Cómo China se preparó durante años para una crisis de petróleo mundial y cuál es su punto débil
Las turbulencias en el suministro energético global por la guerra en Medio Oriente ponen a prueba la apuesta china por las energías renovables y el almacenaje de crudo.
26 de marzo de 2026 9:49 hs
Getty Images
China lleva tiempo preparándose para un posible shock en el suministro de petróleo del Golfo, pero la interrupción de la estratégica ruta marítima que atraviesa el estrecho de Ormuz provocada por la guerra con Irán está poniendo a prueba esa resistencia.
Los envíos de crudo y gas desde Medio Oriente se han detenido después de que Irán amenazara con responder a los ataques de Estados Unidos e Israel con sus propios ataques a los buques que atraviesen el estrecho.
El bloqueo ha provocado una escasez mundial de petróleo que golpea con fuerza a los países asiáticos dependientes de las rutas del Golfo: Filipinas ha impuesto semanas laborales de cuatro días para ahorrar combustible, mientras que Indonesia busca cómo evitar agotar unas reservas que solo durarían unas semanas.
China, el mayor importador de petróleo del mundo, también siente la presión.
Pero el país parte de una posición más sólida que la de sus vecinos, tras años de diplomacia y planificación estratégica orientadas a prepararse para una crisis energética global.
Un examen para la red energética china
La economía mundial ha entrado en una fase de turbulencias desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán a finales de febrero.
Desde entonces, los precios del petróleo han llegado en algunos momentos a rozar los US$120 por barril, impulsados por los ataques contra buques y contra infraestructura energética, así como por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, la ruta marítima más transitada del mundo para el transporte de crudo.
Por ese estrecho pasa alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, unos 20 millones de barriles diarios, según estimaciones de la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés).
La escasez ha obligado a los países a buscar proveedores alternativos fuera del golfo Pérsico, mientras que otros han empezado a recurrir a sus propias reservas estratégicas.
China, el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo después de Estados Unidos, utiliza entre 15 y 16 millones de barriles diarios, según varios analistas del mercado consultados por la BBC. La mayor parte se destina a su vasto sistema de transporte: automóviles, camiones y aviones. Y gran parte de ese suministro procede del exterior.
Los países del Golfo son una fuente clave del crudo que llega a China. Arabia Saudita e Irán representan cada uno más del 10% de sus importaciones, según datos de la EIA.
La mayoría de la electricidad de China se produce con carbón.
La mayor parte del crudo que China importa procede de Irán y de Medio Oriente a través del mar de China Meridional, y se utiliza como combustible para sostener la actividad de las fábricas y el transporte, sobre todo en la mitad sur del país.
El norte, en cambio, depende principalmente del petróleo producido en los grandes yacimientos dentro del territorio chino, además de las importaciones por oleoducto desde Rusia, que no se han visto afectadas por la guerra en Oriente Medio.
Mientras muchos países asiáticos han dependido en gran medida del petróleo de los países del Golfo, el crudo ruso representa casi una quinta parte de las importaciones energéticas de China. Esto convierte a Moscú, con diferencia, en el mayor proveedor de petróleo de Pekín, pese a las sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa.
El carbón sigue siendo la principal fuente de generación eléctrica en China y abunda en el país. China es el mayor productor de carbón del mundo y concentra más de la mitad de la producción global.
El petróleo y el gas, por su parte, representan poco más de una cuarta parte del conjunto de la matriz energética china, según estimaciones publicadas en medios estatales, lo que hace que el país dependa menos de estos recursos que Europa o Estados Unidos.
Preparados para los tiempos difíciles
Pekín lleva años aprovechando los precios más bajos del crudo y la abundancia de suministro procedente de los estados del Golfo para construir una de las mayores reservas de petróleo del mundo, explica Ole Hansen, jefe de estrategia de materias primas de Saxo Bank.
Solo entre enero y febrero de este año, China compró un 16% más de crudo que en el mismo periodo del año anterior, según su administración de aduanas.
Irán, cuyo petróleo está sancionado por Estados Unidos, se ha convertido en un proveedor clave de crudo barato para China. Diversos informes apuntan a que Pekín compra más del 80% de las exportaciones petroleras iraníes.
Los datos de seguimiento de buques recopilados desde el inicio de la guerra con Irán indican que parte de ese petróleo sigue llegando a China, aunque los analistas discrepan sobre el tamaño exacto de las reservas petroleras chinas.
Según el grupo de análisis comercial Kpler, más de 46 millones de barriles de crudo iraní, que cubrirían la necesidad de varios días de energía, se encuentran actualmente almacenados en petroleros apostados en el mar de China Meridional.
Se estima que China tiene alrededor de tres cuartas partes de las reservas mundiales de crudo.
Hansen afirma que las estimaciones indican que China ha acumulado reservas de unos 900 millones de barriles, el equivalente a algo menos de tres meses de importaciones. Cifras de la Universidad de Columbia citadas por medios estatales chinos elevan las reservas de petróleo del país a unos 1.400 millones de barriles.
Tampoco está claro cuánta energía importada consume China de inmediato cada día y cuánta desvía hacia sus reservas estratégicas, señala Hansen. Aun así, el volumen total constituye "un colchón sustancial" en momentos de disrupción.
Pese a contar con reservas importantes, Pekín ha mostrado señales de cautela para gestionar su suministro en el corto plazo.
Según informaciones de prensa, las autoridades habrían ordenado a las refinerías chinas suspender las exportaciones de combustible por el momento, en un intento de contener los precios internos. El gobierno chino no respondió a las consultas enviadas por la BBC sobre este asunto.
La búsqueda china de la autosuficiencia
China se ha convertido en un líder mundial en la producción de energía verde, con un despliegue acelerado de parques eólicos y solares en todo el país.
Según la Oficina Nacional de Estadísticas, las energías eólica, nuclear, solar e hidroeléctrica generaron en 2025 más de un tercio de la electricidad del país.
Desde entonces, China ha ampliado su red de energías renovables de forma considerable, y las estimaciones indican que más de la mitad de su capacidad instalada ya procede de fuentes limpias.
Como resultado de este impulso renovable, el crudo representó solo alrededor de una quinta parte del consumo energético total del país en 2024.
Y la demanda de petróleo difícilmente volverá a aumentar, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
El investigador en economía energética Roger Fouquet señala que la "ambiciosa" transición de China hacia las energías renovables no responde únicamente a motivaciones medioambientales, sino que también ha contribuido a proteger su economía frente a riesgos globales como los que se observan con el conflicto en Irán.
"En cierta medida, China tiene la fortuna de haber iniciado sus inversiones en energías renovables hace 25 años, y ahora está recogiendo los frutos", afirma.
Los vehículos eléctricos (VE), al menos un tercio de los automóviles nuevos vendidos en el país, también han reducido la dependencia del petróleo, apunta Roc Shi, de la Universidad de Tecnología de Sídney.
"Significa que un propietario de un vehículo eléctrico en Pekín simplemente no siente el impacto en el surtidor cuando aumenta la tensión en Oriente Medio", explica. "Sus costes de movilidad no están vinculados a los mercados internacionales del petróleo".
Eso no significa que la economía china sea inmune a la disrupción en el suministro de petróleo.
Para los conductores de vehículos eléctricos, los precios de carga pueden aumentar durante una crisis energética si suben los precios del combustible.
La semana pasada, los precios de la gasolina y el diésel subieron 695 yuanes (unos US$100) y 670 yuanes (unos US$97) por tonelada, respectivamente, según informó el China Daily, que citó un reporte oficial.
En el caso de las fábricas chinas, el encarecimiento del petróleo también incrementa los costes de la enorme industria petroquímica del país, responsable de la producción de plásticos, fertilizantes y otros productos químicos.
Como el mayor importador de energía del mundo, China pagará ahora un precio más alto por cada barril debido a la guerra, afirma Shi. Pero no tendrá más opción que asumir ese coste adicional.
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