Poco antes de dejar su cargo como directora general de la Salud, para convertirse en la primera catedrática mujer en Ginecología, Fernanda Nozar había dicho a El Observador: en el sistema sanitario uruguayo hay una “competencia que en determinadas circunstancias es desleal”.
Dentro de esa deslealtad hizo especial énfasis en los seguros privados de salud. No solo por la concentración de recursos sino por los “filtros” con que, a diferencia del resto del Sistema Integrado, eligen a quiénes aceptan como usuarios y a quiénes no. O bien por cuánto le devuelven al Estado de la inversión que las arcas públicas hacen en esas instituciones.
El Observador había adelantado que eso se quería materializar en un proyecto de ley después de la discusión de los servicios VIP en las mutualistas. Y ahora ese texto llegó con un solo artículo que exige dos cosas:
- “Los seguros integrales verterán al Fondo Nacional de Salud el 18 % de los ingresos recibidos del propio Fonasa por concepto de gastos administrativos, de gestión y promoción, en las condiciones que determine la reglamentación”. Eso supone una triplicación en puntos porcentuales a lo que rige con la normativa vigente.
- “Los Seguros deberán aplicar los mismos criterios de admisión de sus usuarios que los utilizados por los prestadores del Sistema Nacional Integrado de Salud". Ya no vale aquello de cancelar la inscripción de pacientes oncológicos, fijar límites de edad.
El proyecto lleva la firma de la bancada de Diputados del Frente Amplio, aunque la discusión no tiene una división político-partidaria expresa.
El propio presidente de la comisión de Salud, el exsubsecretario del MSP José Luis Satdjian (Partido Nacional), explicó a El Observador que no es contrario al espíritu de la iniciativa, pero que, en una rápida lectura, le ve debilidades.
“Hay un problema de base cuando se crea el Sistema Nacional Integrados de Salud en que se permiten determinadas cosas y eso luego es más difícil corregir en la marcha, y, en esa línea los seguros privados tienen libre contratación por lo que, en la práctica, es difícil que no se esquive el derecho de admisión”.
¿A qué refiere? Si el proyecto de ley prospera tal cual está redactado, un seguro privado puede decir que acepta a un paciente con antecedentes oncológicos que antes no aceptaba, o a un adulto mayor, pero le fija el precio de la “cuota” que quiere por esa condición preexistente.
El doctor Gustavo Mieres, quien se ha dedicado a estudiar el sistema sanitario, lo resume así: “El pecado inicial fue haber habilitado a que los seguros privados puedan captar a usuarios de Fonasa usando reglas distintas al resto de prestadores que integran el Sistema”.
Eso se ve en cómo es más rejuvenecida la población de los seguros, en buena medida por ese derecho de admisión:
El Sistema Integrado está por cumplir 20 años. Toda una generación se ha criado pensando que la salud en Uruguay siempre fue así. Pero como todo cambio estructural, en que a veces puede haber alguna concesión para que el proyecto salga a la luz o algún error de diseño que en ese momento no se pensó, las autoridades políticas del oficialismo entienden que es momento de hacer la revisión.
La Junta Nacional de Salud no es esquiva al tema y hace tiempo vienen discutiendo el asunto. Fuentes del organismo explicaron que el proyecto de ley en cuestión instala la discusión, pero luego en el debate parlamentario tiene que mejorarse. Incluso no descartan que se pongan topes a la libre contratación, algún tipo de restricción para realmente se cumpla con el espíritu que pretende la modificación normativa.
Los seguros privados de salud son la mínima parte de los afiliados a prestadores: con 127.131 (89.724 de los cuales tienen Fonasa) representan un 3%. Pero, a diferencia de otros prestadores, no han caído a lo largo del tiempo e incluso han aumentado en algunos momentos. Eso con los datos más actualizados de marzo 2026.
Quienes tienen que dirimir esto son los representantes de la población, los legisladores. Pero que un legislador represente no significa que la integración del Parlamento sea una copia en miniatura de las características de la población uruguaya. No solo porque hay (muchos) más varones que mujeres o porque es más alto el nivel educativo alcanzado que la media, sino porque según el último conteo que había hecho El Observador, el 12% se atiende en un seguro privado.