hago canciones como Los días nuestros’. Reconocer mi fragilidad es algo que aprendí hace muy poco, también porque tengo un contexto humano que me permite mostrarme así. Vivo de gira, entonces me pasan un montón de cosas tristes en mi vida personal y generalmente estoy lejos. Tengo un equipo que me acompaña. Sabés que podes decir 'estoy hecho verga' y al lado hay alguien que te dice 'venite a dormir a casa que te hago unos mimos', si no tenés eso es mucho más difícil. Me costó darme cuenta que lo tenía y fortalecerlo. Yo también estoy para acompañar y estoy para que me acompañen.

Hay algo de la vulnerabilidad que atraviesa el disco que se siente en algún punto revolucionario

Sí, creo que es lo más revolucionario. La vulnerabilidad es lo único que nos puede salvar. Si estás al lado de alguien con quien te podés mostrar vulnerable está todo bien, podés atravesar la vida. Vivir está lleno de emociones hermosas y horribles, y para las dos hay que estar pillos, estar atentos, prestar atención y tratar de conectar con lo que tenemos alrededor. Con nuestras propias emociones y también con lo que le pasa a la gente. A mí me ha pasado de estar tocando y de repente ver que hay 10 personas llorando, parar y decir "che, ¿estamos todos bien? ¿Sigo?".

Por momentos se siente bastante artesanal, en un contexto en el que otras corrientes que van hacia algo mucho más industrializado. Tu voz va al frente con cierta desnudez.

Mi voz es artesanal. De hecho grabamos voces guía para después regrebarlas, las fuimos a a regrabar a un estudio super cheto pero nada supera la primera toma. De hecho en Puedo imaginar se nota que me estoy cagando de risa y es lo que estaba sintiendo la primera vez que canté la canción. Estuve siete horas tratando de grabar algo mejor que eso, que técnicamente sonara mejor, pero lo técnico por ahí no es tan importante. Me interesa más mostrarme vulnerable y decir 'mirá, estaba sintiendo eso'. De hecho, en una parte de Seré Yo de mi disco 1990 hay mucha gente que se da cuenta de que estoy llorando. Mi voz cambia. Hay gente que se da cuenta también que en Puedo imaginar me estoy cagando de risa. Y eso también es estar desnudo, ¿no? Cuando hacemos las cosas más premeditadas o más técnicamente se pierde eso, el mostrar lo que realmente soy. En mi caso, hay gente que no; que graba las cosas 50 veces y sigue pudiendo interpretarlas como la primera vez. A mí me pasa que me atraviesa. Y por eso siento que es así, es artesanal.

¿Todas son primeras versiones?

Sí.

20240912 Mocchi, cantante y compositor musical.

En la presentación del disco decías que una vez cada tres meses, más o menos, pensás en dejar de tocar. Que si no fuese por otra gente que te empuja en este momento serías psicólogo. ¿En qué momentos te han empujado?

Creo que el contexto político es un montón. Tenemos mucha suerte, vamos a tocar a cualquier lugar de Argentina y se llena. Es una locura eso. Ahora, a mí no me importa que se llene sino que me importa lo que voy a decir. Muchas veces agendamos fechas para darle trabajo a los equipos técnicos de los lugares, sabiendo que nosotros no estamos ganando plata. Por ahí tenemos otra fecha que va a compensar eso. Es como un puzle. Yo sé que no toda la gente me escribe un mensaje y me dice no puedo pagar. Porque hay que ser muy valiente para hacer algo así en este momento donde entras en Instagram y parece que todo el mundo vacaciona en el Caribe. Hay gente que sí, que siente la confianza y sabe que a nuestros shows no queda nunca nadie afuera por no tener plata. Pero es una mierda, porque a mi no me importa que el show se llene si la gente está viendo a ver qué come en la semana para ir a verme.

Hay que pensar un montón en que son espacios necesarios, ¿pero qué pasa con la gente que no puede acceder hoy a esos lugares? A veces nos pasa que nos llegan mensajes después que dicen re quería ir, pero no cobré o justo viniste a tocar a mi ciudad y era fin de mes. Y a mí me parte al medio. Entonces ahí digo 'che, reformulamos esto, ¿cómo hacemos?'. De hecho la última charla que tuvimos fue esa: 'Por ahí tenemos que abrir un kiosco y con esa plata financiar este proyecto'. Hay un montón de pensar en cosas que no tienen que ver con hacer canciones y eso a mí me cansa un montón, lo hago porque me quiero seguir subiendo a escenario y ser feliz, pero también es agotador estar pensando un montón en los números. Ahora por ejemplo en Buenos Aires ponemos entradas que la gente puede elegir cuánto pagar. De hecho, la otra vuelta un pibe compró cinco entradas de las más caras y nos escribió regálensele a alguien. Pasan cosas así.

También en un momento tuve como una quietud a raíz de que sentía que estaba diciendo lo mismo hace mucho tiempo. Sentía que era vender humo seguir tocando las canciones de siempre. Quería darle algo nuevo a la gente, entonces paré. 'Capaz que no hago más canciones y dejo de tocar'. A veces también porque girar esa agotador. Llegas a tu casa y decís 'me encantó, la pasé re bien, pero quiero estar tres meses sin tocar'. Pero bueno, tenés que conseguir un laburo de otra cosa. Todo esto rueda y nos va muy bien. No tenemos problemas económicos, la verdad que nos va muy bien, extremadamente bien. Yo tengo muchísimas más cosas de las que imaginé en mi vida. Pero siempre es como 'si queremos que esto crezca, ¿qué hay que hacer? Invertirlo todo'.

¿Te lo habías imaginado alguna vez?

No. Siempre supe que quería hacer algo político, con impacto social. Tocaba la guitarra y cantaba y lo disfrutaba mucho, pero nunca me imaginé que el camino iba a ser este. Yo creo que Mocchi es un proyecto político que hace canciones, no al revés. Hay mucha gente que dice 'hablás un montón de política'. Porque lo que yo hago es política, por ahí no es política partidaria pero lo que yo hago es política, es encontrarnos, es vernos, es dialogar. Lo que hacemos es política con el equipo.

¿Cómo se llega a una comunidad que te sostenga y que se sostenga a sí misma a partir de un proyecto musical?

Creo que tiene que ver con las canciones, también con el perfil de la gente que sigue esas canciones y se emociona con esas canciones. Con la gente que va a los shows. También creo que pasaron un par de cosas que me hicieron dar cuenta cuál era el camino por el que quería ir, que era estar más cerca de la gente. Yo hacía canciones, en un momento cuando empecé a tener más visibilidad dije como 'no quiero sólo hacer canciones'. Tengo acceso a encontrarme con toda esta gente, por ahí mañana es tu cumpleaños y quiero ir a tu cumpleaños. Quiero conocer más a la gente que me escucha, seguro tenemos cosas en común. Después del primer Solís estábamos con un amigo, que en ese momento era parte del equipo, en mi casa en Punta Rubia y me dijo '¿cómo te sentís?'. Me sentía muy... vacío. Sentía que lo había dado todo en esos dos shows y tenía ganas de encontrarme con la gente. Me dijo '¿y por qué no le decís a la gente que venga?'. Pusimos en el grupo de Whatsapp che voy a estar en Punta Rubia, estoy medio pinchado, siento que fue un montón todo. Si quieren venir... La gente fue como "¿a tu casa?". Sí, a mi casa, tengo lugar para mucha gente, si quieren venir, compartir, charlar. Al otro día vinieron unos siete autos, se quedaron a dormir. Fue muy loco porque tocaba un cantautor independiente en La Paloma, y llamamos, dijimos 'queremos hacer una reserva'. '¿Para cuantos?'. 'Somos 34'. Le llenamos el show. Ese día fue como, 'che que bueno, yo cuento con la gente también'.

Siento que ese tipo de cosas que me hacen conectar más también terminan siendo parte de las canciones. El grupo de Whatsapp está en las canciones. Amichi es el grupo de Whatsapp. De hecho la gente me hace tener material para componer, me hace dar cuenta de que soy una persona más y no creérmela, porque siento que es muy fácil también caer en... no sé si en creértela, pero en llegar a algunos lugares. Tocar es una falopa para el ego muy grande, una droguita muy peligrosa. Estoy todo el tiempo yendo a lugares donde me dicen que soy espectacular, y me aplauden. Te empezás a alimentar de eso y es medio adictivo, en un momento tenés que decir 'esto no es así'. Bajar un poco de tierra y conectar más con la realidad. Creo que por eso existe el mundo Mocchi, la comunidad que rodea este proyecto. Porque estamos muy cerca y somos muy parecides.

El disco tiene una versión de Quién va a cantar con Ruben Rada, ¿cómo llegaste a ese encuentro y a esa versión?

Quién va a cantar es una canción que siempre nos atravesó. ¡Qué canción! Pero siempre pensé qué canción que suena divertida y que dice algo tan fuerte, movilizador, triste. También es una canción que no pierde vigencia. Yo lo conozco a Rada hace bastante, de cruzarnos el lugares. Ahora en los 300 años de Montevideo yo lo vi de lejos y no lo fui a saludar y me dijeron 'che Rada se quedó con ganas de saludarte'. Para mí es una institución. Me pasa con mucha gente con la que toco a veces que digo como 'no te quiero molestar, podemos compartir pero sos un montón'. Y en los 300 años de Montevideo, Piveta, la bajista de nuestra, me dijo 'fui a saludar a Rada le dije que era tu bajista y me dijo, ¡qué loco ese Mocchi!'. Pensé que nos tendríamos que juntar, la verdad que somos dos personas bastante locos. Le escribí a Lucila quiero invitar a tu viejo a hacer una versión de Quién va a cantar. Al toque me respondió se acaba de despertar de una siesta pero me dijo que sí, te lo llames. Justo él andaba medio mal de la garganta, hasta último momento pensamos que no iba a pintar, la grabamos igual, pero pensamos que quedaría para otro momento. Un día me despierto, yo estaba durmiendo de la siesta, y tenía siete llamadas perdidas del Negro, mensajes de Whatsapp y escucho el ultimo y decía "estoy acá en el estudio". Rada me mandó a los 25 minutos lo que había grabado y era espectacular. Espectacular, porque aparte siento que todo quedó como queríamos.

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Hay una sensación de traspaso generacional en la unión de dos voces en una canción como esta, el pasar un bastón cultural. ¿Lo sentís así?

Ojalá que estemos a la altura. Cuando pienso en personas como Rada, como Hugo Fattoruso, incluso personas más jóvenes como Samantha [Navarro], siempre digo 'ojalá que estemos a la altura', que lo que tengamos para decir movilice tanto como ellos nos movilizaron a nosotros. Mismo La Vela Puerca, cuando tocamos con ellos en un momento dije "pero, ¿por qué La Vela Puerca querría que nosotros abramos el show? ¿Pagarnos?" Estando ahí me dijeron "nuestros hijos te escuchan". ¡Qué flashero! Yo les contaba que en los 10 años de La Vela Puerca hice cosas hasta ilegales para poder pagar esa entrada y estar ahí, me detuvo la policía, todo un viaje; y de repente estar abriendo y compartiendo ese show porque era importante para ellos era una locura para mí. Esas canciones en ese momento, crisis 2001-2002, me salvaron la vida. Poder juntarme con amigues a saltar y agitar canciones de La Vela o escuchar a Rada y decir no estamos solos, ¿no? No estamos solos. Ni que hablar con Cabrera. A mi toda la vida me dijeron 'tu voz es rara'. Mi abuela: 'vos no podes cantar, mirá la voz que tenés'. Mi voz no es hegemónica y personas como Cabrera, que tiene una voz no hegemónica, me hicieron pensar que yo puedo cantar. Lo mismo Rada. Ojalá que haya gente que me esté leyendo y diga 'si este puede hacerlo, yo también'. Siempre digo que en mi caso, por las cosas de la vida, tuve acceso a medios de producción que también me fueron poniendo en el lugar en el que estoy, por eso si alguien necesita una guitarra, necesita grabar, necesita lo que sea, que cuente conmigo. Porque yo todo lo que tengo lo hice tocando, entonces lo menos que puedo hacer es devolver algo y no solamente con canciones. Devolver algo es eso: cuenten conmigo, cuenten con mi auto, cuenten con mi casa. Un poco de eso es este proyecto.

Estás prácticamente radicado en Argentina, ¿qué te pasa cuando volvés a cantar en Uruguay?

Me encanta y me emociona mucho porque siento que vivir de la música nunca fue un plan pero fueron pasando cosas y siento que acá –igual que en Argentina pero distinto porque yo soy de acá– se ve mucho que hubo tres o cuatro personas, no más, que dijeron "esto está bueno".

Ayer veía a Francesca Casariego, por ejemplo, una persona del público con la que hace 20 años que nos conocemos. Hace 20 años yo tenía 14 y estaba haciendo lo mismo que hago ahora. En un momento que ella me dijo, hace un par de shows, 'te quiero regalar mi libro'. Le dije '¿vos sabés que yo me acuerdo de vos, no? Nos conocemos hace 20 años'. 'Nunca pensé que te fueras a acordar de mí'. Le dije 'cómo no me voy a acordar de vos si éramos cuatro, obvio que me acuerdo de vos'. Acá me pasa eso también, que el público es como muy mi familia. Me escriben para juntarme a tomar mate, yo no se quien soy pero vamos, de una, juntémonos. En Argentina también me pasa, pero acá no lo puedo creer. Van a ir dos mil personas a ver un show que yo siento que estoy preparando hace 20 años.

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