Opinión > ANÁLISIS / NELSON FERNÁNDEZ

¿Las fotos de los blancos precisan photoshop?

Demasiados para un mismo trompo e imágenes con sonrisas no sentidas

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21 de julio de 2018 a las 05:00

Una pregunta sobrevuela la interna blanca: ¿el clima de unidad es una foto real o es una imagen retocada con photoshop? Pese a que se afirme que todo está bien en el Partido Nacional, la interrogante se fundamenta en un largo collar de desencuentros, enemistades, divorcios traumáticos y enfrentamientos con acusaciones severas, que en la historia fueron aprovechadas por sus adversarios de turno.

Es entendible que los blancos sientan que es injusta la insistencia sobre sus líos, porque la confrontación ha sido visible en todos los partidos, y aunque los colorados se golpean el pecho como un partido pragmático que cuidó sus equilibrios, también ha tenido quiebres dolorosos.

Ni que hablar de la izquierda, que permaneció dividida durante décadas lo que les dejaba fuera de la batalla electoral. Y que incluso esta semana, dos de los tres principales líderes del Frente Amplio cruzaron críticas e ironías muy duras, sobre conceptos de deslealtad y ética política. No es fácil imaginar cómo puede ser una próxima reunión entre Astori y Mujica luego de los recientes episodios.

Pero el fantasma de posibles choques entre blancos está presente y se remonta a sus primeros tiempos de vida cívica, durante el gobierno de Bernardo Berro, entre corrientes identificadas como "amapolas" (nucleados en el Club Liberal, y partidarios de los caudillos) y "vicentinos" (presentados como "principistas").

Más adelante, la fundación del Partido Nacional del 27 de marzo de 1887 tuvo paz corta, porque la Convención de mayo terminó con dos Directorios enfrentados, uno presidido por José de Herrera y otro, por Julio Carlos Pereira. Con riesgo de simplificar, se puede ver ahí el surgimiento de dos corrientes que se prolongan hasta ahora, una "herrerista" y de corte liberal, y otra opuesta al herrerismo y de pensamiento "dirigista".

El hijo de aquel fundador nacionalista fue Luis Alberto de Herrera, quien sería el caudillo de una de las dos corrientes, hasta su muerte en 1959. Esa línea seguiría con liderazgos interinos que no tuvieron fuerza, para renacer con Luis Alberto Lacalle, y seguida desde 2014 por Luis Lacalle Pou.

La otra línea blanca derivó en el Partido Nacional Independiente fundado por Arturo Lussich y Martín C. Martínez, que votó fuera del lema, y que tras la reunificación partidaria derivó en la "UBD", posteriormente el "wilsonismo" (Por la Patria y Movimiento Nacional de Rocha) y tras la muerte de Ferreira Aldunate, con "Alianza Nacional" liderada por Jorge Larrañaga.

El miércoles 18, la presidenta del partido convocó a una reunión con representantes de las corrientes que supuestamente competirán en junio.

Lacalle Pou, el favorito, precisa que el partido se mantenga unido sin grandes novedades. Una candidatura única le permitiría concentrar energías en octubre sin distraerse en junio, pero eso no depende de él. Es el heredero de la línea herrerista, pero no es un herrerista puro, y en "Todos" suma otras visiones del partido (ya lo había hecho su padre en 1989 al aliarse a un "Aguirre Ramírez" y en 2009 con la creación de "Una").

Larrañaga es el caudillo del ala wilsonista pero sufre disidencias de varios intendentes y otros dirigentes. Cuando lo creían superado, se reinventó con una campaña de plebiscito por el tema que más preocupa a la gente y logró recuperar la imagen de polarización Herrerismo-Wilsonismo.

La senadora Verónica Alonso estuvo en ambas corrientes y ahora explora su camino, con la ventaja de imagen reconocida y como única mujer blanca en la primera línea.

Los intendentes del interior están convencidos de que el poder que sienten en sus pueblos, es trasladable a nivel nacional, pero tendrán problemas cuando haya que hacer listas y ver que varios deben remar para que uno de ellos intente llegar al Senado.

A la reunión del miércoles también fueron el dirigente Carlos Iafigliola y Juan Andrés Ramírez (hijo); el primero dice que se postulará y el segundo ya ha expresado inclinación a apoyar a Larrañaga para que Lacalle Pou no gane.

Incluir a precandidaturas simbólicas puede ser una muestra de respeto a todos, y también para "abrazar" a posibles focos complicados. En el Frente Amplio saben que tirar de la lengua de Ramírez (h) que ya ha dicho que hay "que fumigar" a algunos blancos, da rédito político. Aunque traten de "sujetarlo", saben que es foco de riesgo; y aunque no tenga peso político, saben que igual puede generar algún daño.

Además, "respetar" a candidaturas testimoniales también puede leerse como "no respetar" al caudillo que está siendo desafiado. Larrañaga no es un par de los tres desconocidos que salieron en la foto.

Los datos de opinión pública dan a los blancos una alta chance de llegar al gobierno, por lo que el clima de entusiasmo puede amortiguar posibles choques internos, pero hay varias batallas en una: la candidatura presidencial, el armado de listas al Senado, el liderazgo de una de las dos corrientes blancas, y la configuración de candidatos a intendencias.

Ese entrevero puede potenciar el ruido político, porque la corriente que se divide genera desilusiones y rencores que no se superarán fácilmente.

En los últimos años no se dieron choques como aquellos que comprometían la unidad blanca, pero sí algunos desencuentros que redujeron sus chances. Y la competencia se repitió entre un Lacalle y expresiones de PNI-UBD-wilsonismo.

En 1999, Lacalle Herrera ganó con 48% contra un abanico de postulaciones: Juan A. Ramírez (32%), Volonté (11%), Álvaro Ramos (8%) y Alem García (0,7%).

En 2004, Larrañaga ganó a Lacalle por 66% a 33,5% (Cristina Maeso tuvo 0,4%).

En 2009 fue al revés: Lacalle (57%) venció a Larrañaga (43%), mientras Irineu Riet tuvo 0,1%.

Y en 2014, Lacalle Pou (54,4%) le ganó a Larrañaga (45,5%), mientras los testimoniales fueron Alfredo Oliú (0,08%) y Álvaro Germano (0,02%).

Con polarización, la competencia es más pareja; con fragmentación, el interés se diluye.

Hacia 2014 asoma un esquema como el de 1999 con una corriente mayoritaria y una fragmentación de la minoría, más algún testimonial, pero falta mucho tiempo para ver si hay acuerdos que reagrupen sectores. Las encuestas serán claves para saber quién sigue hasta el final, y quien negocia: a fin de abril, tras la Semana de Turismo, podrá verse el panorama despejado.

La ventana de tiempo que va desde ahora hasta esa fecha, es un escenario de posibles riesgos en la unidad nacionalista.

Las fotos del 18 de julio dan sonrisas cuando en la reunión no fue tanto así. Alguna molestia con Alonso porque capitalizó el encuentro para formalizar su postulación, e incomodidades por compartir escenario entre solistas y coristas. De los intendentes, no vino ni el que está dispuesto a ser presidente, ni el que quiere ser senador y líder, ni el ideólogo de programa; mandaron a un candidato a diputado.

Es útil el ejemplo de una mediática argentina, adicta al photoshop, que se molesta porque le toman fotos al natural y eso muestra su celulitis. Hay dos opciones: cuidar al extremo su piel, o depender del retoque de imagen.

Los blancos vivirán con la tensión de cuidar internamente sus diferencias, evitando que los paparazzis logren imágenes de choques que retroalimenten las diferencias. Porque mantener unidad no solamente importa para ganar, sino que es fundamental para gobernar.

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