En Estados Unidos, un socio de alguna importante firma de capital de riesgo ve unas mil presentaciones de emprendimientos al año, pero invierte en no más de dos o tres.
El español Alejandro Cremades, radicado en Nueva York, llevaba adelante una prometedora carrera en el mundo de las leyes cuando se dio cuenta de que lo que quería, o su “misión en el mundo” –como dice durante la entrevista telefónica– era ayudar a los emprendedores a convertirse en uno de esos dos o tres elegidos.
Su carrera era prometedora porque, entre otras cosas, tenía 26 años cuando trabajaba como abogado en King & Spalding y estuvo involucrado en un caso de arbitraje por US$ 113.000 millones, uno de los mayores de la historia.
Pero ocho años después de aquel hito, con 34 años y un camino en el mundo emprendedor marcado por la creación de empresas, la venta de una de ellas, la publicación de un libro y de cientos artículos en Forbes, estará en Uruguay este miércoles para hablar en Xcala Summit sobre todos los entretelones del levantamiento de capital: un “viaje” del que se suele mostrar el titular de éxito pero que, afirma, no es nada sereno, sino de puros altibajos.
¿Qué le atrajo tanto del mundo emprendedor?
Tenía un amigo que invertía en startups y me dijo de ir a un evento de emprendedores. Ahí me empecé a relacionar con ellos y comencé a preguntarme cuál era mi propósito, para qué estoy yo en este mundo y cuál es mi misión. No era la de empujar papeles detrás del escritorio. Me di cuenta de que para mí era crear un mejor mañana y vi la forma de canalizarlo a través de emprendedores. Vi que había muchos con dificultad de tener acceso a financiación; muchos no tenían dinero para ejecutar y creé una plataforma para conectar startups con inversores. Fue una de las primeras plataformas a nivel mundial de equity crowdfunding. Notamos que la visión tenía que ser más grande que el financiamiento y levantamos capital de 14 venture capitals para enfocarnos en crear todo el ecosistema, no solo todo lo que le da apoyo en el viaje al emprendedor: crear, financiar, escalar, educarse. El tema de la financiación acabó convirtiéndose en un 5% de la operación de este monstruo que construimos. Lo acabamos vendiendo a una empresa californiana hace casi dos años.
¿Qué lo llevó a escribir el libro “The Art of fundraising”?
Tenía acceso a bastante data de cientos de miles de emprendedores y me di cuenta que al final sufren porque no tienen suficiente educación sobre cómo hacerlo. Cuento desde el lado emprendedor cómo se levanta capital y cuáles son los aspectos sicológicos y estratégicos, porque todos los libros eran escritos para inversores a quienes al final les da igual: si tienen que quitarte la inversión porque la empresa no funciona, te la quitan.
¿Cuál es el mayor problema de los emprendedores a la hora de enfrentarse a un inversor?
El sicológico. Levantar capital para un emprendedor es súper emocional, es como una montaña rusa. Por la mañana pensás que estás conquistando el mundo y a la noche, que el mundo se está cayendo en pedazos. Es que el emprendedor está luchando la supervivencia, necesita ese dinero para seguir ejecutando, para seguir creciendo porque en lugares como Silicon Valley te piden crecimiento. Es necesario invertir en esa ejecución y crecer rápido. La sicología es súper importante, así como entender la dinámica y el proceso. Los emprendedores se lanzan sin tener esto en mente y al final acaban fracasando. Los que acaban siendo los mejores son los que consiguen dominar esa estrategia, esa forma de contar la historia, de posicionar tu empresa, el storytelling también lo es todo en fundraising, son las bases para conseguir dinero.
Lo sicológico ¿tiene que ver con dominar la estrategia o va más allá?
Lo que hay que entender bien es lo que el inversor busca. El inversor siempre mira todo con mentalidad de ‘¿por qué no voy a invertir en esto? y cualquier razón va a ser una forma de decir ‘siguiente’. Los emprendedores se lo ponen muy fácil a los inversores. Que tengan un producto fantástico y un equipo espectacular no alcanza. Si no sabes posicionar las cosas, cómo entablar esa dinámica y engagement y conversación con el inversor es imposible.
¿Cuál es la dinámica que hay que entender?
La mejor forma de prepararse es entender lo que es tu empresa pero de una foto a treinta mil pies. No meterse en los detalles porque al final aburres a las personas que tienes adelante. El problema que tiene el emprendedor es que cuando le preguntas cómo le va, te cuentan al detalle. El emprendimiento es tu bebé y es donde estás metiendo sudor y lágrimas, pero tiene que saber que tiene que ayudar al inversor a entender rápidamente, en uno o dos minutos, y dejarle espacio a que haga las preguntas. Cuantas más preguntas se haga el inversor, más preocupaciones vas a poder resolver, porque lo que te separa como emprendedor del dinero son las preocupaciones que hay entre medio. La gran responsabilidad del emprendedor es contar rápidamente lo que está haciendo y pasarle la batuta al inversor para que empiece a compartir las preocupaciones. Muchos emprendedores piensan “me está criticando la empresa” pero no es el caso. El emprendedor tiene que escuchar, ver qué preguntas le están haciendo, cuáles son las constantes. El emprendedor no solo tiene que posicionarse bien en términos de storytelling, sino que también tiene que convertirse en un máster de la escucha.
¿Cómo se logra que el inversor comparta las preocupaciones?
Es como cuando te ponen el tráiler de una película, que es lo que va a hacer que te pongas a verla o no. Acá lo que hay que hacer es ponerle el tráiler y luego le vas contando la película a medida que el inversor te va haciendo las preguntas de esas partes de la película.
"El emprendedor no solo tiene que posicionarse en términos de storytelling, sino que también tiene que convertirse en un máster de la escucha”
¿Qué importancia tiene la historia personal del emprendedor?
Al inversor le interesa mucho saber por qué estás haciendo lo que estás haciendo. Normalmente en los emprendedores hay una gran frustración que les ha llevado a intentar llevar esa solución al mercado.
Los inversores en muchas ocasiones le van a preguntar al emprendedor, o el emprendedor tiene que contarlo. Una de las presentaciones más potentes que he podido escuchar fue la de una chica que estaba ejecutando una empresa que conectaba sicólogos con gente con inestabilidad psicológica. Contó el problema que su hermana tenía e hizo finalmente que todas las personas presentes se emocionaran. Era una competencia y ganó. El emprendedor tiene que conseguir emocionar, ilusionar. Porque al final, la gente no invierte en tu presente o en tu pasado. La gente está invirtiendo en tu futuro.
¿Cuál es la principal diferencia entre el ecosistema emprendedor e inversor estadounidense y el latinoamericano?
En América Latina el inversor tiene una mentalidad distinta. En Estados Unidos es mucho sobre crecimiento, mucho sobre entender también que los marketplaces no pueden generar ingresos del día uno porque si estás muy enfocado en eso estás cargándote el crecimiento. En Latinoamérica lo que uno se encuentra es que la gente no ha tenido este tipo de experiencias con este tipo de plataformas y buscan revenue. Eso al final imposibilita que se creen marketplaces potentes. Pero la mentalidad está cambiando. Ves empresas como Softbank invirtiendo. Y hay inversores americanos. Creo que al final se va a contagiar la cultura también. Pero creo que esa ha sido la gran diferencia vista entre Estados Unidos y América Latina. En EEUU apostamos al futuro y crecimiento con un modelo interesante y validado mientras que en América Latina es cómo estas haciendo dinero.
Muchos emprendedores se terminan yendo de su país para crecer a otra escala
Eso es un problema para el país, porque al final no hay músculo financiero, no hay acceso a talento. Si estás creando una empresa potente y te venís a Estados Unidos a buscar financiación y escalar, cuando llegue el momento de la venta la empresa y talento se quedan afuera también, y el ecosistema no se genera. Lo que querés es que la empresa pueda escalar, crecer en el país y que si alguien la compra, que el dinero se quede en otras startups del ecosistema; entonces al final creas la rueda.